Llegó la temporada de ozono. Se tardó un poco más en llegar que la del año pasado, pero finalmente llegó a su cita. Generalmente, es entre febrero y junio cuando es más probable que se reúnan las condiciones meteorológicas que propician el incremento de las concentraciones de uno de los contaminantes bandera en la Ciudad de México.

Los reportes oficiales hablan de la permanencia de un sistema de alta presión que afecta a la Zona Metropolitana del Valle de México, que continúa generando estabilidad atmosférica, viento débil y transporte de humedad limitado, además de intensa radiación solar, lo que propicia un estancamiento de los precursores de ozono. La traducción simultánea a un lenguaje más coloquial diría que como hay mucho sol y nada de viento, las cantidades habituales de contaminantes que expulsamos diariamente a la atmósfera hacen que tengamos más ozono.

En otras palabras, el problema de fondo no son los caprichos o las travesuras que a veces nos juega la meteorología, sino las enormes cantidades de contaminantes atmosféricos que emitimos todos los días. En ese contexto las medidas de los programas de contingencia ambiental, léase el retiro temporal de la circulación de una cierta proporción del parque vehicular, equivalen a recetar una aspirina para curar un cáncer.

Ya he comentado en columnas anteriores lo preocupante que resulta admitir que vivimos permanentemente envueltos en una nube de tóxicos que dañan sistemáticamente la salud de las personas, los cultivos agrícolas y los ecosistemas naturales. En lo que se refiere a los impactos sobre la salud, todos los días surge nueva evidencia científica que sigue documentando los daños ya conocidos a los sistemas cardiovascular y respiratorio, pero ahora se empieza a demostrar que la contaminación atmosférica también llega al feto, afecta a los diabéticos y agrava la salud mental, específicamente aumentando los problemas de ansiedad, depresión, autismo y como un factor adicional que contribuye en la comisión de suicidios.

El panorama se ve muy complicado cuando nos percatamos que el reto de fondo en el tema de la polución del aire no es evitar los picos de contaminación, sino reducir los niveles promedio de las concentraciones. Esto es, el verdadero reto es reducir de manera importante los niveles de contaminación que respiramos todos los días, pues son niveles que aseguran daños sistemáticos a la salud de toda la población.

En efecto, como lo comentó en un estudio reciente, el reto es inmenso porque tanto la población como las actividades que generan directa e indirectamente diversos tipos de contaminantes atmosféricos seguirán incrementándose como consecuencia del crecimiento natural de la población y del desarrollo económico, lo que significa que lo más probable es que las emisiones seguirán aumentando independientemente de que en algunos sectores se innove con tecnologías más limpias y se logren reducciones marginales gracias a cambios tecnológicos.

Creo que la combinación de dos aspectos, por un lado, la pérdida de efectividad de las acciones tradicionales para tratar de mejorar la calidad del aire, y por el otro, el incesante incremento de las emisiones en muchas regiones del país, va configurando un escenario tendencial caracterizado por un deterioro innegable y progresivo de la calidad del aire, lo cual seguirá agravando el problema de salud pública e incrementando los costos asociados.

El día de ayer, miércoles 17 de mayo de 2017, la estación Ajusco de la red de monitoreo atmosférico registró a las 16:00 horas 174 puntos Imeca de ozono, un nivel muy alto al que no se llegaba hace tiempo. Esos niveles de contaminación son de suyo preocupantes, pero son picos a los que llegamos muy de vez en cuando.

Como decía anteriormente, la evidencia científica nos informa frecuentemente que los daños a la salud que sufrimos por estar respirando permanentemente concentraciones que están muy por debajo de los picos que prenden las alertas, pueden ser muchos y muy graves.

Acordémonos pues que el panorama seguirá estando mal y de moda, más allá de la esperada temporada de primavera.

@lmf_Aequum





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