Opinión

La investidura presidencial y el dolor de las víctimas

El dolor de las víctimas no es un show. | Emilio Álvarez Icaza L.*

  • 27/01/2020
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La investidura presidencial a la que alude Andrés Manuel López Obrador, se cuida escuchando, atendiendo y ofreciendo respuestas a las decenas de miles de víctimas y sus familiares que le piden que asuma su papel como Presidente de la República, como Jefe del Estado mexicano, y concrete la agenda de justicia transicional a la que se comprometió en el proceso electoral pasado. No se le pide otra cosa más que cumpla con el presidencial que le otorga la Constitución.  

Como candidato buscó a las víctimas en mayo del 2018 y ofreció dar respuestas a su dolor si le otorgaban su voto. Dijo ser diferente. Comprometió su palabra. La refrendó en septiembre del mismo año ya como Presidente Electo.

¡Qué lejos estaba de asumir las actitudes que adopta ahora! Hoy las víctimas le dan flojera. Se niega recibirlas porque –según él— debe cuidar la “investidura presidencial” y no quiere que le hagan un show. En los hechos López Obrador lo que no quiere es escuchar de viva voz el reclamo de quienes le exigen que cumpla.

Era otro en campaña. Se comprometió junto con varios personajes que hoy integran su gobierno, como Olga Sánchez Cordero y Alejandro Encinas a que México viviría un proceso de justicia transicional con el apoyo y experiencia de expertos nacionales e internacionales. Pero después del triunfo electoral, López Obrador se fue por la ruta militarista y no sólo ha mantenido sino profundizado la fallida estrategia de seguridad de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto.

Lastima a las víctimas el tipo de expresiones que ha tenido. Flojera, show. Como si las lágrimas, la vida y la sangre de miles de mujeres y hombres víctimas de la violencia, fueran parte de una escenografía teatral.

López Obrador se niega a recibir a la Caminata por la Verdad, la Paz y la Justicia, porque cree tener el monopolio de la moral. Y cuando surge un movimiento de tal magnitud como son las víctimas, no sabe qué hacer. Entonces empieza a rechazar y utiliza expresiones violentas y ofensivas.

El “qué flojera”, cuidar la “investidura presidencial”, no “tengo tiempo ni oportunidad”, “que los recibas el gabinete”, reflejan enorme desatención. En el centro de estas actitudes se encuentra la disputa inventada por el Presidente. Cree que las víctimas le disputan la ética y la razón moral. Ellas no están en eso. Sólo le están pidiendo y exigiendo justicia. En lugar de responderles con honestidad intelectual y moral como cuando pidió su voto, ahora les dice que no son prioridad de su gobierno.

El Presidente no se está dando cuenta que comete un grave error porque no corresponde pelearse con las víctimas que lo único que le piden es un acto generoso ante su tragedia. Si en verdad lo que le importa es cuidar la “investidura presidencial”, la mejor manera de enaltecerla es atendiendo uno de los mayores dolores de este país, como es la lucha seria y comprometida contra la impunidad. No está resolviendo el tema. La exigencia ya empieza a ser en su contra.

La Caminata no es un movimiento político en su contra. Es un llamado a escuchar que hay otras formas de parar la violencia criminal. Que hay otras maneras de lograr detener las graves violaciones a los derechos humanos, y que también hay distintas formas de castigar a los culpables e impedir la impunidad. Sólo eso. El dolor de las víctimas no es un show. 

*Emilio Álvarez Icaza Longoria es Senador por la Ciudad de México.

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