Opinión

La manifestación de las langostas blancas

Los manifestantes dominicales, no hablaran, se moverán y se marcharán como si de una horda de langostas blancas hubieran cruzado el Paseo de la Reforma.

  • 12/02/2017
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La marcha que se ha convocado para este domingo como muestra de protesta contra la actitud vociferante del presidente de los Estados Unidos en contra de México, y como señal de apoyo al gobierno de Peña Nieto, está manchada de varios matices, que bien valdría la pena, desmenuzar algunos de ellos.

 

En el primer lugar, aunque entusiasta, me parece que la reacción de las organizaciones civiles ha sido demasiado tardía, los mismo la de la UNAM y no se diga del gobierno federal, sin mencionar la de la CONAGO que ni siquiera se ha manifestado por lo menos con una postura de indignación.

 

La respuesta llega tarde no porque a mí me lo parezca, sino simplemente porque Donald Trump avisó desde antes de ganar las elecciones, que iría tras del TLCAN y tras de México, cosa que reafirmó ya como presidente, incluso antes de ser ratificado y tomar formalmente posesión.

 

Durante todo ese periodo que fueron poco más de dos meses, todos los actores importantes de la sociedad civil en México y que hoy se manifiestan, permanecieron estáticos, inmóviles e impávidos observando como Trump denostaba no sólo la figura presidencial, si no la soberanía de un país que se precia de serlo.

 

Después de varias sacudidas, la comunidad empresarial mexicana salió de donde se encontraba agazapada al igual que las organizaciones civiles que marcharán este domingo en repudio a la actitud del presidente de EU y como respaldo dicen a Peña Nieto, cuyo gobierno se encuentra maltrecho y en la lona a consecuencia de los golpes continuos de Donald Trump.

 

Pero ¿qué defienden estos ilustres y distinguidos ciudadanos vestidos de blanco que quienes los lideran, poco o nada han hecho por tener un país con mejores condiciones de desarrollo económico y social?

 

Entre otras cosas, es casi seguro que lo que demanda es resguardar sus estados de privilegio y para ello, buscan hacerle saber a Peña Nieto que estarán con él y por eso deberá negociar o aceptar lo antes posible lo que consideren aceptable en la renegociación del TLCAN, siempre y cuando, no salgan perjudicados sus intereses.

 

En otras palabras, no echar atrás ninguna de las reformas aprobadas, ni tampoco modificar el modelo económico neoliberal que hoy casualmente escupe y denigra Donald Trump como causa de la crisis económica de los Estados Unidos.

 

Pero quizás ninguna de las deducciones anteriores, sean correctas y posiblemente, su protesta sea más auténtica de lo que parece, el problema es que se tardaron en responder, porque lo que manifestaron en dos meses, fue una actitud timorata y comodina que su arrogancia les hacía suponer que en cuatro días Donald Trump se callaría, cambiaría su actitud hacia México y todo seguiría como antes.

 

Y aunque su reacción sólo obedezca a que en verdad sintieron amenazados sus intereses, no debemos olvidar que muchas de las organizaciones que hoy se manifiestan, hace ocho meses alzaron la voz en contra del gobierno de Peña Nieto cuando éste firmó el decreto 3 de 3 que obligaba a públicos y privados a dar a conocer su patrimonio con el fin de sentar precedente y combatir la corrupción.

 

Su poder y capacidad de coerción ejercida en contra de ese decreto, terminó en la derogación en público de esa iniciativa por el mismo Peña Nieto. Bajo ese contexto, ¿qué reclaman este día los manifestantes?

 

Muchos de los actores de esta marcha, tienen intereses y beneficios por la reforma energética, y modificar un ápice de esa o de cualquier otra de las reformas, iría en contra de su convicción fundamentalista de la política neoliberal que han impulsado, y que causalmente entre otras cosas, es causante de la actual crisis económica que vivimos los mexicanos y de los millones de migrantes que han salido del país hacia los EU desde hace 30 años.

 

La postura de muchos de los manifestantes de este domingo, es con el objetivo de salir a las calles a defender el neoliberalismo, a mantener sin cambios la política aplicada por los últimos cinco gobiernos, defender el libre mercado y a convertirse en apóstoles de la globalización, cuando ésta, se encuentra en un proceso de transformación sin que nadie atine a pronosticar lo que resultará del Brexit inglés y de la Política proteccionista de Donald Trump.

 

Es irónica la postura de nuestros manifestantes dominicales cuando los padres de la globalización reniegan de ella, esto claro, sin que ello signifique, que las dos grandes potencias renunciarán a sus privilegios de explotaciones de otras naciones y de la implementación de una nueva era de capitalismo.

 

Esto es significativo, lo que estamos mirando es que tanto ingleses como estadounidenses, han metido freno de mano a la orgía desmedida en que se había convertido la globalización, porque ambas naciones no estaban obteniendo los dividendos esperados, además de que comenzaron a perder el control del sistema que habían diseñado para su propio beneficio.

 

En otras palabras, estamos en la antesala de un nuevo orden mundial geopolítico, económico y estratégico, que mantendrá los principios del capitalismo, pero limitará los beneficios de la globalización que no del libre mercado. Es decir, es libre mercado seguirá operando de la misma manera, sólo que unos cuantos podrán hacer negocios con los poderosos y otros sólo les servirán.

 

Es en este punto, es en donde salta la importancia del papel y la actitud asumidos por el gobierno mexicano y de su casta empresarial y de neoliberales que se manifiestan este domingo, tratando de defender algo que ya no existe y que no se han tomado la molestia de analizar hacia dónde se dirige lo que será en poco tiempo, la nueva economía global.

 

O quizás sí lo saben, y por ello ahora más que nunca, empujarán al gobierno de Peña Nieto y a su gabinete, para que asuma compromisos y condiciones que resguarden su status quo y que el gobierno de Donald Trump considere a bien imponer a México.

 

Por lo anterior, es que me atrevo a señalar que la manifestación de hoy, es poco auténtica debido a que los intereses y dignidad que dicen defender, no es el de toda la nación, ni tampoco contempla a todos los sectores políticos, económicos y sociales del país. Bueno de hecho, ni siquiera pronunciarán un discurso de “dignidad”, preferirán marchar en silencio para no politizar el acto (dicen) y para evitar comprometer y comprometerse con algo que convenga a sus intereses.

 

Desafortunadamente, la marcha dominical no es de unidad nacional como presumen los convocantes, y antes que eso, lo que confirma es la profunda división que existe en México entre quienes asumen que la globalización es el camino al desarrollo y entre quienes presumen que es causante de la actual crisis económica mundial.

 

Los manifestantes dominicales, no hablaran, se moverán y se marcharán como si de una horda de langostas blancas hubieran cruzado el Paseo de la Reforma. Quizás tal vez, su movimiento habría cobrado un poco de más de credibilidad, si los hubiéramos escuchado manifestar su compromiso de realizar fuertes inversiones para reactivar la economía interna o tal vez plantear una propuesta de agenda y peticiones al gobierno de Donald Trump para renegociar el TLCAN.

 

Pero no, ese tipo de actos se los dejan a los otros, a los irracionales, a los inconformes de todo y por todo, a los ignorantes, a los incapacitados para dialogar, a los revoltosos, a los beligerantes, pero sobre todo a los detractores del libre mercado.

 

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