Opinión

La mesa de Trump

Sin duda ha sido fascinante observar el surgimiento de este personaje camaleónico, entretenido y preocupante.

  • 14/03/2016
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Se suscitó un evento nunca antes visto en la historia presidencial de los Estados Unidos. Minutos después de que los noticieros estadounidenses le daban la victoria a Donald Trump en los comicios republicanos de Michigan y Mississippi, el candidato salió sonriente a aceptar su triunfo ¡y mostrar todos los productos de su empresa! En una mesa al lado de él, yacían carnes, aguas, vinos y revistas que eran producto de los negocios de Trump y que él quería mostrar al mundo.

 

A veces no es claro si la campaña de Trump fue diseñada para vender sus productos, como parecía esa noche o si su éxito comercial se hizo para que él llegara a ser el político más importante del país. Los dos elementos se confunden, se conjugan, se mezclan hasta que no se pueden separar.

 

Pero hubo algo aún más extraño de ese show comercial-político: Según una investigación de National Public Radio, esos productos en su mayoría ya no existen o no son propiedad legalmente de Trump. No sólo se confunden los imagines políticos y comerciales, sino que uno no sabe si estas imágenes tienen sustento en la realidad o no. Es un juego de espejos, que atrae y repulsa, emociona y choca, divierte y preocupa.

 

En cierto sentido, esa mesa de productos no existentes es una buena metáfora de la campaña del Señor Trump, quien cambia de postura y de argumentos de momento a momento. De pronto juega el bully de la escuela y luego el seductor. Un día ataca a los mexicanos, los musulmanes, los chinos, y otro día llama a la unidad. Se presenta como un ultra conservador y luego como un hombre pragmático que está dispuesto a considerar alternativas. Un momento crítica la clase política y económica del país y otro momento se ufana de su éxito como el empresario más exitoso del país (según él) y de sus conexiones políticas.

 

Sin duda ha sido fascinante observar el surgimiento de este personaje camaleónico, entretenido y preocupante, pero ya acabaron los juegos. Ahora sí es un candidato en serio y puede ganar la candidatura presidencial del partido republicano, contra la voluntad de casi todos sus líderes. A pesar de sus inconsistencias, su falsedad y su juego perverso de división entre los electores, ha logrado canalizar la angustia y el enojo de una parte importante de la población estadounidense que ha sufrido el estancamiento de sus salarios y andan buscando culpables.

 

Hasta ahora, Trump está ganando sólo una tercera parte de los votos de los republicanos, un partido que representa una cuarta parte de la población, es decir, está recibiendo su apoyo de parte de un nueve por ciento de la población estadounidense. Casi todas las encuestas revelan que es un candidato débil en una elección general contra cualquiera de los dos posibles candidatos demócratas.

 

Pero no es imposible que este pequeño sector de la población que le está dando victoria tras triunfar en las primarias republicanas sea más grande de lo que parece. Si bien saben que su campaña está basada en promesas cambiantes y productos no existentes, como en aquella mesa, su enojo contra el sistema político que no les está dando el país que quieren, quizás sea más grande que su escepticismo a su charlatanería. Sigo creyendo que ese sector es una minoría de la población estadounidense, y las encuestas avalan esa opinión, ¿pero qué tal si estamos equivocados?

 

@SeleeAndrew

@OpinionLSR

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