Opinión

¿La noticia como espectáculo?

La noticia-espectáculo deja en segundo término la presentación de información veraz y confiable. | José Antonio Sosa Plata

  • 03/10/2019
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La noticia concebida y presentada como un espectáculo no es un fenómeno nuevo ni exclusivo de los medios electrónicos tradicionales. Las redes sociales y medios digitales la han recuperado, adaptado y fortalecido a tal nivel que las tragedias, conflictos y sucesos lamentables también pueden formar parte del entretenimiento cotidiano de las audiencias.

En la difusión de la noticia-espectáculo, la privacidad y el derecho a la intimidad no suelen, siempre, ser lo más importante. El conflicto es su base y la especulación una constante. De ahí que la transmisión en directo de los acontecimientos cumple de mejor manera su cometido si va acompañada de imágenes o declaraciones que lleven una fuerte carga emocional entre los personajes que protagonizan las historias.

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Para lograr mayores audiencias, por lo tanto, importa más el carácter espectacular de la noticia que la información confiable, creíble y verificada. El conflicto, la confrontación, la controversia y el drama son, por lo tanto, recursos esenciales de estas narrativas. Pero más cuando revelan la intimidad de las personas o personajes involucrados, pues se logra despertar con gran facilidad la curiosidad de las y los espectadores.

Mientras más grande es la infidencia o la invasión a la intimidad, mayor será el interés frívolo de las audiencias. Por eso algunos medios de comunicación —en un afán claro de sobrevivencia— le apuestan siempre que sea posible a la transmisión de información como un recurso de esparcimiento y a la noticia como un producto persuasivo.

Lo que hemos visto en días recientes en torno a la información sobre la muerte de José José es más que ilustrativa. Es el ejemplo más claro de la forma en que un proceso de desinformación premeditado puede mantener la atención frente a las pantallas de millones de personas, por periodos largos de tiempo, en beneficio de los intereses particulares de unos cuantos.

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El suceso tiene los componentes principales que caracterizan a la noticia-espectáculo: drama, intriga, suspenso, sorpresa, mentira, manipulación, confrontación y controversia. En consecuencia, provoca emociones y sentimientos que mantienen a mucha gente siguiendo con atención el caso: sorpresa, enojo, desconcierto, indignación, frustración, añoranza, admiración y hasta dolor en las personas más sensibles.

La noticia-espectáculo lleva una carga importante de la estructura retórica de la ficción. Por eso, la lógica con las que son expuestos los personajes, hechos y situaciones lleva a las audiencias a que tome posiciones a favor o en contra de los protagonistas, a que se involucren emocionalmente con sus intenciones y a sentirse cercanos a sus historias.

En el género deben identificarse o construirse algunos componentes del melodrama y la adjudicación de roles debe considerar la creación de papeles protagónicos y antagónicos, de aliados y adversarios, de buenos y malos. Cuando el trabajo se hace con eficacia, el impacto que tendrá la noticia-espectáculo en las redes sociales es mayor, ya que activa la controversia en las conversaciones y la difusión de hashtags y memes.

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En la historia de la comunicación en general, y de la comunicación política en particular, la persuasión no ha estado al margen de la mentira, el ocultamiento de información o la manipulación. Sin embargo, en el nuevo ecosistema de comunicación ya no es tan fácil proceder de esta manera, a pesar de la proliferación de los bots y de las llamadas fake news. Aunque los mecanismos de protección y defensa no han avanzado a la velocidad deseada, las audiencias cuentan con mayores recursos para responder y desmentir las informaciones falsas o tendenciosas.

La experiencia que hemos tenido en México y la que han registrado otros países democráticos, ha demostrado que la disolución de fronteras entre información y entretenimiento es prácticamente imposible. La espectacularidad de la noticia no se podrá eliminar, pues está en el ADN de la comunicación mediática.

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En el actual escenario, aspirar a ser testigos fieles de la realidad no es más que un sueño. Si la separación entre información y entretenimiento fuese posible, el consumo de medios no sería negocio porque se saldría de los hábitos tan arraigados que se han generado desde hace más de un siglo en la gente. Es deseable, pero no viable ni factible.

Para seguir avanzando en el objetivo de tener información veraz, confiable, creíble y útil se ha demostrado que la regulación jurídica no es la mejor solución. Si realmente queremos reducir los problemas, distorsiones y riesgos de la comunicación moderna, es preciso seguir trabajando en los códigos de Ética y afinar los procesos de regulación que han surgido entre los medios tradicionales y digitales.

Informar de manera entretenida con contenidos persuasivos es, sin duda, una necesidad. No hay que tener miedo a las armas de persuasión masiva. El mayor reto que hoy tenemos consiste en encontrar las fórmulas narrativas y discursivas para lograr la mayor objetividad posible, para procurar los equilibrios a los que nos obliga el Derecho a la Información y para mantener el respeto debido a la privacidad e intimidad de todas las personas.

Recomendación editorial: Antonio Fayos Gardó (Coordinador). Los derechos a la intimidad y a la privacidad en el siglo XXI. Madrid, España, Editorial Dykinson, 2014.

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