Opinión

¡La pandemia exhibe lo mejor y… lo peor!

Vimos al gobierno de AMLO que, en términos generales, hizo la peor gestión ante la pandemia. | Ricardo Alemán

  • 25/01/2021
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Igual que ocurre en todas las calamidades naturales –como terremotos, inundaciones y huracanes–, la pandemia de Coronavirus ha exhibido lo mejor de la sociedad mexicana, por un lado y la peor cara, por el otro.

Y es que, igual que ocurre en todas las sociedades del mundo, la sociedad mexicana tiene muchos rostros que, curiosamente, aparecen cuando menos son esperados.

Los rostros del heroísmo, del altruismo, del humanismo, la solidaridad y la unidad en torno a una causa común: la preservación de la vida.

En el otro extremo vemos el rápido florecimiento de las indeseables expresiones del oportunismo, el cinismo, el influyentismo, el fanatismo, el valemadrismo, el amiguismo, el engaño, la mentira, el “agandalle” y, en el extremo, el crimen de Estado.

En el primer caso, son muchos los ejemplos extremos de heroísmo y están a la vista de todos.

1.- Se cuentan por miles los heroicos trabajadores de la salud que perdieron la vida contagiados por la pandemia que combatían, a riesgo de sus vidas y en cumplimiento del “juramento de Hipócrates”, que los obliga “a no velar por otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”.

En el otro lado de la moneda aparece la irresponsabilidad criminal de las autoridades federales, del propio presidente Obrador, del secretario de Salud, de Hugo López-Gatell, de los directores del IMSS, del ISSSTE, además de la jefa de gobierno de Ciudad de México, quienes siempre se negaron a proporcionar los equipos médicos indispensables para proteger la vida de miles de trabajadores de la salud.

Sí, en este caso vemos el heroísmo de los trabajadores sanitarios, confrontado con la irresponsabilidad criminal de los burócratas del gobierno de López Obrador.

2.- Gracias a las redes –que antes eran benditas y hoy son malditas–, muchos ciudadanos solicitaron y consiguieron donadores de sangre y plaquetas; buscaron y encontraron tanques o concentradores de oxigeno, rastrearon tal o cual medicamento y hasta llevaron ayuda a muchos ciudadanos a quienes el Estado abandonó a su suerte.

Fuimos testigos de estremecedoras muestras de solidaridad, altruismo, humanismo y generosidad de una sociedad que –igual que en el terremoto de 1985–, hoy le arrebató la iniciativa al gobierno criminal de López Obrador.

Sin embargo, frente a lo mejor de México y de los mexicanos, vimos la actitud criminal de un gobierno que abandonó a su suerte a los ciudadanos; vimos al gobierno de AMLO que negó de manera reiterada la letalidad de la pandemia, que nunca utilizó cubrebocas, que se burló de quienes exigían acciones más estrictas, que no canalizó más recursos a los hospitales y a los trabajadores de la salud y que, en términos generales, hizo la peor gestión ante la pandemia.

Hoy, el gobierno de AMLO es un gobierno criminal, culpable de por lo menos medio millón de muertes por covid-19 –sean muertes oficiales y extraoficiales–, y es un mandatario que debe ser destituido y llevado ante la justicia por su responsabilidad en cientos de miles de crímenes de Estado.

Y es que resultó falso que el gobierno de López Obrador haya comprado las vacunas que se requieren; es falso que exista el presupuesto para tales vacunas y clientelar y electorera la campaña de vacunación.

En pocas palabras, el gobierno de Obrador mostró la peor cara posible en un gobierno; la cara del uso político-electoral de la salud y de una pandemia como la del coronavirus que es manejada con fines electoreros.

3.- Pero la irresponsabilidad y el oportunismo no sólo aparecieron en el presidente Obrador y en su gobierno; gobierno que mostró la peor cara. No, muchos particulares se sumaron “a la jauja” de la muerte.

Mientras que miles de médicos dieron la vida para salvar al mayor número posible de enfermos por covid-19, otros tantos miles de doctores se instalaron en el papel de mercenarios de la salud. Una consulta mediante videollamada se cotizaba en oro.

Apareció el tráfico de recetas para adquirir medicamentos de distribución restringida, mientras que el oxígeno se cotizaba al precio de una joya preciosa.

El mercado negro de recetas, medicinas y equipo; el mercado negro para conseguir un tanque o un concentrador de oxígeno es hoy una ofensa mayor, ya que se trata del peor mercado de todos los tiempos; el mercado negro de la muerte, tolerado por el gobierno y solapado por las autoridades sanitarias.

Ya existe toda una cadena que vincula al médico con los mercaderes de recetas, de medicamentos y equipos; de oxígeno y de camas de hospital. Y todo a los ojos de las autoridades del sector salud.

Un ejemplo ilustra la tragedia.

Un concentrador de oxigeno con capacidad para cinco kilos, que antes de la pandemia costaba 12 mil pesos, con su respectiva factura, hoy lo venden –si es que está en existencia–, en 60 mil pesos y sin factura.

¿Y qué decir de los servicios funerarios?

Hoy, cremar el cuerpo de un ciudadano muerto por covid-19, es más caro que una operación a corazón abierto, antes de la pandemia.

¿Y la industria de los seguros?

El negocio redondo entre hospitales privados y aseguradoras.

¿Dónde están el gobierno, la autoridad y el Estado, ante la peor cara de la pandemia?

Duele decirlo, pero es la verdad.

El presidente López Obrador, el Estado y sus instituciones, hoy están medrando, lucrando con la vida y la muerte de los ciudadanos. Y es que los muertos también votan.

Al tiempo.

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