Opinión

La probabilidad juega en contra nuestra

La afición del juego parece ser tan antigua como la historia humana.

  • 07/03/2015
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La ciudad de Las Vegas, mundialmente famosa, es la capital del juego en Estados Unidos –y tal vez del mundo entero–. Atrae a más de 39 millones de visitantes cada año, algo así como 107 mil turistas diarios.

 

Quienes van por primera vez, quedan hipnotizados por el esplendor de los lujosos hoteles y casinos, como el Grand Hotel MGM que ofrece lo más moderno en materia de ruletas y juegos de naipes anunciándose como el hotel de diversiones más grande del mundo.

 

Cuenta con suites que cuestan de 400 a 800 dólares por noche, y en su piso 26 cuenta con un casino privado reservado para jugadores dispuestos a perder sumas millonarias en cada apuesta.

 

La ruleta, el ‘blackjack’ y 1000 máquinas automáticas se encargan de mantener entretenido al jugador promedio en el casino principal de la planta baja.

 

Por desgracia, cada vez es más fácil para los amantes de los juegos de azar encontrar sitios para apostar su dinero sin necesidad de viajar a las Vegas.

 

Para algunos, el juego de azar se reduce a arriesgar ocasionalmente un poco de dinero. Para el jugador compulsivo, en cambio, la vida entera se convierte en una sucesión casi ininterrumpida de apuestas, solicitudes de préstamos a intereses usurarios, cheques sin fondos, estafas y fraudes… situaciones que pueden orillar en casos extremos al suicidio.

 

Según cálculos recientes, se estima que en Estados Unidos, el número de jugadores compulsivos rebasa la cifra de los 15 millones, asimismo, hay casi 10 millones que, de una u otra forma, se ven afectados por las acciones de los jugadores compulsivos.

 

La magnitud del problema es tan fuerte que desde mediados del siglo pasado (13 de septiembre de 1957) se estableció en Estados Unidos el grupo de Gamblers Anonymous (Jugadores Anónimos) para ayudar a las víctimas de este vicio, quienes comparten desgarradoras historias de vidas destrozadas, hogares desechos, enormes deudas y otras calamidades.

 

Los juegos de azar a través de la historia

 

Los “juegos de azar” han existido en todas las culturas. Hoy en día, en el mundo entero. Hay millones de adictos que sueñan con la fantasía de que alguna vez la suerte ha de favorecerlos… pero casi todos terminan sus días sin ver el sueño realizado.

 

La afición del juego parece ser tan antigua como la historia humana. En las tumbas de los desiertos egipcios y en las ruinas cubiertas de arena de Babilonia, se han encontrado dados muy similares a los que se usan hoy. Y arqueólogos han hallado testimonios que acreditan la existencia de juegos de azar entre los antiguos chinos, escandinavos, griegos, romanos y galos.

 

En las célebres ruinas de Pompeya, incluso se han encontrado dados cargados, corroborando el viejo adagio de que: “No hay nada nuevo bajo el sol”.

 

Actualmente, los juegos de azar, sumamente extendidos en las antiguas civilizaciones, sigue floreciendo en nuestra sociedad, y cada día son más la naciones que conceden licencias a casinos para operar, un negocio que percibe anualmente varios millones de dólares procedentes del juego.

 

En 2011 en México la industria del juego de azar generó ganancias por 589 millones de dólares; en 2010 en Canadá, las ganancias se calculaban en 125 mil millones de dólares; en Gran Bretaña un tercio de los ingresos por impuestos a Casinos generan poco más de 800 millones de dólares anuales.

 

Perdiendo el control por los juegos de azar

 

El Dr. Edmund Bergler en su libro Sicología del juego, enumera seis puntos que indican cuando un individuo ha perdido su autocontrol con respecto al juego:

 

  1. El juego es una experiencia típica, crónica y redundante en su vida.
  2. El juego, como una esponja, absorbe todos sus otros intereses.
  3. El jugador es patológicamente optimista en cuanto a su esperanza de ganar y, cuando pierde, nunca aprende la lección.
  4. El jugador no puede para de apostar cuando está ganando.
  5. Aunque al inicio de sus apuestas demuestre gran cautela, el jugador compulsivo acabará por arriesgar más de lo que puede pagar.
  6. El jugador persigue una excitación enigmática que no puede ser lógicamente explicada, ya que está compuesta tanto de placer como de dolor.

 

Durante siglos, los ricos han jugado en lujosos casinos, y los pobres apuestan en juegos de números que compran en tiendas expendedoras de la esquina, apuestan dinero jugando a las cartas con “amigos”, o frecuentan las carreras de caballos. En general, la escena no ha variado mucho con el transcurso del tiempo, pero ahora se han añadido millones de jóvenes que se dejan llevar por la epidemia de los juegos de azar en el mundo entero.

 

Las razones que explican la afición al juego son en extremo complejas, y no parece haber una causa única. La diversión y excitación que el juego produce, el deseo de estar ‘en sintonía’ con los demás, son algunas de las explicaciones que se ofrecen.

 

Pero hay otro factor importantísimo que gravita con fuerza en el horizonte del jugador, como bien lo ha expresado un alto directivo de un casino de Las Vegas: “Estamos vendiendo sueños… riqueza inmediata”. Y, aunque la ley de probabilidades le asegura al apostador que perderá a la larga, su capacidad para castigarse parece ser ilimitada. El sueño de ‘ganar el premio mayor el día de mañana’ es el incentivo que le impulsa a continuar arriesgando su dinero.

 

Poniendo el juego en perspectiva

 

Bien es cierto que no todo el que bebe es un alcohólico, ni todo el que juega es un jugador compulsivo. Pero el número de los que advierten que, en materia de apuestas, ya han perdido todo control sobre sí mismos va en aumento cada año.

 

Los propugnadores de la legalización aducen que la gente de todas formas va a jugar ilícitamente, sin que existan maneras de impedirlo. Otros piensan, por el contrario, que el juego es como un parásito para la moral pública. Y, a medida que aumenta la necesidad de recaudar más impuestos, aumenta también la presión para que diversas formas de juego sean legalizadas. Ahora la sociedad no está solamente aprobando el juego, sino también fomentándolo. Con la publicidad, hay una tendencia a glorificar la riqueza y la felicidad instantáneas.

 

La realidad es que el vicio del juego ha originado hogares rotos, afición a la bebida, robos e incluso asesinatos, si revestimos al juego de azar con el manto de la legalidad, es seguro que esta epidemia se extenderá muchísimo más, esclavizando a millones de personas.

 

Que el azar no forme parte de nuestra vida

 

La opinión de cualquier persona promedio seguramente será que no es posible conseguir algo a cambio de nada. Abundan los libros escritos por hombres de éxito quienes insisten en la necesidad de trabajar, esforzarse y sacrificarse para alcanzar metas, porque el único lugar donde aparece “Éxito” antes que “Trabajo” es el diccionario, fuera de ahí, para alcanzar el éxito es necesario el trabajo arduo, el esfuerzo meticuloso y un carácter férreo.

 

Los juegos de azar juegan en nuestra contra, debemos estar conscientes que el apostar dinero es igual que el poner nuestra tranquilidad en manos de hampones.

 

Las leyes de nuestro país cada día son más permisibles ante la apertura de centros de juego, una clara muestra de que los dados están cargados, y que el único ganador en cada partida son los dueños de casinos y centros de apuesta ¿a poco no?

 

@plumavertical