Opinión

La nueva agenda

En un acto de ilusionismo político, el PRI oculta su mano en la tragedia que vive el país ante una población expectante y enojada | Marco Antonio Adame

  • 09/01/2018
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Las elecciones de 2018 representan, cuantitativa y cualitativamente, un punto de inflexión en la vida política del país y la oportunidad de poner en marcha un cambio de régimen ante el agotamiento del actual sistema político.

Como sucede de tiempo en tiempo, la vigencia de las generaciones, de acuerdo al modelo de Julián Marías en “La Estructura Social. Teoría y Método”, conllevan cambios inexorables, producto del agotamiento de paradigmas y modelos que en algún momento funcionaron y que en otro, por exceso o por defecto, dejaron de responder a las expectativas de las nuevas generaciones.

A cuarenta años de la apertura del régimen político como respuesta a movimientos de enorme significado social y político, como el estudiantil de 1968, es preciso reconocer que el régimen y el sistema se han agotado; que la lucha por la pluralidad y la democratización que años más tarde llevó a la alternancia del año 2000, resulta un avance insuficiente ante el desafío de la inseguridad, la violencia, la pobreza y desigualdad que afectan a más de la mitad de la población, como fruto de la insultante corrupción e impunidad que lastima al país.

Un acierto

Por lo mismo, es un acierto de la coalición Por México al Frente y de su pre-candidato Ricardo Anaya, proponer el dilema de la elección como una definición inaplazable ente continuidad o cambio.

Durante el período de precampañas hemos visto a los aspirantes a candidatos presidenciales esbozar algunas propuestas y definir sus posiciones. El candidato de la coalición que lleva su nombre ha defendido tímidamente la bandera de la continuidad del régimen priiísta, argumentando que el país va bien, que todo debe seguir igual y que los escándalos de corrupción del pasado no los definen. Así, en un acto de ilusionismo político, pretenden ocultar su mano en la tragedia que vive el país ante una población expectante y realmente enojada con todo lo que ha pasado en los últimos años. El resto de los actores se han definido por el cambio, lo que no es suficiente para resolver el presente y futuro del país en los mejores términos.

Ante el grave riesgo de la continuidad por el costo humano y social que implica y la inmovilidad o regresión del país, el verdadero debate es el sentido del cambio. Cambiar en la dirección correcta para instalar un régimen democrático, transparente, equitativo, justo, socialmente responsable, económicamente viable y políticamente incluyente es el verdadero debate.

El cambio inteligente

A la vista tenemos dos propuestas de cambio. El cambio regresivo, contra-cíclico a las reformas que el país necesita, representado por un liderazgo mesiánico y autoritario, con propuestas nostálgicas de un populismo nacionalista y mal llamado revolucionario que ya fue reprobado por la historia durante el siglo pasado por ineficaz y paternalista. El cambio de la amnistía a delincuentes, de la seguridad a golpe de ocurrencias y de la sustitución y el desconocimiento de las instituciones de seguridad por un modelo autocrático centrado en su persona. El cambio que no debate ni dialoga.

Por otro lado, el cambio inteligente, representado por la coalición Por México al Frente y su líder Ricardo Anaya, como la propuesta que reconoce el agotamiento del sistema y la necesidad de un nuevo arreglo institucional a fin de gestar un régimen distinto, basado en las instituciones y en el ejercicio democrático del poder. El cambio que dialoga, que escucha, que se compromete en la lucha contra la impunidad y la corrupción y que asume la transparencia y la rendición de cuentas como su eje; el que plantea el cambio de estrategia para conquistar la seguridad usando la inteligencia a fin de mapear y desarticular organizaciones delictivas y prevenir el delito desde sus causas; el de la ordenación de los cuerpos e instituciones de seguridad y justicia para hacer plenamente vigente el nuevo sistema de justicia penal. El cambio que propone una revisión a fondo de la política social para mejorar las condiciones económicas de la población más necesitada a partir de la renta básica y la transparencia de los programas sociales. El cambio que propone la integración plena de México en el mundo para favorecer la cooperación internacional, la diversificación de las inversiones y el desarrollo global del país.

No se puede dejar de mencionar que, de manera menos visible, los aspirantes independientes asumen la necesidad de cambio, ciertamente de manera reactiva y aún sin perspectiva ni propuestas claras.

Durante las próximas semanas y conforme concluyan los procesos internos y formalmente se materialicen las candidaturas, se desplegarán los contenidos de la nueva agenda para el país, una agenda que se debatirá en las campañas y que en la elección quedará definida como expresión de la voluntad popular. Habrá que luchar con toda determinación por asegurar campañas civilizadas que permitan conocer las propuestas y elegir con libertad la opción y la agenda que dé cause a la indignación social con responsabilidad y rumbo claro, la del cambio inteligente.

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@MarcoAdame | @OpinionLSR | @lasillarota

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