Opinión

La refundación del PRI

Hablar de una continuación con las mismas prácticas, pero bajo caras nuevas sería desastrosa para el país | Rodolfo Aceves

  • 03/06/2018
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Como en todas las organizaciones humanas, los ciclos corresponden a etapas de nacimiento, impulso, auge, decaída y fin de los periodos en la vida de las instituciones.

Partido Nacional Revolucionario

Así en marzo de 1929 nació el Partido Nacional Revolucionario (PNR) cuyas condiciones políticas, económicas y sociales, produjeron que sobre la figura de Plutarco Elías Calles se aglutinaran una gran cantidad de partidos, asociaciones políticas y liderazgos locales en el México de finales de la década de los años veinte del siglo pasado, para comenzar a engendrar la etapa de las instituciones del país.

Era la etapa entre guerras mundiales, en la que podría decirse que la economía mexicana se encontraba mejor que la norteamericana, en virtud de la crisis económica de 1929 en ese país, mientras que México se reconfiguraba y pasaba de las guerras internas al periodo de impulso.

Partido de la Revolución Mexicana

Sin embargo, muy pronto se agotó el modelo que había diseñado Elías Calles para PNR. Habiendo concluido su ciclo útil para la clase política, en 1938 pasaría a ser Partido de la Revolución Mexicana (PRM) del presidente Lázaro Cárdenas, en que por primera vez convivieron el socialismo de la política cardenista con los principios revolucionarios y algunos postulados liberales del PRM.

Esta etapa del PRM duró solo ocho años, es decir, un año antes y un año después de la segunda guerra mundial, tiempo en el que paradójicamente los Estados Unidos requerían de mano de obra para las actividades agrícolas que dieran el sustento al pueblo norteamericano que se encontraba peleando en los diferentes frentes de la economía de guerra.

Lucha por el poder

Sin embargo, aunque una de las causas que dieron por terminado al PRM fue el modelo socialista de políticas públicas cardenistas, que a la larga trajo consigo nuevas instituciones y programas de corte social que todavía subsisten, la nueva reconfiguración política del país, que incluyó una visión geopolítica en la que predominaba la visión e ideología de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, fue uno de los principales motivos para dar por concluido los servicios del PRM al país.

Por otra parte el cambio generacional exigía sus propias cuotas de poder, ya que ahora los hijos de la revolución, es decir, los nacidos con entre 1900 y 1910 reclamaban los espacios a los protagonistas de la revolución que ejercieron el poder después de la promulgación de la Constitución de 1917 y hasta entrada la década de los años cuarenta.

Este cambio generacional, la lucha por el poder y la conformación de un nuevo orden mundial de la posguerra, fue la razón del nacimiento del Partido Revolucionario Institucional (PRI), vigente has nuestros días, con todas sus vicisitudes.

Partido Revolucionario Institucional

En este sistema político han nacido las instituciones, los protagonistas, las ideologías, las virtudes y las mejores mujeres y hombres que le han legado su talento al país.

Llega el momento en que todo este legado de Estado encuentra el tiempo de su juicio en el banquillo, ante todas las banalidades y perversidades que se han cometido en el nombre de la democracia: corrupción, impunidad, falta de democracia al interior de partidos políticos, inseguridad, violación al estado de derecho y quién sabe cuántos más.

Hablar de una continuación con las mismas prácticas, pero bajo caras nuevas sería desastrosa para el país y quizá sea desde las propias entrañas de ese sistema, el momento para pensar en su propia refundación, en el que la política desplace a la tecnopolítica o a la tecnocracia de cuyas formas han ofendido o agraviado a la militancia y ciudadanía y cuyos desdenes, abusos y tropelías no le han favorecido a un partido que ha envejecido por sus prácticas.

Mientras tanto, este PRI ha sido el periodo más largo del partido institucionalizado y mimetizado entre las instituciones y el corporativismo político. Quizá su refundación sea obligatoria y necesaria para la subsistencia del sistema político y del sistema de partidos en México, pero lejos de intereses y viejas prácticas que lo han debilitado hasta el fin de su ciclo.

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