Opinión

La Marianne herida

Los ataques terroristas.

  • 17/11/2015
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Atrapados en una sala de conciertos. Los hombres de negro con el rostro cubierto disparan ráfagas de ametralladora. Huir pecho tierra por entre las butacas, alcanzar el techo, una puerta de seguridad. Nadie entiende nada, sino esa urgente necesidad de salvarse y ayudar a otros a salvarse. Cuando se pudo. En la narración que hace la joven mexicana que logró escapar del infierno en el que se convirtió el Bataclan (narración transmitida por su padre), cuenta como algunas personas se ayudaron las unas a las otras hasta alcanzar el techo. Como una familia en un edificio vecino albergó a cerca de cincuenta personas en su casa durante las tres horas que duraron los ataques. Sumergidos en la oscuridad. Esperar que el horror termine. Que el horror que te alcanza, no te arranque la piel.

 

Cuando las balas se agotan, los hombres hacen estallar sus cinturones con explosivos. Eligieron ser “mártires”. No se suicidan, asesinan “cruzados” en una guerra que es “bendita” y que los llevará al encuentro del jardín del Edén creado con piedras preciosas. Allí donde esperan las huríes del profeta. Estos musulmanes bien concretos, con nombres y apellidos, estos, y no todos los demás, alcanzarán el Edén –están convencidos- por la vía de la destrucción y del asesinato masivo.

 

Además del Bataclan: Ataque en los alrededores del estadio. Otro frente a un restaurante y un café. Uno más frente a otro restaurante. Otro contra una pizzería. Otro en el bulevar Voltaire. La vida cotidiana: el concierto, la terraza de un cafecito, la rebanada de pizza. Lo recordamos: 12 personas fueron asesinadas  el 7 de enero de este año en el ataque terrorista en las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdo.

 

Los kamikazes. Foto tomada del periódico francés Libération.

  

Un inmenso duelo por las personas asesinadas y heridas en París. Por las amenazas de la organización Estado Islámico de que el horror continuará. Una tiembla por los musulmanes que viven en Europa. Por los musulmanes que estudian, trabajan, forman familias, cohabitan amistosamente con sus vecinos. Llegaron a Francia (a Europa) cargados de esperanzas y luchan por ellas todos los días. O nacieron en Francia y han vivido allí todas sus vidas. Una tiembla nada más de imaginar lo que sigue: los discursos de la ultra-derecha contra la inmigración y el derecho de asilo. La islamofobia. La caza al árabe y a todo aquel que pudiera parecerlo. El pánico llama a la xenofobia.

 

Marine Le Pen, líder del partido de ultra-derecha Front National declaró: “Diga lo que diga la Unión Europea, es indispensable que Francia recupere el control de sus fronteras nacionales de manera definitiva”. Dijo que Francia tiene que determinar quiénes son “sus aliados y quiénes sus enemigos”. Y los “enemigos” de Francia son “los países que sostienen lazos con el islamismo”. Llamó al cierre definitivo de las fronteras francesas.

 

¿Cerrar fronteras de manera definitiva? Las barcazas retan el mar cargado de seres humanos urgidos de refugio. El Mediterráneo y el Egeo arrojan los cuerpos sin vida de personas desesperadas que intentaron huir de la guerra. El cuerpo del pequeñito sirio tendido boca abajo sobre la playa. Uno de los terroristas entró a Francia con un pasaporte sirio, aún no determinan si real, robado o falsificado. Uno que llegó a matar, por decenas de miles que intentan llegar a vivir. El empecinado anhelo de vivir y de confiar. El empecinado anhelo de remar en la esperanza. Y se nos mezclan la tristeza, la desesperanza, el enojo. La confusión. ¿A dónde van a ir? ¿A dónde? Ellos, los que también huyen del Estado Islámico.

               

LOS ATENTADOS CONTRA LOS MUSULMANES CHIITAS EN BEIRUT

 

Adel Termos. 

 

L’OBS (Le Nouvel Observateur) publica esta foto de un hombre joven posando junto a su hijo. Fue asesinado en Beirut cuando detuvo a un terrorista durante los atentados cometidos por la organización Estado Islámico este 13 de noviembre en la capital libanesa. 44 muertos, 239 heridos. Dos de los terroristas detonaron sus cinturones explosivos en una calle de comercios frente a una panadería. Un tercero corrió hacia la mezquita (chiita) llena a esa hora. El padre del niño que aparece en la foto se precipitó sobre él y lo detuvo. Explotaron ambos.  Se llamaba Adel Termos y su nombre y su imagen recorren –en un homenaje- las redes sociales.  Al reivindicar el atentado el EI calificó a los musulmanes chiitas como “apóstatas”. Los ataques sucedieron en territorios del Hezbollah.

 

En los medios y en las redes sociales se levantó una inmediata oleada de empatía con el pueblo francés. En México, pronto comenzaron a circular los mensajes que señalaban –dolidos- que la tragedia en París ocultara la tragedia en Beirut. “¿Hay víctimas de primera y de segunda?”. Facebook propuso un avatar con los colores de la bandera francesa para acompañar la foto de perfil.

 

Cantidad de personas se sumaron a esta iniciativa como una manera de manifestar su solidaridad. En lo personal, no me encantaron esas fotos donde las personas sonríen o de plano ríen, en donde posan sexys, arregladitas, en poses de baile, (cuando es el caso) como señal de duelo. En todo caso, era más adecuada la bandera y evitarse la foto. Las fotos personales hacen ruido. Una especie de ruido mundano. La bandera a secas sería una forma de silencio.

 

Unas horas después, decenas de personas eligieron como perfil su foto con la bandera mexicana reivindicando las desapariciones forzadas, los asesinatos impunes en México. Ayotzinapa. Los feminicidios. “¿Por qué lloramos por Francia si no lloramos por México?” Algunas personas eligieron la bandera del Líbano: “¿Por qué los olvidamos a ellos?”. “¿Por qué el atentado en el campus de la universidad de Garissa en Kenya (perpetrado por el grupo islamista somalí Al-Shabbaab en abril de este año) y sus 152 muertos pasó casi desapercibido?". Es terrible y es cierto. Las noticias de las personas asesinadas en Kenya ocuparon muy poco espacio.

 

No sé qué decir, ante esta escalada de horror que azota al mundo. Desde septiembre  Francia bombardea los territorios bajo control del Estado Islámico en Siria e Irak.  Desconocemos el número de víctimas inocentes que los ataques hayan causado. Recojo opiniones de las redes. Preguntas: ¿Por qué se habla más de París que de Beirut? ¿Por qué lloran por los habitantes de París quienes no se preocupan por los feminicidios en el Estado de México? Las explicaciones son tantas. Desde el esnobismo más banal, hasta los vínculos amorosos profundos que unen a muchos mexicanos con Francia, como a muchos franceses con México. Cada quien llora por lo que quiere y por lo que puede. ¿Quién es una/o para juzgar?

 

En cuanto a una cierta tendencia a ignorar lo que sucede en México: ¿Quizá es menos complejo aceptar la tragedia y asimilarla cuando se le mira a distancia? ¿Quizá se tiende a negar y a evadir cuando el horror nos golpea en lo inmediato? En lo personal, no creo que dolerse por el cuerpo ensangrentado de un muchacho asesinado en el Bataclan -¿cómo podríamos no hacerlo?- nos arrebate los dolores que son tan nuestros y nuestros compromisos con ellos. Una empatía no excluye la otra.  Atrapados en la oscurísima noche de Iguala. Un cuerpo tendido en esa noche. Un cuerpo tendido en la noche de París. Un cuerpo tendido en una acera en Beirut. Los crímenes son distintos. A cada uno su especificidad.  Para intentar entender. Jamás justificar. Jamás.

 

Pero a veces una no entiende ya más nada. A veces, ninguna explicación racional nos permite aprehender las dimensiones de la crueldad.  Esa depredadora voluntad de dominio. Hoy me paseaba por las salas de Bellas Artes. Quise ver la exposición “La vanguardia rusa”, pero creo que no entendí demasiado. Como que no me concentraba, como que no estaba allí. Sí me ha dolido muchísimo París. Me duele ese país que me recibió durante nueve años y que me ofreció cantidad de oportunidades.  Toda una vivencia de la democracia. La calidad de ese otro país de mi hijo mayor.

 

Me duele sobre todo ese infinito desconcierto que una siente cada vez ante los horrores de la condición humana. ¿Hacia dónde va la escalada de la violencia? Cada escalada de cada específica violencia. Tanatos. Tanatos. Tanatos. Y esa pintura en una sala de Bellas Artes: un bello jinete de Kandisnky, que no puedo compartirles porque no lo encuentro. Eros. Eros. Eros. A veces una no entiende ya más nada. Nos aferramos a la cotidianidad. Ese día a día que la violencia incendió, arrebató a las víctimas. A todas las víctimas de todas las infamias.

 

Encontré varias citas del comunicado con el cual la organización Estado Islámico reivindicó los atentados de París, pero quise traducirlo completo: la locura destructiva palabra por palabra. “El ataque bendito contra los cruzados”. Por “cruzados” entendamos “los cristianos”.  Sí, como durante las guerras cruzadas. Dicen ellos. No dejen de leerlo. Es tremendo. Y cuando puedan quienes viven en la ciudad de México, vayan a mirar ese Kandinsky.  O lo que más les guste mirar creado por las manos de los hombres y por las mujeres. La creación y la destrucción. La luz y los abismos. Los extremos de la condición humana.

 

 París. Foto tomada del periódico Libération.   

 

                Communiqué sur l’attaque bénie de Paris contre la France croisée

            Comunicado sobre el ataque bendito de París contra la Francia cruzada

 

“Alá el muy alto ha dicho: y ellos pensaban que en verdad sus fortalezas los defenderían contra Alá. Pero Alá vino a ellos por donde no se lo esperaban, y lanzó el terror en sus corazones… en un ataque bendito en el que Alá facilitó las causas, un grupo de creyentes soldados del Califato, que Alá le ofrezca poder y victoria, tomó como objetivo la capital de las abominaciones y la perversión, la que porta la bandera de la cruz en Europa, París.

 

“Un grupo habiendo divorciado de la vida aquí abajo, avanzó contra sus enemigos, buscando la muerte en el sendero de Alá, socorriendo su religión, su profeta y sus aliados, y humillando a sus enemigos… Alá conquistó por sus manos y arrojó el miedo en el corazón de los cruzados en su propia tierra

 

“Ocho hermanos portando cinturones explosivos y fusiles de asalto tomaron como objetivo lugares elegidos con minuciosa anticipación en el corazón de la capital francesa, el estadio de Francia durante el partido de dos países cruzados, Francia y Alemania al cual asistía el imbécil de Francia François Hollande, el Bataclan en donde estaban reunidos centenas de idólatras en una fiesta de perversión, así como otros objetivos en los distritos décimo, undécimo y décimoctavo, y esto, simultáneamente. París ha temblado bajo sus pies y sus calles se volvieron demasiado angostas para ellos. El balance de sus ataques es de un mínimo de 200 cruzados asesinados y muchos más heridos, la alabanza y el mérito pertenecen a Alá.

 

“Alá ayudó a nuestros hermanos y les concedió lo que ellos esperaban (el martirio), detonaron sus cinturones explosivos en medio de esos infieles después de haber agotado sus municiones. Que Alá los acepte entre los mártires y nos permita alcanzarlos. Y Francia y aquellos que siguen su camino deben saber que permanecen como los blancos principales del Estado Islámico y que continuarán sintiendo el olor de la muerte por encabezar la cruzada, haber osado insultar a nuestro profeta, haberse vanagloriado de combatir al Islam en Francia, y golpear a los musulmanes en tierra del Califato con sus aviones que no les sirvieron de nada en las calles malolientes de París. Este ataque no es sino el comienzo de la tempestad y una advertencia para aquellos que quieren meditar y aprender la lección”.

 

@Marteresapriego