Opinión

La política como espectáculo

En las tres esferas de poder domina la simulación, la ausencia de compromiso, la falta de responsabilidad y la improvisación. | Fausta Gantús

  • 14/05/2021
  • Escuchar

Si bien la política debería ser el arte o la ciencia del gobierno, y mejor aún del buen gobierno, y las actividades orientadas a la toma de las decisiones que beneficien a las sociedades, la política en México hoy es un desastroso espectáculo, porque en eso se ha convertido. En efecto, en las tres esferas de poder –ejecutivo, legislativo y judicial–, en todos los niveles de gobierno –municipal, estatal y federal– y en buena parte de los ámbitos institucionales domina la simulación, la ausencia de compromiso, la falta de responsabilidad y la improvisación. Quienes hacen política carecen, en su mayoría, de aptitudes –cuando no de méritos– para el puesto que desempeñan, y ello conduce a que se rijan por el compadrazgo y el solapamiento y vivan en un reino en el que impera la impunidad: así vemos desde funcionaries y representantes que no saben ni cuáles son sus deberes y atribuciones, o lo que legislan en el caso de diputades y senadores, hasta candidates señalades de cometer diversos delitos, y candidatos acusado por delitos de género: desde acoso hasta presuntas violaciones; entre otras muchas situaciones que sería largo describir aquí. 

Obviamente lo que vivimos hoy no surgió en el 2018, ni el partido Morena innovó en esa forma de hacer política y gobernar, pero sí lo ha llevado a su punto cúlmine. Nunca antes, al menos hasta donde recuerdo, se había defendido públicamente desde la presidencia la candidatura de un individuo acusado judicialmente de violación, por citar sólo un ejemplo. Lo que padecemos ahora en el ámbito de la política es consecuencia de una larga caída en picada cuyo momento inicial es difícil precisar pero que, sin duda, el siglo XXI ha visto consolidarse y en el que han tomado parte todos los partidos políticos. Recordemos, en el ámbito federal, tanto las campañas presidenciales (del 2000 al 2018) con poco vuelo propositivo y mucho ras de suelo de pleito de vecindad; como en los estilos presidenciales de gobernar: del ranchero desenfadado y mal hablado al niño bonito ignorante hasta llegar al líder populista de decires desfachatados y vocabulario limitado. 

Pero el problema no está únicamente en la presidencia de la República, el problema real es que las carencias, las limitaciones, el espectáculo como forma de gobierno y la ignorancia como sello de los gobernantes los encontramos en las gubernaturas y las alcaldías lo mismo que en los congresos locales y en el de la Unión. Vivimos una severa crisis: si durante mucho tiempo (desde la Grecia clásica) se pensó que la política debían hacerla “los mejores”, “los más preparados” –en el sentido de los más capaces, no de nivel educativo– lo que hemos vivido desde varias décadas atrás, y constatamos hoy con tristeza, es que la política está poblada de incapaces que medran con las posibilidades que ofrece un puesto de representación. Insisto, vivimos una severa crisis porque los aptos, honrados, comprometidos huyen de la política, porque la política está muy desacreditada. Y ello genera un círculo vicioso en que como sociedad nos hundimos cada vez más. Tal es el nivel de degradación de la vida política que la mayoría de nosotres, resignados confesamos: no hay a quien irle (gobernantes); no hay quien valga la pena (representantes); cada uno es peor que el otro (funcionarios);  hasta llegar al: votaré por el menos malo (candidatos).

En efecto, especialmente lastimoso resulta en este 2021 lo que toca a las campañas electorales y las contiendas: candidatos que cantan y bailan, otros más que pretenden “actuar” en sus videos promocionales, o que van de “luchadores” a los debates, pero no de luchadores sociales o políticos sino de esos que se suben al ring a hacer piruetas fingiendo que se atacan. No proponen ideas, porque ideas está claro que no tienen, estamos en el reino de los dimes y diretes: lo que promueven, porque creen que eso es lo que “vende”, son escándalos, pleitos, insultos, acusaciones, amenazas… Y en eso se gasta el dinero de los impuestos del pueblo, de la clase media, trabajadora y pequeñes y medianes comerciantes y empresaries, que somos quienes pagamos impuestos, porque ya sabemos que a los ricos-muy ricos empresarios (como Salinas Pliego) se les condonan. Los candidatos y las candidatas tratan al pueblo mexicano como si de una ciudadanía idiota se tratara, ¿de verdad vamos a darle nuestro voto a quien tiene como propuesta el ataque y la descalificación y como estrategia el baile o la parodia? 

La decisión es difícil dada la pobreza de las opciones, pero cuando lleguemos a las urnas el próximo mes de junio hagámoslo como ciudadanes responsables, habiendo investigado sobre quiénes son las personas que se postulan, reflexionando nuestro voto: los equilibrios políticos, los contrapesos, son necesarios para un mejor gobierno y sólo lo podremos lograr procurando que lleguen a esos cargos de representación quienes nos convenzan por sus trayectorias y propuestas y no sólo por el color del partido.

* Escritora e historiadora. Profesora e Investigadora del Instituto Mora (CONACYT). Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes en Ciudad de México y en Campeche. Es autora de una importante obra publicada en México y el extranjero, entre las que destaca su libro Caricatura y poder político. Crítica, censura y represión en la Ciudad de México, 1867-1888. Ha coordinado varias obras sobre las elecciones en el México del siglo XIX (atarrayahistoria.com) y es co-autora de La toma de las calles. Movilización social frente a la campaña presidencial. Ciudad de México, 1892 de reciente publicación.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.