Opinión

La obligación de tener información sobre 'eso'

Cuando se trata de delincuencia organizada, el presidente dice no tener información. Sus prioridades son otras. | Adolfo Gómez Vives

  • 10/02/2020
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Que Jonás Guerrero Corona, obispo de la diócesis de Culiacán, no se haya enterado de que en la catedral de esa capital se llevaría a cabo la boda de la hija de Joaquín Guzmán Loera, puede resultar creíble.

Al fin y al cabo, la Iglesia Católica no tiene obligación de conocer las actividades de su feligresía, por más que ésta se las comparta en secreto de confesión, o por el hecho de que la autoridad eclesiástica tuvo que haber revisado la fe de bautismo y la boleta de confirmación de los novios, documentos en los que aparece el nombre del padre de la contrayente y que se corresponde con el del narcotraficante sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos.

Lo que de plano no tiene sentido es que el jefe del Ejecutivo no fuera informado de dicha ceremonia, pues la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que encabeza Alfonso Durazo Montaño, tiene entre sus atribuciones la investigación y el registro de datos en materia criminal, por mandato del artículo 30 Bis de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, además de que tiene bajo su adscripción al Centro Nacional de Inteligencia, responsable de analizar las amenazas a la seguridad nacional, entre las que se encuentra la delincuencia organizada.

Es claro que Andrés Manuel López Obrador no tiene interés en las notas de sociales. Todavía se recuerda la molestia que le ocasionó la publicación de su fotografía en la portada de la revista ¡Hola! con motivo de otra boda, la de su coordinador general de política y gobierno, César Yáñez Centeno, en septiembre de 2018.

De haber conocido con antelación la realización del acto religioso en el que contraería nupcias la hermana de Ovidio Guzmán López —reclamado por el gobierno estadounidense— se habría generado preocupación en el gabinete de seguridad y en la persona del presidente de la República, pues el gobierno federal volvería a quedar expuesto como un alcahuete del cártel de Sinaloa.

Por eso, el presidente fue claro en afirmar que no tuvo información sobre “eso”. Su gabinete de seguridad —con el que se reúne todos los días a primera hora— sólo le informó sobre la importancia de eliminar los descansos por días festivos, mantener el horario de verano o rifar el avión presidencial. De su cosecha personal vendría el ningunear a quienes lo cuestionan, por el hecho de no haber votado por él.

Es lamentable saber que al presidente no le informan sobre la tragedia que significa el asesinato de nueve personas en Uruapan, Michoacán, entre las que había 4 menores de edad y el hallazgo de una fosa con once cadáveres en ese mismo municipio; que la crisis de desabasto de medicamentos e insumos médicos amenaza con convertirse en un gravísimo problema de derechos humanos; y que su secretaria de la Función Pública tiene conocimiento de ello, por voz de los propios médicos y pacientes. Es lamentable saber que sobre los delicados temas relacionados con la violencia de la delincuencia organizada y de las formas como actúan las organizaciones criminales, nadie le informe, aunque existan obligaciones legales y constitucionales de informarle sobre “eso”.

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