Opinión

La pandemia empuja al péndulo de las democracias

Oportunismo político, crisis sanitaria y económica, han puesto en movimiento la radicalización de la política y las sociedades en el mundo. | Ismael Jiménez

  • 12/08/2020
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El incremento diario de decesos por covid-19, se ha convertido en abono y botín político para los opositores de la 4T; el regocijo con el que los críticos suman todos los días las estadísticas de defunciones, los ha llevado a convertir la pandemia en bandera proselitista.

En su momento, y antes de que México llegara a cinco mil decesos por el covid-19, mencionábamos en este espacio que, a los críticos del gobierno, poco o nada les interesaba el número de decesos que se sumaran por la pandemia; la razón es simple, los detractores de la 4T, no darán ningún crédito a los números reportados por las autoridades de salud.

A la cruzada, se sumaron algunos gobernadores que, como en el caso de Enrique Alfaro gobernador de Jalisco, ordenó el cierre de todas las actividades de la entidad, antes de que el gobierno federal, diera el primer parte de la pandemia en México.

La estrategia de los grupos opositores al gobierno, junto con los vociferantes de los medios de comunicación, los llevo a generar una guerra de cifras y declaraciones que han abonado a la desinformación y confusión. El resultado, una buena parte de la población ignora y desatiende las recomendaciones de las autoridades de salud con el consiguiente incremento de contagios y decesos.

Bajo esta estrategia inmoral, los detractores de la 4T, han buscando aprovechar la pandemia como una oportunidad para abonar a su favor rumbo a las elecciones del próximo año.

Cuando López Obrador denunció la formación de grupos para derrocar al gobierno, fue motivo de escarnio por parte de los vociferantes de los medios de comunicación. Hoy, la desesperación de la oposición, los ha llevado ha aceptar ya, abiertamente, su deseo de destituir al gobierno, por todos los medio legales e ilegales posibles.

Al menos cuatro grupos han reconocido estar en campaña abierta para derrocar a la 4T; recientemente, durante una reunión de lideres de ultraderecha latinoamericanos, Felipe Calderón arengo a la rebelión armada como un derecho para detener a los gobiernos populistas de la región.

Como lo hemos señalado, la pandemia está radicalizando las posiciones políticas en todo el mundo; especialmente en América Latina donde las democracias, aún están en procesos de consolidación y en donde el descontento social, se había agudizando desde antes de la contingencia sanitaria.

Bolivia y Ecuador, son dos ejemplos recientes donde la ultraderecha dio golpes de estado para evitar que gobiernos populistas se consolidaran en una democracia ajena a los intereses de los conservadores.

En Chile, el descontento popular, no comulga con el gobierno neoliberal cada vez más ajeno al interés de la población. Lo mismo sucede en Brasil, donde el gobierno populista de ultraderecha de Bolsonaro, despertó el descontento social por su discurso lejano y ajeno a los intereses de los más desfavorecidos.

En Argentina, en las elecciones recientes, la población dio un vuelco al gobierno empresarial de Macri para dirigirse de nueva cuenta a un gobierno de discurso progresista.

La pandemia, acelero el movimiento del péndulo de las ideologías en todo el mundo, Estados Unidos, Reino Unido, Italia, España y la misma Alemania, se debaten ahora mismo, sobre hacia dónde debería inclinarse la balanza nacionalista que brota por todas partes.

Los partidos políticos, han perdido la brújula de la democracia y de la política participativa, razón que explica de alguna manera, los motivos que los ha llevado a proponer disparates como los promulgados por Felipe Calderón.

La realidad es que, independientemente del lugar en que se encuentren, los partidos conservadores y de ultraderecha, buscarán moldear a conveniencia los principios de lo que ellos consideran es la democracia. El peligro es que cualquier chispa incendie un mundo globalizado y agobiado por la desesperación social.

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