Opinión

La muerte de la globalización y el nuevo nacionalismo de la era Trump

La postura de Donald Trump es muy similar a la de uno de esos fervorosos nacionalistas que en 1994 inundaron las calles de la ciudad de México.

  • 19/01/2017
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Este día arribará finalmente a la Casa Blanca el presidente electo Donald Trump; con él, habrá llegado una nueva era en las relaciones diplomáticas a nivel mundial.

 

El poderío económico y militar que aún representan los Estados Unidos, le otorgan al nuevo mandatario, la patente de corso para replantear la historia y cambiar las reglas del juego de la globalización y la economía mundial.

 

De hecho y para ser más precisos, nunca perdió esa potestad. Tal vez lo que sucedió, es que ese país consideró a bien democratizar la economía global por un tiempo. Al parecer, antes de 40 años, el gran experimento se fracturó, y como respuesta, los precursores de la globalización, decidieron cerrar sus puertas antes de continuar adelante con su expansión y dominio económico mundial.

 

La postura de Donald Trump es muy similar a la de uno de esos fervorosos nacionalistas que en 1994 inundaron las calles de la ciudad de México para exigirle al gobierno que no firmara el tratado de libre comercio, y antes de eso, voltear los ojos hacia su economía local para fortalecer el crecimiento interno del país.

 

Eran otros tiempos, época de cambios, pues el proteccionismo había sido el causante de tantas crisis y retrasos en las economías de los países en desarrollo. Había llegado la era de globalización y con ella, el crecimiento sostenido de las economías afligidas.

 

Sin embargo, Trump considera que tanto liberalismo, cayó en libertinaje y algunos países como China y México, abusaron de las bondades del libre mercado y terminaron por causar más prejuicios que beneficios a la economía de los Estados Unidos.

 

La visión del nuevo presidente no es tan errada, pues muchas empresas comenzaron a llevar sus plantas de producción a México y posteriormente a China. Además, con las bondades de aranceles bajos, las exportaciones mexicanas y chinas, llegaron a territorio nacional para desplazar buen número de productos estadounidenses.

 

El golpe de timón que dará Trump en materia de comercio internacional, obedece entre otras cosas, a dos factores de vital importancia para los Estados Unidos, seguridad y crecimiento económico.

 

En el primer caso, la seguridad nacional es primero, es lo que ha manifestado en más de una vez Donald Trump y ello no sólo implica evitar la llegada de más inmigrantes latinos, especialmente mexicanos, si no seguridad contra el terrorismo y paz social. ¿Por qué? Porque al tener menos empresas produciendo en el país, las calles se seguirán llenando de americanos desempleados y las filas para obtener la subvención por desempleo, terminaría por asfixiar las finanzas públicas.

 

La fórmula sencilla de producir riqueza en el país para generar crecimiento y desarrollo social (y que en más de una ocasión hemos mencionando en este espacio), es parte de la tesis de Donald Trump. En pocas palabras, y aunque a muchos les parezca primigenio y rupestre, el nuevo presidente de los Estados Unidos, aplica, eso sí a raja tabla, los principios básicos de economía.

 

Pero más allá de lo que éste personaje intente hacer, algunas de las preguntas obligadas son: ¿qué hará México? ¿Qué debe hacer? ¿Cómo debe responder? ¿Cómo debe negociar el TLCAN? La verdad es que ninguna de las preguntas anteriores tiene una respuesta sencilla, y antes de eso, cada una lleva a temas más profundos de reflexión.

 

Muchas voces se han rasgado las vestiduras aduciendo que nuestro principal problema es la alta dependencia con los Estados Unidos. Pero se les olvida a algunas de esas voces, que en su momento fueron promotores de la firma del TLCAN y que incluso se beneficiaron de ello. La pregunta aquí es si México debe cerrarse y volver al proteccionismo.

 

No lo creo, de hecho, parte del libre comercio seguirá funcionando digamos de manera normal, mientras que otra parte sufrirá cambios y ésa será la que Donald Trump y su gobierno determinen que deben ser de seguridad nacional. ¿Qué sectores de negocios preguntarán algunos? La respuesta nuevamente es, todos los que consideren pertinentes.

 

Contrario a lo que sucederá de este lado, pues la idea del gobierno mexicano y muchos apologistas del neoliberalismo será seguir entregando y aperturando todo lo que haya que sacarle de las manos a los mexicanos. Sin importar que sea de seguridad nacional como lo son la producción de petróleo, energéticos, electricidad, telecomunicaciones y suministro y abastecimiento de agua potable a los centros urbanos.

 

Quizás haya quien llame a lo anterior nacionalismo, en lo particular yo le llamaría seguridad nacional, y es exactamente lo que está haciendo Trump. Podemos ser socios comerciales de los Estados Unidos y del resto de los países que a México convenga, lo que no podemos hacer, es privilegiar el interés de unos cuantos por sobre el de todos los mexicanos. Eso es lo que Trump intentará evitar en Estados Unidos, quien además parece estar dando una cátedra de soberanía nacional.

 

El problema es que la personalidad de Trump es muy beligerante, y eso lo hace patente a cada momento en cada uno de sus discursos ante los medios de comunicación. El peligro de éste personaje es que no cumple protocolos y no está dispuesto a seguir ninguna regla jurídica internacional.

 

En pocas palabras, un discurso nacionalista mal encausado, puede llevar a quien lo utiliza hacia un régimen dictatorial, segregasionistas y bélico. Y de ello ya ha dado muestras el señor Trump.

 

Crítico fuertemente a la OTAN organismo al que dice, ya no dará apoyo económico y ha señalado abiertamente al gobierno de China como un régimen desleal para el comercio y al que piensa limitar su injerencia política en Taiwán.

 

Aliarse con Rusia, parece una locura para las jóvenes generaciones, pues no entienden cómo un país como los Estados Unidos, está dispuesto a pactar con un gobierno con quien sostuvieron una larga guerra fría. Se les olvida que ese país, fue el aliado perfecto para detener el ascenso de Hitler en Europa durante la segunda guerra mundial. Hoy, el papel de los rusos, es estratégico para la política del gobierno de Trump en Asia.

 

En cuanto al gobierno de México, existe un consenso generalizado entre la opinión pública ante la falta de políticos que estén a la altura para sentarse a renegociar el TLCAN con los Estados Unidos. Antes que eso, el gobierno de Peña Nieto, cedió sin negociación aparente ante el nuevo gobierno de ese país, con la extradición del Chapo Guzmán.

 

@ijm14

@OpinionLSR

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