Opinión

La monja roja del Mayab

La historia de amor de Felipe Carrillo Puerto y la periodista Alma Reed ha hecho correr mucha tinta.

  • 02/02/2016
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“A quienes nos acusan de querer salirnos de nuestra esfera, respondemos que nuestra esfera está en el mundo. La mujer está en todas partes porque representa más de la mitad del género humano y su vida está íntimamente ligada con la otra mitad”. Hermila Galindo.

 

 

                       

El trece de enero del 2016, a cien años del Primer Congreso Feminista celebrado en Mérida, el nombre de Elvia Carrillo Puerto, la primera diputada electa en México en1923,  fue colocado con letras de oro en el muro de Honor del Congreso de Yucatán. Aunque Elvia (por razones no muy claras) no haya participado en ese Primer Congreso, resulta más que justo este homenaje. Gratitud y memoria para esas mujeres que arriesgaron todo, para transformar los mapas mentales, las costumbres, las leyes que excluían a las mujeres. No demos por hecho nuestros derechos. Sin mirar hacia atrás, hacia ellas, hacia sus luchas. No las olvidemos.

 

Cualquier niña que haya crecido en el sureste mexicano caminó alguna vez por una calle que se llamaba Felipe Carrillo Puerto. Jugó en un parque, visitó un poblado, atravesó un río en una panga con el mismo nombre. Entonces, nadie parecía recordar a  su hermana Elvia. Felipe Carrillo Puerto fue gobernador (socialista) de Yucatán de 1922 a 1924. Fue fusilado en el cementerio general de Mérida el tres de enero, por órdenes del General Ricárdez Broca. Él y tres de sus hermanos: Benjamín, Edesio y Wilfrido.

 

La historia de amor de Felipe Carrillo Puerto y la periodista Alma Reed ha hecho correr mucha tinta. Se conocieron, se enamoraron, él solicitó a Luis Rosado Vega (dicen que durante un viaje en carro) que compusiera una canción para su amada. Así nació “Peregrina”, con música de Ricardo Palmerín, una de las más hermosas canciones de la trova yucateca. ¿Dónde estaba Elvia en medio de los fulgores de la omnipresencia de su hermano “El dragón rojo de los ojos de jade”? ¿Dónde ante la belleza y los talentos de Alma Reed? Un nombre oculto, postergado. Hasta que activistas e historiadoras feministas fueron por ella. Reivindicaron su nombre, su historia, sus bellezas, sus legados.

 

Fue muy tarde, cuando por primera vez escuché hablar de ella. ¿Felipe Carrillo Puerto tuvo una hermana, profesora y feminista? ¿Una sufragista? ¿Cómo? Elvia nació el 6 de diciembre de 1878 en el pequeño poblado de Motul (ahora, Motul de Carrillo Puerto). Fue la sexta de trece hijos. Motul en maya significa: “que no se derrama, que no se desborda”. Pero vaya que Elvia quiso y eligió desbordarse, como sus hermanos. Testigos de la riqueza henequenera y de la miseria de los campesinos mayas.  Los abismos. Los barcos que llegaban cargados de vinos, muebles y telas finas para los amos, y los peones “acasillados”, atrapados por las tiendas de raya y las deudas eternas. Los Carrillo Puerto pertenecían a una clase media que accedió a la educación. Asistieron a una escuela laica y aprendieron maya.

 

Elvia se casó a los trece años y tuvo un hijo a los 14. Quedó viuda (a los 23 años.) Trabajó como maestra de primaria, en las haciendas enseñaba a leer y escribir a los niños en maya y en castellano.  Organizó la Liga Feminista Campesina Rita Cetina Gutie´rrez,  en 1912. Rita fue una maestra yucateca pionera del feminismo en México y en América Latina (1846 -1908), se dice que muchas de las reflexiones de la joven feminista tan amante de los libros y los debates políticos, se inspiraron en ella.

 

La casa de los Carrillo Puerto en Motul. 

 

En 1915 el general Salvador Alvarado es nombrado gobernador de Yucatán. En 1916 convoca al Primer Congreso Feminista. No sin cantidad de ataques, burlas, intimidaciones de quienes consideraban que una reunión de mujeres a la búsqueda de sus derechos, era un insulto y una afrenta. Las “locas del desván tomaron las calles de la ciudad. Se reunieron. Debatieron. La prensa se desató contra ellas. Uno de los puntos de la convocatoria firmada por Alvarado:

 

“Considerando que para que puedan formarse generaciones libres y fuertes es necesario que la mujer obtenga un estado jurídico que la enaltezca, una educación que le permita vivir con independencia, buscando en las artes subsistencia honesta, que, de este modo, los hijos que constituyen la patria futura se eduquen imitando en las madres edificantes ejemplos de labor y libertad”.

 

TEMAS A DEBATE EN EL PRIMER CONGRESO FEMINISTA DE YUCATÁN

 

1. ¿Cuáles son los medios sociales que deben emplearse para manumitir a la mujer del yugo de las tradiciones?

 

2. ¿Cuál es el papel que corresponde a la escuela primaria en la reivindicación femenina, ya que aquélla tiene por finalidad preparar para la vida?

 

3. ¿Cuáles son las artes y ocupaciones que debe fomentar y sostener el Estado, y cuya tendencia sea preparar a la mujer para la vida intensa del progreso?

 

4. ¿Cuáles son las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido sino también dirigente de la sociedad?

 

617 delegadas de todo el país asistieron a la cita en el teatro Peón Contreras en Mérida. Entre las más aguerridas, la ponencia de Hermila Galindo (no fue leída por ella), quien incluía en sus reivindicaciones una educación para las mujeres que llamara al trabajo intelectual y que incluyera la educación sexual. Solicitaba leyes que protegieran a las mujeres casadas o no, y a los llamados hijos “ilegítimos”. Galindo cuestionaba la doble moral que ofrecía libertades a los hombres y reprimía de manera más que inequitativa a las mujeres. Es pasmoso, cuando una piensa que corría el año de 1926 y que la poderosísima religión católica controlaba sin tregua la vida privada y pública de las mujeres. Hay quien afirma que Elvia se negó a participar en el Congreso porque no se admitía la presencia de mujeres sin educación primaria, requisito que le habría parecido discriminatorio.

 

Elvia Carrillo Puerto.

 

Pero su activismo fue incansable. Elvia participó en la fundación de las  "Ligas de Resistencia Feministas”, se trataba de llamar a las mujeres de todo el estado  a organizarse y apoyarse unas a otras en temas urgentes: derecho al voto, higiene, alfabetización y osadía de osadías: control de la natalidad. Controlar el número de hijos que una mujer deseaba y era capaz de criar, significaba una afrenta mayor al considerado inamovible“deber ser femenino”. A toda una idea de femineidad anclada en el “antes que todo madre de todos los hijos que dios me de”. El control natal era (a como ha sido) un paso indispensable en la búsqueda de libertad de las mujeres y sostenía de fondo la más intolerable de las reivindicaciones para las sociedades conservadoras: el derecho de las personas a vivir su sexualidad de una manera libre y lúdica, más acá o más allá de los fines reproductivos.

 

Elvia, como sus hermanos, recibió una educación bilingüe, su fluidez en la lengua maya la acercaba a las mujeres más sometidas de Yucatán. Las mujeres mayas dominadas y abusadas, en tanto que indígenas y en tanto que mujeres. Cuando su hermano se vio obligado a huir a Nueva Orleans, Elvia partió hacia la ciudad de México. Continuó su trabajo feminista convocando a mujeres obreras, maestras, empleadas de gobierno. En 1922 Felipe es nombrado gobernador. Elvia lo apoya y continúa su labor feminista divulgando las técnicas de contro de la natalidad de la época. Defiende el derecho de las mujeres a recibir tierras cuando son cabeza de familia. La creación de guarderías infantiles, escuelas y da la batalla por la erradicación del trabajo sexual, ofreciéndoles a quienes lo ejercían la oportunidad de aprender un oficio.

 

En 1923, apenas aprobado el divorcio en Yucatán, deja a su segundo esposo. Ese año, la participación de la delegación yucateca en el Congreso Panamericano de Mujeres en la Ciudad de México dejó sin habla a las tres cuartas partes de la galería. ¡Claro que el derecho a votar y ser votadas! Pero también control de la natalidad y libertad sexual para las mujeres. ¡Demasiado esas Yucatecas que lo querían todo!  ¡Unas radicales, locas! Se armó un escándalo mayúsculo y sus temas –considerados tan amenazantes- fueron dejados de lado.

 

Al momento del asesinato de sus hermanos en 1924, Elvia era diputada electa en Yucatán, junto con dos mujeres más: la maestra Raquel Dzib y la bibliotecaria Beatriz Peniche de Ponce. Un logro histórico para el feminismo.  No pudieron, por supuesto, desempeñar sus cargos. Con cuatro de sus hermanos perseguidos y asesinados, la vida de Elvia corría peligro. Se escondió mudándose con frecuencia en casas amigas y en la de su madre, hasta que decidió exilarse en la ciudad de México. Se reunió acá con Elena Torres, y decidieron concentrarse, sobre todo, en la lucha por el sufragio femenino. “Si les damos el voto a las mujeres, van a votar por los curas”, “El voto femenino es una amenaza a la solidez y a los valores de la familia”. “Las mujeres no están hechas para participar en las cuestiones públicas que las alejan de los fines más nobles y bellos para los que fueron creadas”.

 

Cuentan que ya para entonces, Elvia era una mujer muy austera, que trabajaba mucho y reía poco. Que sus causas ocupaban su vida. Participó en el Partido Comunista Mexicano. Le llamaban: “La monja roja del Mayab”.  En 1927 fundó la Liga Orientadora Socialista Femenina y regresó a una de las grandes preocupaciones desde los inicios de su activismo en Yucatán: la creación de guarderías para los hijos de las madres trabajadoras. El Presidente Lázaro Cárdenas la honró como “Veterana de la revolución”.

 

Nunca cejó en su lucha por los derechos de las mujeres. Nunca dejó de lado su preocupación por las mujeres y los hombres mayas. Amaba esa lengua. La que le llegó en sus orígenes en la escuela  del pueblo de Motul. La lengua que también amó su hermano. Cuentan que durante su estancia en la cárcel, Felipe tradujo la Constitución Mexicana a la lengua maya.  Así, como en maya, y en castellano, Elvia recorrió Yucatán de esquina a esquina con la esperanza de una transformación social profunda que erradicara la desigualdad.  El racismo feroz. Las enormes riquezas construidas sobre las espaldas agotadas de los peones. Un Yucatán que se reconociera en su grandioso pasado, y que lo honrara en la igualdad de derechos par sus habitantes.

 

Murió el 15 de abril de 1965 (también se dice que de 1967). Dicen que amaba a los perros y que vivía de manera muy modesta (como siempre vivió) en la colonia Rivera de San Cosme. Tuvo una nieta que lleva su nombre.  Está enterrada –por si desearan visitarla- en el cementerio general de Mérida. Y a media hora de la ciudad está Motul, el lugar de sus orígenes. Existe una biografía escrita por  Monique J. Lemaître. Y todo lo que falta por ser investigado en su vida. Por ser dicho. Dicen que era una mujer introvertida. Dicen que cantidad de palabras suyas, emociones, silencios, están aún por decirse. La fascinante y hermosa “Monja del Mayab”.

 

Para quien desee indagar un poco más:

 

A cien años del Congreso Feminista en Yucatán”, entrevista con la historiadora feminista Gabriela Cano, Colegio de México.

 

@Marteresapriego