Opinión

La pandemia y la explotación sexual

La pandemia de covid-19 ha dejado a las comunidades mucho más vulnerables a la explotación, incluyendo (pero no exclusivamente) la sexual. | Fernanda Salazar

  • 18/12/2020
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Hace algunos días, Nicholas Kristof escribió en The New York Times la opinión titulada “Los niños y niñas de Pornhub” (The children of pornhub). Se trata de un sitio web de pornografía, creado en Montreal y ubicado entre los 10 sitios más visitados del mundo con 3.5 mil millones de visitas al mes. La editorial denuncia que este sitio contiene videos de violaciones y otras formas de violencia extrema ejercida contra mujeres, niñas, niños y adolescentes. 

De acuerdo con Megan Walker, Directora Ejecutiva del London Abused Women’s Center, hace 10 años fue la primera vez que recibieron una solicitud de apoyo de parte de una mujer cuyo video fue publicado sin su consentimiento en Pornhub y desde entonces son innumerables los casos similares que atienden. 

Este caso ha desatado diversas discusiones en Canadá, entre otras cosas, porque como empresa creada en Montreal, Pornhub recibe los mismos incentivos y apoyos económicos que cualquier otra empresa en la provincia de Quebec, lo cual quiere decir que dinero público es utilizado para financiar a un negocio de cuya naturaleza está claramente contra el interés público, más aún a la luz de actividades que resultan criminales. 

Otra de las discusiones pasa por los instrumentos para perseguir este tipo de actos criminales, pues Pornhub es un sitio en el que las personas pueden subir los videos sin que la empresa se haga responsable del contenido. Frente a esto, policías especializados reclaman la falta de herramientas legales para perseguir los delitos de violación y explotación que ocurren en esos videos. Como saben quienes se dedican a la investigación y persecución de crímenes como la explotación sexual y la trata de personas, resulta sumamente complejo perseguir actos de esta naturaleza sin una infraestructura que contemple la cooperación internacional y un marco legal apropiado que contemple el ámbito digital. 

Ryna Sherazi, vocera de Anti-Slavery International, afirma que la pandemia de covid-19 ha dejado a las comunidades mucho más vulnerables a la explotación, incluyendo (pero no exclusivamente) la sexual. De acuerdo con Reuters, el carácter clandestino de este crimen va en aumento porque los traficantes están expandiendo su alcance al sacar provecho del uso más intensivo de internet y las tecnologías de comunicación para reclutar y explotar personas, especialmente a niñas y niños, por medio del llamado “grooming”. Mientras estas redes continúan funcionando y creciendo, los servicios de atención a víctimas están cerrados en muchos países por “no ser esenciales”. 

En México, hace algunas semanas Santiago Nieto dio a conocer el congelamiento de más de 250 millones de pesos relacionados con temas de trata de personas, reconociendo que este delito tuvo un aumento durante la pandemia. No sabemos cuánto de esto terminará investigado y resuelto por la FGR. De acuerdo con Karla Quintana, titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, una cuarta parte de las personas desaparecidas en México son mujeres y, de ellas, casi la totalidad tienen entre 10 y 17 años de edad, lo cual plantea la hipótesis de que estas desapariciones están ligadas a la trata de personas. Esto no es descabellado si vemos que la mayoría de víctimas en el mundo están en esas edades.

La trata de personas es un negocio de 150 mil millones de dólares anuales en el mundo, que lo convierten en el tercer negocio más lucrativo del planeta. Como lo han señalado personas y organizaciones dedicadas a este tema en México y la región, un crimen de esta naturaleza no puede combatirse seriamente sin la cooperación y determinación internacional para parar el sufrimiento de millones de víctimas y sus familiares. 

Más allá de las posturas que cada quien tenga en relación al consumo de pornografía, cada vez es más claro que la producción de estos contenidos muchas veces está relacionada con industrias de explotación sexual y, con ello, al sufrimiento de personas que terminan en esas cadenas en contra de su voluntad. 

La vulnerabilidad económica y social en la que muchas mujeres, niñas y niños van a quedar tras la pandemia, hace más urgente que nunca luchar contra estas redes. Sin embargo, la austeridad y la falta de perspectiva de género en las decisiones públicas les pueden estar dejando en el total desamparo. 

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