Opinión

La mula prieta

“Dos veces única”, la vida novelada de Guadalupe Marín.

  • 24/11/2015
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“’¿Jamás vas a hacer otra cosa que pintar, gordo rabo verde?’ No sólo los gritos rompen el silencio, Lupe también rompe los platos, las telas, los bocetos para el próximo mural. ‘Mira, mira lo que hago con tus garabatos’. Diego admira la fiereza de sus cóleras. Sus escenas de celos lo halagan. Iluso, se convence: ‘Pobrecita, nadie me ha querido tanto’”: “Dos veces única”, Elena Poniatowska.

  

 

Lupe Marín rompe.  Los platos y los bocetos, como escribe Elena, pero también tantos estereotipos de femineidad, tantas reglas sociales, tantas consideraciones mínimas de la convivencia civilizada. Rompe para bien y para mal. Rompe porque su lengua no se detiene para decir lo que piensa, aunque dañe y/o sea injusta. Porque su sentido del humor y su extroversión se desbordan. Rompe porque es la madre cruel de sus dos hijas: Lupe y Ruth Rivera y la madre que abandonó –sin clemencia-  a Antonio, su hijo con el químico y poeta Jorge Cuesta.

 

Las furias de Lupe eran incendiarias. Estaba dispuesta a pelearse con uñas y dientes con quien fuera, con mucha frecuencia con otras mujeres, por rivalidad y por celos. Odió a Tina Modotti por su relación con Rivera. Odió en su momento a Frida Kahlo, con quien sin embargo sostuvo una relación toda su vida. Elena narra la escena en la que Lupe irrumpió en la fiesta de bodas de Frida y Diego, levantó la falda larga de la pintora y exclamó ante los invitados:  “Miren, miren, miren por qué par de piernas me cambió Diego Rivera”. Esta escena brutal aparece –también- en la Película “Frida” dirigida por Julie Tymor, con la actuación de Salma Hayek (como Frida) y basada en la biografía de Frida Kahlo escrita por Hayden Herrera.

               

 

Lupe Marín Preciado (Ciudad Guzmán, Jalisco, 16 de octubre 1895) llegó a Guadalajara a los ocho años. Cuenta Elena que –muy joven-  asistía con una amiga al Círculo Bohemio convocado por Siqueiros y Zuno. Su hermana María estaba casada con el pintor y muralista Orozco Romero,  lo que era como una verdadera piedra en el zapato de las rivalidades de Lupe. Oyó hablar de Diego Rivera, recién llegado de París y le dijo a Zuno que le diera 50 pesos para viajar a la ciudad de México a conocerlo. Agregó: “No me voy a casar contigo, sino con él”.

 

Rivera se pasmó ante la belleza de Guadalupe, ante sus ojos verdes descritos una y otra vez como espectaculares. También, sin duda, ante su temperamento apasionado y explosivo. Al salir de París, Rivera se despidió de dos mujeres, ambas madres de hijos suyos: su esposa, la pintora rusa Angelina Beloff (El entrañable personaje de “Querido Diego te abraza Quiela”, también escrito por Elena) madre de Diego, el pequeñito que murió a los catorce meses durante un invierno helado en París. Y de la también pintora rusa Marevna Vorobeb, madre de su hija Marika.

 

Diego, Lupe y Lupita.

  

Después de sus amores rusos y el exilio, no es difícil imaginar la fascinación de Rivera ante esa mujer morena, sensual,  provocadora y divertida. Venía al reencuentro de su país, y Lupe Marín lo encarnaba. “La dulce Angelina Beloff desaparece frente a esta serpiente de plumaje esmeralda”, escribe Elena. Se casaron en 1922, Rivera tenía 35 años y Lupe 26.  Felices “La prieta mula” (como la llamaba Diego) y su “Panzón”.  “Los muros de la casa de Mixcalco en la Merced  se cubren de Lupes dormidas, Lupes con la boca abierta, Lupes bañándose, Lupes gritando, Lupes con los brazos en alto, Lupes con sus pechitos totalmente inexistentes al lado de las dos peras de las bañistas del istmo de Tehuantepec”.

               

“Yo no estaba preparada pero todo ese revuelo alrededor de Diego comenzó a gustarme”. Son increíbles las historias de Guadalupe, algunas para morirse de espanto y otras para morirse de risa. O entremezcladas: “David Alfaro Siqueiros cada vez más agresivo, golpea la mesa en la casa de Mixcoac, y Revueltas –menos alto y fuerte- lo imita. Diego recibe la doble embestida sin inmutarse. Desde la cocina, Lupe grita: ‘No te dejes chamaquear por esos inútiles. ¿No te de vergüenza?’”.

 

Siqueiros se levantó de la mesa, entró a la cocina con Fermín Revueltas tras él: “toma a Lupe de los hombros, la empuja hacia la recámara y la encierra con llave”. Rivera lo permitió. “Tú decides cuando soltar a la fiera”, le dijeron antes de irse. La venganza de Lupe no se hizo esperar: “Días más tarde, Siqueiros lee en la primera plana de La Prensa que de la ventana de la casa de Diego Rivera en Mixcalco cuelga una manta: ‘En esta casa no vuelven a poner sus cochinos pies el padrote de Siqueiros y el borracho de Revueltas’”.

 

En 1924 nació Guadalupe Rivera Marín. Lupe se sentía atada por esa criatura que la obligaba a quedarse en casa, la alejaba de su “Panzón”, a quien se le daba, por otro lado, el alejarse de continuo. Para entonces los celos de Lupe por Tina Modotti ya eran infernales. Al punto, que según le contó ella misma después a Diego, planeó matarlo con el apoyo de su leal amiga la cantante Concha Michel. Sus rivales reales o imaginarias reciben rodo tipo de apodos denigrantes: “La Monotti”, “La cucaracha”. “Changa esquelética”. A todas les iba a “sacar los ojos” y a “darles en la torre”.

 

Lupe Marín pintada por Rivera.

 

Tan buena para la cocina como para el corte y confección, amante de la literatura y adoradora de Dostoievski, Lupe decide dar clases de corte y confección en una escuela del barrio de la Merced. En 1927 nació Ruth. Lupe comienza a frecuentar a Los Contemporáneos, por Torri conoce a Villaurrutia y a Novo. Los pleitos entre los Rivera Marín aumentan en ferocidad. “A Pico (Lupe -hija) los jalones, golpes, cachetadas, puñetazos y patadas entre Diego y Lupe la marcarán toda su vida”. 

 

Pero a como atacaba a su “Panzón”, así lo defendía: el poeta Maiakovski visitó México y le ofrecieron una cena en la embajada rusa, Luis y Leopoldo Alemán insultaron a Rivera acusándolo de venderse al “gobierno burgués”, Lupe se puso de pie y respondió: “Diego puede pintar como quiera, incluso en el culo de Stalin, si se le da la gana… El gran país Rusia que todos admiramos, no puede ser tan limitado como para limitar a sus creadores, ¿verdad, embajador?”. 

 

En una de sus reuniones Lupe conoció al poeta veracruzano Jorge Cuesta, quien cayó desmayado ante ella y comenzó a escribirle cartas de amor que ella escondía en los cajones de su ropa interior. En 1927 Rivera decide viajar a Rusia contra la voluntad de su esposa. Lupe Rivera Marín se aterra ante la partida de su padre. Elena cuenta como en su pasión por las joyas, Lupe fue una vez al Monte de Piedad en el centro con su hija mayor, como la niña le estorbaba para elegir, salió y la amarró a la reja de la Catedral. Cuando regresó desató su furia encontrarla “orinada y llorosa”.

 

El cortejo de Jorge Cuesta a Lupe Marín es lo más cercano que una puede leer a un tormento: no vive sin ella, la angustia y la culpa lo acosan, y así se lo manifiesta. Jorge padece migrañas, se enferma, analiza sus síntomas. Diego Rivera viajó a Unión Soviética. Lupe estaba sola con sus hijas. La maternidad la angustiaba.  Tal vez pensó que después de un amante-marido impuntual como Rivera, la mejor elección era un hombre enfermizo, dependiente que escribía: “De cualquier manera toda mi vida es tuya, te lo juro. Si ya no quieres nada conmigo, toda es tuya también. Jorge”.

              

Lupe y Frida (la foto apareció así, doblada a la mitad). 

 

El matrimonio de Cuesta y Lupe fue una catástrofe. La familia de Cuesta la detestaba, y ella se lo regresaba con creces. Se moría de aburrimiento en Potrero (Veracruz), Cuesta era muy dependiente de su madre y de su hermana. El enamorado transido se convirtió –al parecer- en un hombre frío apenas su musa accedió a dejar de ser imposible, y a acompañar su vida cotidiana. Intentó ser un “padre” amoroso con las hermanas Rivera. Después regresaron a vivir a  la ciudad de México. Diego regresó de Unión Soviética, conoció a Frida, se enamoró y se casó con ella.  Lupe se volvió loca de furia.

 

En 1930 nació Lucio Antonio Cuesta Marín. Su madre, quien nunca pudo cuidarlo,  cayó en una depresión y le llamaba “el individuo”. Lucio creció al cuidado de su tía y de su abuela paterna. Elena habla de él (ya adulto): “Devanó ante mis ojos una vida de mucho sufrimiento”. El odio de Lupe por Cuesta  y su desprecio por él fueron intensísimos y para siempre. Lo acusaba de haber perdido a Rivera por su culpa. Después de una depresión con hospital incluido, Lupe –ya sin Cuesta- viajó a Europa en un viaje que le ofreció Diego.

 

“Lupe” escribe Elena, “vive la vida de Diego…acude todos los días a la Casa Azul…con la anuencia de Frida metía su cuchara en todo”. ¿Y las hijas de Lupe? “Ruth evita cualquier enfrentamiento con Lupe Marín pero los choques entre Lupe chica y su madre son cada vez más violentos. Del hermano pequeño, Lucio Antonio, nadie se acuerda”.

 

En 1938 Lupe publicó su obra autobiográfica: “La única”, su venganza contra su segundo marido. El poeta Jorge Cuesta comenzó a padecer crisis de paranoia. A los 38 años intentó “reventarse los testículos con un pica hielo” y fue internado en un hospital psiquiátrico en el que se suicidó, colgándose de las sábanas atadas a los barrotes de la cama. En sus momentos de lucidez en el hospital corrigió “El canto a un dios mineral”. Cuando en el entierro de su padre Lucio quiso acercarse a su madre, su madre le dio la espalda y se alejó.

 

En el año de 1941, Lupe Marín publicó su segunda obra: “Un día patrio”. Lupe, las hijas de Lupe y sus nietos. Las luces y las sombras de Diego Rivera iluminando/pesando sobre ellos. La maravillosa amistad de Lupe con el pintor Juan Soriano, quien la adoraba. El amor de Lupe por sus nietos y su dureza con ellos. La muerte de Diego Rivera en 1957. El 15 de septiembre de 1983 “La Mula Prieta” estaba hospitalizada. Había planeado celebrar esa noche en Palacio Nacional junto a Jorge Díaz Serrano. Le parecía guapísimo. Ya tenía su vestido y sus zapatos nuevos italianos, según le contó a Elena una de las más cercanas amigas de Lupe: Chaneca Maldonado. Murió esa mañana en los brazos de su nieto Diego Julián.

 

 

@Marteresapriego