Opinión

La noche triste del puerto

La falta de pago a la plantilla de jugadores del equipo Veracruz no causó indiferencia entre la afición mexicana. | Jorge Alberto Meneses Cárdenas

  • 10/11/2019
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La noche del viernes 16 de octubre de 2019 en el puerto de Veracruz se libró una batalla donde un bando disparó dos veces sin resistencia. Sin embargo, después de la autopsia social el saldo fue el de una derrota compartida. Si el gol es el clímax del futbol, esta vez fue el símbolo de la racionalidad instrumental contra la solidaridad, entre dos plantillas abismalmente diferentes en lo que a carteras se refiere.

Lo sucedido en el estadio Luis 'Pirata' Fuente fue un drama que desnudó la ausencia de solidaridad del gremio de futbolistas en tierras mexicanas. Y es que esta vez, lejos de que los diarios consumaran el reinado del gran jugador francés André Pierre Gigac al anotar su gol 100 en México, la opinión pública habló de alta traición a la causa gremial ejecutada por la escuadra felina. Miles de interacciones en las plataformas digitales fueron una cena amarga para los dirigidos por Ferreti, pues se cuestionó la forma en que habían devorado lo que quedaba del tiburón.

Luego de un fin de semana negro para la credibilidad del futbol como un deporte de conjunto que enarbola valores de unión y solidaridad, el delantero francés declaró que había anotado ese gol por error, pues él nunca había tenido la intención de anotarlo. Aunque mostraba arrepentimiento, parecía que el autor de ese tuit había sido el icónico personaje de Roberto Gómez Bolaños y no un jugador políglota, empático e inteligente, originario de uno de los países donde nació La Ilustración, ya que en su justificación se podría interpretar que ese gol había sido "sin querer queriendo". Sin embargo, me atrevo a decir que el plantel de Tigres se falló así mismo y a su afición, pero sobre todo a la niñez que ve en ellos a superhéroes, aunque esa noche fueron percibidos como villanos.

Quizá parezca algo obsoleto escribir en el siglo XXI sobre que el derecho al voto popular fue gracias a la instauración de la República como forma de gobierno y que con la modernidad el contrato social sería resultado de un orden producido y no una designación celestial. Además, que con la libertad de expresión y el derecho a la revisión de las condiciones contractuales en algo se pudo avanzar de la mano de movimientos progresistas que se negaron a que gobernara el déspota ilustrado (aunque hoy en día parece que el que manda no es sólo el Estado, sino la dictadura del mercado).

Lo anterior lo recuerdo porque la dicotomía de amigo-enemigo propuesta por Carl Schmitt no puede ser el evangelio de quienes mandan en el futbol mexicano. En este caso los jugadores del Veracruz no fueron vistos como los desestabilizadores del orden social porque la opinión pública ya ha construido un contrarelato donde se desconfía del futbol como símbolo de unidad y camaradería.

En la historia del futbol mexicano nos han mostrado diversos conflictos de intereses que cada día son más preocupantes por la percepción de que no se hace mucho para cambiar. En las instituciones públicas y privadas el conflicto es saludable porque permite que se diriman las diferentes posturas sobre una problemática. En este sentido, la falta de pago a la plantilla de jugadores del equipo Veracruz no causó indiferencia entre la afición mexicana. Y es que en México las condiciones laborales de los aficionados al futbol en poco se parecen a las de los noruegos. La empatía por el equipo veracruzano quizá también refleja la precariedad laboral en la que viven millones de trabajadores que los fines de semana ven el futbol, en una casa que deberán pagar en más de 20 años si es que tienen "la fortuna" de conservar el trabajo.

Así mismo, parece que estamos lejos de aquellos tiempos en donde los comentaristas no se salían del librito y preferían callar lo que sucedía afuera de las canchas para no poner en riesgo su trabajo, aunque su credibilidad fuera un constante "estado de excepción". Entonces, ¿por qué no hacer caso del hartazgo y la desconfianza de la opinión pública sobre los manejos del futbol mexicano?

Es tiempo de reconocer que el consumidor de futbol también es ciudadano, y para ello se necesita desterrar el viejo régimen de simulación donde ni los futbolistas ni los aficionados importan. Si bien, la opinión pública es una medida efímera del ánimo y la confianza sobre las instituciones y los temas que se debaten públicamente, ya no se puede ejercer el rumbo de un deporte-espectáculo pensando en que la masa no importa, ni pensar (sin datos) que las percepciones pasajeras se diluyen.

Entre otras cosas porque quienes han tomado decisiones en el futbol azteca no pueden descuidar que esas percepciones se pueden convertir en imaginarios de más largo alcance temporal. En este caso, entre las percepciones sobre los manejos del futbol mexicano anidan imaginarios construidos por generaciones en donde el futbol es visto como un deporte pasional pero que es manejado con pactos metalegas que ensucian la credibilidad de instituciones representadas por equipos.

Creo que en estos tiempos ya no basta con invitar a niños al inicio de los partidos para que le digan a los jugadores que "jueguen limpio y sientan su liga", porque esos niños crecerán y se darán cuenta que la violencia no sólo es en las tribunas, sino que es estructural. Porque ante la orfandad de los derechos laborales de los futbolistas se mostró -en la noche triste del puerto- que las canchas de futbol han sido administradas como latifundios. Aunque la historia también nos ha enseñado que llega el día en que los peones se cansan.

Jorge Alberto Meneses Cárdenas. Es profesor-investigador en La Universidad del Mar, en Huatulco. Estudió la licenciatura en Antropología Social (ENAH), la maestría en Sociología Política (Instituto Mora) y el doctorado en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Entre sus últimas publicaciones están la coordinación de los libros Retiembla en sus centros la tierra y, Los nuevos rostros de la migración. Investiga en torno a las juventudes, los métodos y las culturas digitales, la antropología del deporte, la migración y la cultura popular.

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