En América Latina existen 58 millones de mujeres que viven en el campo, pero solamente 17 millones están consideradas como parte de la población económicamente activa. Pese a que las mujeres rurales realizan múltiples actividades: intervienen directamente en la producción de alimentos, en labores de cuidado, en la administración de la economía familiar y en muchos casos como jefas de familia, sus actividades no son reconocidas por los estados. 

 

En aquellas comunidades que han sido afectadas por el extractivismo, las mujeres además han jugado un papel clave en la organización de la defensa del territorio. Hasta ahora, no existe un indicador al respecto, pero hay una concepción generalizada acerca de que en los procesos de defensa de la tierra, son las mujeres quienes se colocan al frente y en primera línea para luchar. Sin embargo, irónicamente en la mayoría de los casos, las mujeres defienden una tierra que no les pertenece, puesto que no son propietarias, es más, ni siquiera son consultadas frente al impulso de proyectos extractivos en sus comunidades.

 

La lucha por la tierra y en defensa del territorio es amplia en América Latina, en varios países existen campañas, propuestas y movimientos de mujeres rurales, a través de los cuales han tomado el liderazgo y emprendido la lucha. En Guatemala por ejemplo, las mujeres se articularon en torno a la Red de Mujeres Rurales Centroamericanas (RECMURIC) y han presentado varios informes sobre desigualdad y acceso a tierra, para incidir en la toma de decisiones de su gobierno. En Honduras, las mujeres se articulan en torno a la Plataforma Agraria, y recientemente lanzaron una campaña en defensa de la madre tierra y en contra de los proyectos mineros e hidroeléctricos que amenazan el territorio.

 

En Nicaragua por ejemplo, las mujeres rurales se han movilizado públicamente para pedir la asignación de dinero para un fondo para adquisición de tierras que se aprobó en el papel hace siete años. Mientras que en Colombia, las mujeres se aglutinan en torno a la mesa de incidencia política de las mujeres rurales, quienes además, en un contexto de guerra han logrado que, de sus diez demandas sobre derechos de las mujeres rurales, dos fueran plasmados en el Plan Nacional de Desarrollo.

 

Pero la lucha de las mujeres rurales en México en torno a una defensa colectiva del territorio también es fuerte pese a enfrentar un contexto sumamente adverso. En el país, las diferencias de género son notables; existen pocos mecanismos para que las mujeres rurales puedan tener acceso a la tierra, prácticamente la mitad de las ejidatarias ha obtenido su tierra mediante herencia y 23% lo han hecho por cesión. A las desigualdades descritas, es necesario sumar aquellas generadas por razones culturales, como la discriminación, que se agudiza si las mujeres rurales además son indígenas.

 

En algunas comunidades que se han opuesto al avance de la minería y de megaproyectos, las decisiones en torno a la tierra son tomadas por los hombres, no sólo porque son mayoritariamente los propietarios de la misma, -apenas un 8% de las mujeres rurales son dueñas de la tierra-, sino también porque el machismo sigue siendo una constante arraigada.

 

Pese al duro contexto, las mujeres rurales en México han jugado un papel clave al defender sus territorios, haciendo actividades que incluyen desde la organización de actividades de difusión y educación para alertar sobre los impactos de las actividades extractivas, labores de comunicación, y hasta actividades de movilización como marchas, protestas, bloqueos de accesos a minas, presas, centrales o caminos. En otros casos, incluso, las mujeres rurales han tomado el liderazgo político en la defensa de sus territorios, asumiendo los riesgos de ser criminalizadas. Hay otros momentos también, en que la participación de las mujeres no es en la primera línea, sino apoyando las acciones de movilización de los hombres, con tareas de alimentación y cuidado sin las cuales no sería posible el proceso de defensa.

 

En el marco del Día Internacional de la Mujer conmemorado esta semana, es fundamental que los estados reconozcan y visibilicen a las mujeres rurales, campesinas e indígenas, que poco a poco van penetrando en los espacios políticos comunitarios, antes exclusivos de los hombres. También es fundamental que ellas puedan tener un acceso igualitario a la Tierra no sólo en México, sino en toda América Latina. Y finalmente, sigue siendo importante que desde sus propias comunidades y organizaciones,  las mujeres rurales sean valoradas y reconocidas.

 

@FundarMexico 

 

Beatriz Olivera | Ingeniera industrial, y maestra en ingeniería egresada de la UNAM, cuenta con un diplomado sobre energía renovable y desarrollo sustentable, y otro más sobre diseño y la ejecución de política pública en temas ambientales. 


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