Opinión

La personalidad narcisista y el inevitable naufragio

La película “Mon Roi”, presentada en castellano como “Mi amor”.

  • 31/05/2016
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“Tú serás amado, el día en que podrás mostrar tu debilidad sin que el otro se sirva de ella para afirmar su fuerza”.

Cesare Pavese.

 

“Amar es renunciar a una parte del propio narcisismo”.

Freud.

 

 

 

Una relación de pareja.  Una relación destructiva para ella. La relación entre un perverso narcisista y su presa, que lo elige y lo ama. No puede –hasta un día- parar de elegirlo.  Me refiero a los dos sentidos de la palabra “presa”: el que nos remite a la cárcel, y el que nos remite a la caza. Durante diez años Tony se aferra a su “inmensa historia de amor” con Giorgio. Su esposo, el padre de su hijo. Tan inteligente, tan seductor, tan “libre”, tan divertido. La montaña rusa se instala en la relación muy pronto, pero, ¿no será ella una reprimida? ¿acaso no es eso “vivir intensamente”?  ¿quizá Giorgio le abre las puertas a una felicidad tal, que ella tiene que aprender a merecerla? ¿por qué no creerle que no conoce a la mujer que amaneció en su cama si su pasión por ella vibra en a categoría de lo nunca visto?

 

Tienen un hijo que Giorgio deseó a  como parece desearlo todo: ardientemente. Sólo que lo suyo es marcar ausencia. Tony la protagonista cede, y vuelve a ceder ante las desapariciones de Giorgio. Sus mentiras. Sus traiciones. Él  regresa cargado de promesas de amor y noches locas. Se ríen juntos a carcajadas. Hacen el amor como descosidos. La ama.  Y es “tan único”.  La aparente “libertad” de Giorgio la hipnotiza. Está embarazada cuando llegan a embargar cada mueble de su casa, incluidos los suyos. Giorgio no pagó una deuda de la que ella ignora todo, pero él, ya para entonces vive en otro lado. Para “darse espacio”.  Ruptura. Giorgio le regresa un buen día sus muebles. Y punto.

 

Diez años de felicidad y abusos. Cada vez más abusos que felicidad.  Ella quiere hablar con su pareja. Su pareja no halla de qué hablar en ningún tema que importe. Nada que negociar. Nada que cambiar.  ¿Qué la vida no es un carnaval?  Borrón y cuenta nueva. Un intento de suicidio de Tony desesperada: ¿cómo librarse de ese yugo que el otro le impone con su consentimiento?  ¿Cómo librarse de ese otro que ella elige como su tirano amadísimo? Hasta ese día en que Tony sufre un accidente de esquí y se rompe los ligamentos. Tiene que recluirse en una clínica de rehabilitación.  

 

 

En una sesión de terapia psicoanalítica explica que tiene problemas de rodillas: “Genoux” (rodillas, en francés), la terapeuta le responde con un juego de palabras que no está traducido en los subtítulos, pero que es muy importante para entender el quiebre de Tony y su posibilidad –a partir de allí- de reconstruirse. Rodillas se pronuncia: “Yenú”. Casi idéntico que Je-nous (Yo-Nosotros).  La terapeuta le sugiere que se escuche: ¿quizá algo se desgarra  en su interior por ese lado, el del yo-nosotros? ¿Quizá ese “accidente”, ese desgarramiento físico nombra –a pesar de ella misma- un desgarramiento interior?

 

Tony no acepta la interpretación de inmediato. “¿Y si me hubiera roto la cadera que me diría?” Pero no se rompió la cadera.  Y sí, tantas veces el psicoanálisis y sus técnicas de escucha nos parecen un exceso. Y sin embargo: revela.  Nos hace escuchar lo que nos habla desde adentro nuestro, y negamos. Algo detona en ella ese Je-nous, que marca la pauta a la narración de una vida. Y a la manera que la directora elige para narrarla: el continuo flashback.

 

 

Un vaivén entre las dolorosas sesiones de ejercicios físicos y las dolorosas sesiones de memoria e introspección. Es en el silencio y el aislamiento de ese encierro forzado donde Tony se toma el tiempo de mirara hacia atrás. Su amor por Giorgio. Los costos brutales de su amor por él. La continua negación de ella misma, como requisito para tenerlo a su lado. Giorgio se enfurece cuando se entera de que ella tiene una muy buena oportunidad laboral. Giorgio el fugitivo, se enfurece cada vez que Tony no está allí al segundo. Encantadora, amorosa, disponible. Lista para reírse.  La vida entera para Giorgio, se trata de sus gozos y de sus risas. Siempre los suyos.

 

En ese sentido es una pena que el título de la película francesa “Mon roi”, “Mi rey”, haya sido traducido al castellano como “Mi amor”.  “Mi rey” deja muy claro el tipo de relación que narra la cinta: una relación  de dominio y posesión.  Una relación de puestas en escena. El hombre “más enamorado y rendido del mundo”, es un canalla. Pero Tony lo disculpa, a su canalla. Cree que no puede vivir sin él.  La película se anuncia con la frase: “si es amor duele”, lo que no deja de ser un absurdo en el contexto.  Sobre todo porque Giorgio pronuncia la frase durante una discusión en la que emplea –con gran talento- todas las trampas discursivas del perverso/ la perversa narcisista. 

 

Entonces recordé la frase de Pavese.

 

 

La frase de Pavese como epígrafe a este texto,  nombra lo que podrían ser, necesitarían ser los cimientos  mismos del encuentro amoroso.  El encuentro de dos personas que se saben y se reconocen: tan fuertes (a veces) y tan frágiles (a veces) y que están dispuestos a arroparse en sus fragilidades. Arroparse el uno al otro donde no saben cómo, donde sienten que no pueden. En los espacios donde tropiezan, sufren, temen.  A pesar de la tan humana voluntad de dominio y los desencuentros que provoca. A pesar de ese narcicismo que puede –por momentos- tomarnos  por los cabellos y volvernos sordos y ciegos a la realidad y a las necesidades de la otra persona.  A todos nos sucede. A veces.

 

Pero al perverso narcisista –que Giorgio encarna con un gran talento por parte del actor y de la directora) le sucede todo el tiempo: elegirse a rajatabla. No escuchar. No mirar. Elegirse contra el otro, a pesar del otro.  Elegirse en su necesidades y sus placeres que nadie –supone él/ella- tiene derecho a cuestionar.  ¿En dónde están los límites? En donde él/ella los coloque cada vez, según la imperiosidad de sus deseos. ¿Cuáles son las reglas? Las que a él/ella le vengan en gana cada vez. No hay reglas, sino la cambiante imposición de una personalidad que necesita a la otra persona, sin reconocerle que existe. La necesita, para someterla. Para reinar.  Para alimentarse de ese sufrimiento que lo hace sentir invencible.

 

¿Cuál es la fuerza del perverso narcisista/ la perversa narcisista? Conocer las fragilidades de su víctima de elección para usarlas en su contra.  Exactamente el sentido contrario de lo que nos evocan la frase de Pavese y la frase de Freud.  Lo opuesto de as nociones más elementales de amor. ¿Y Tony? Convierte su amor por Giorgio en una compulsión. Repite sus horas de dignidad y sus horas de pantanos. Se aferra a creer en él como quien se aferra a un tanque de oxígeno.  “Mon roi” es la historia de un largo naufragio en la que la persona enamorada se abraza a la tablita que le ofrece la persona misma que lo provocó.

 

Un día Tony descubre que “la vida está en otra parte”. En la sonrisa de su hijo, en sus amigos, en su trabajo. Encontrarse a ella misma, por primera vez en su vida. Un día descubre –aunque Giorgio continúe fascinándola- que lo suyo no es el vaivén entre el infierno y los fuegos de artificio.  Y entonces escapa de esa parte oscura de ella misma. Escapa de su tirano elegido. Abandona la puesta en escena y se interna en la vida.

 

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