Opinión

La industria editorial como entidad estratégica de la economía nacional

Tercera parte y final.

  • 10/09/2016
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El día 20 de agosto publiqué en este mismo sitio la segunda parte de esta ponencia. El conjunto de las dos ponencias presentadas en los foros de consulta sobre la Ley de Cultura intentan dar cuenta de la visión que la industria editorial tiene de su quehacer y de lo necesario de la construcción de políticas públicas que atiendan a una necesidad fundamental: la lectura y el libro. Reconocer a estos elementos como fundamentales para la preservación y difusión de la cultura permitirán constituir una sociedad reflexiva, tan necesaria en estos momentos y siempre. La importancia de reconocer a la industria editorial como una industria cultural, distinta a la industria del ocio y el entretenimiento es fundamental para su desarrollo. En fin, va pues la parte final.

 

(Continua)…

 

De acuerdo a datos de la Coordinación de Información Estadística de la CANIEM, de la producción del sector privado 44.3 millones se produjeron para los programas de gobierno de Texto Gratuito para Secundaria y Programa Nacional de Inglés en Educación Básica, por lo que de los 306 millones de libros, solo 31% se distribuyó en el mercado abierto, para los diversos puntos de venta.

 

Por su parte, el número de ejemplares vendidos se ha ido reduciendo desde 2012, debido básicamente al decremento en la venta en el mercado abierto, que pasó de 106 millones de libros vendidos en 2012 a 98 millones en 2014, mientras que los ejemplares vendidos al gobierno, para los programas ya mencionados, se mantuvieron estables en 44 millones de piezas.

 

En cuanto al valor de facturación, éste ha mostrado incremento desde 2010 y hasta 2013, impulsado principalmente por la venta de las ediciones en el mercado abierto. En 2014 el sector editorial generó un monto de facturación de 10 mil 693 pesos (en valores corrientes), lo que significó un decremento general de -1.8%. La causa de este decremento fue la reducción en la facturación de libros en mercado abierto que pasó de 9 mil 600 millones en 2013, a 9 mil 400 millones en 2014.

 

 

Por otro lado, la facturación generada por los programas de gobierno registró un incremento de 2.6%, lo que significó 32 millones de pesos más que en 2013.

 

Está claro que uno de los retos de las autoridades educativas y de la industria editorial es instrumentar políticas públicas que incentiven de manera efectiva el gusto por la lectura recreativa, por todo tipo de lectura. Más que un hábito, debemos promover la lectura lúdica, la que abre las puertas de la imaginación e incrementa la cultura.

 

La literatura, los libros infantiles y la ficción juntos suman apenas 17% de los libros que se vendieron. La oportunidad para los editores es amplia; pero también se requiere del concurso del gobierno para que se recuperen este tipo de lectores.

 

Una medida que refleja la lectura de un país es el número de librerías por habitante que tiene. En México este número se reduce año con año. Es gracias a la existencia de ferias, entre ellas y de manera extraordinaria la FILGuadalajara, que podemos difundir hoy la producción editorial del país.

 

Otro de los rubros fundamentales que sostienen a las industrias creativas, y por supuesto a la editorial, son los Derechos de Autor. La principal riqueza de la industria editorial son los contratos de derechos de autor. Ahí radica el principal activo de las empresas. Por eso peleamos todas las batallas en defensa de los autores y creadores, para que se respeten sus derechos patrimoniales, su obra. Los derechos de autor dan certeza jurídica tanto a los editores como a los autores.

 

Corresponde a las autoridades, al Congreso, que se plasme en la ley la defensa de los derechos de autor. Sin embargo, no podemos hablar de respeto al derecho de autor cuando vivimos en el paraíso de la piratería. Para nadie es un secreto que este flagelo destruye todo intento de regulación y protección de derechos.

 

La industria editorial es un eslabón fundamental en el desarrollo cultural  y educativo de la población. Trabajamos con contenidos, fomentamos la creación, promovemos a los creadores, exportamos e impulsamos nuestras culturas, damos visibilidad a nuestra historia y a nuestras costumbres. Somos una industria estratégica, una industria creativa, por sobre cualquier otra cosa. La cultura escrita tiene también valor económico: así debemos ser considerados en la Ley General de Cultura.

 

Y además…

 

¿Qué se dirá al respecto en la propuesta de Constitución para la Ciudad de México? ¿Pensarán consultar a los diversos sectores? No está claro pero lo que es una verdad es que deben preservarse los derechos culturales de una población demandante, exigente de las libertades culturales en todas sus manifestaciones; debe ser una constitución que garantice el libre ejercicio de las variadas manifestaciones culturales, educativas, con un respeto irrestricto a la diversidad social, racial, cultural que se expresa en esta ciudad, que es un mosaico de nuestro país. La creación de políticas públicas para el desarrollo de las manifestaciones artísticas y culturales será un imperativo a atender. Confiemos en que por ser la más nueva (Chiapas se está planteando la discusión de una Ley de Cultura estatal), la Constitución de la Ciudad de México deje sentado desde su publicación esos derechos básicos.

 

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(Advertencia: La única intención de esta columna es llevar al espacio público una serie de reflexiones que buscan aportar elementos para la construcción de propuestas y alternativas de solución. Esta opinión no intenta ser criterio de verdad.)

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