Opinión

La hora cero

El 1 de julio se verá quien tiene la fuerza social, quien representa el cambio y quien los yerros. | José Luis Castillejos Ambrocio

  • 26/06/2018
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A cinco días del relevo democrático del gobierno de Enrique Peña Nieto, los mexicanos decidiremos el 1 de julio la nueva ruta de México. O se opta con José Meade por la continuidad del actual gobierno, que tiene las peores calificaciones en materia de seguridad, justicia y derechos humanos, o se decide un viraje a la derecha de Ricardo Anaya o a la izquierda de Andrés Manuel López Obrador.

Un alto porcentaje de los mexicanos ven al candidato de MORENA como el salvador, como el hombre que transformará México y desde las redes sociales se libra una defensa por este aspirante. Meade Kuribreña y el panista Anaya están acusados de ser parte de la actual evaluación nacional de un país que se derrumba en el caos de la corrupción y la inviabilidad económica.

En el ranking mundial

México está detrás de Filipinas, India y Camerún y por tanto es el más impune en Latinoamérica y el cuarto peor evaluado del mundo, según diversos informes internacionales. En pocas palabras somos un país paria en el concierto internacional. No es para menos, la impunidad en los tres rubros afecta la imagen del país y, en cierta forma, disuade las inversiones.

A Peña Nieto, Meade y Anaya que viven en una burbuja, rodeados de aduladores, pareciera no importarles este país. El Centro de Estudios sobre Impunidad y Justicia (CESIJ) de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) es claro en la apreciación que ventila en un estudio: "hay desigualdad socioeconómica, desigualdad jurídica ante la ley, problemas de estado de derecho, desarrollo económico insuficiente, dificultades para la atracción de nuevas fuentes de inversión extranjera y turismo, así como mayores violaciones a los derechos humanos".

La evaluación es apenas la punta de la madeja del enrarecido clima que se vive en México. Algunas zonas del norte de México son tierra de nadie donde campea el narcotráfico, la impunidad, el pistolerismo, el gansterismo político y toda clase de “atracciones” para el bajo mundo que ha empezado a permear las estructuras del poder.

Impunidad

Hoy el priísmo y el panismo quieren volver por sus fueros en tanto el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador no parece dispuesto a ceder terreno y ha advertido que no se responsabiliza del desembalse social.

En este México violento sólo 369 policías resguardan la seguridad de cada cien mil habitantes y un total de 4.19 jueces atienden demandas y casos judiciales por cada cien mil habitantes. Esto no es todo. La corrupción campea por el país, las cárceles están hacinadas y la justicia, por decir lo menos, no funciona adecuadamente.

Pero el problema de la impunidad en México es funcional y estructural. No nació con el actual gobierno, sin embargo, se observa un aumento crítico en las estadísticas delictivas.

En muchos hogares mexicanos, Andrés Manuel López Obrador es visto como la esperanza de México mientras Meade es visto como la continuidad de los desaciertos priístas y Anaya como el ícono de la corrupción. No son verdades absolutas pero eso es lo que hay.

Ni López Obrador es el salvador del mundo o el mesías tropical, ni los otros son unos parias”.

Experimentar

Lo cierto, lo real es que hay un agotamiento del modelo y los mexicanos quieren experimentar en estas elecciones con un nuevo viraje hacia una izquierda, reciclada con priístas de viejo cuño y de otras tiendas políticas.

El 1 de julio se verá quien tiene la fuerza social, quien representa el cambio y quien los yerros. Serán las elecciones el nuevo termómetro de este México que se nos escapa.

Esperemos que este viraje no sea una representación de lo que ocurre en Venezuela o en la Cuba, que fuera gobernada con mano de hierro por los hermanos Castro Ruz.

Los mexicanos deseamos un país en paz, con un adecuado clima para las inversiones, y que se le dé certidumbre a quien quiera aquí hacer patria. Ya no queremos la violencia cotidiana en zonas influenciadas por el narcotráfico o la trata de personas.

Chiapas es en el cosmos…

La tierra del poeta Jaime Sabines Gutiérrez está que arde. Ahí el pleito territorial es de todos contra todos. El priísmo perdió Chiapas como uno de sus principales bastiones en el país y hoy intenta recuperarlo a través de Roberto Albores Gleason, quien ha hecho una campaña bien estructurada en tema de manejo de imagen pero ha tenido el desacierto de enfrentarse, a través de sus colaboradores con los otros institutos políticos y de ahí que le retiraran su apoyo en una alianza los partidos PVEM, Chiapas Unido y Mover a Chiapas y hoy Albores irá sólo con las siglas del PRI y del PANAL.

En Chiapas el candidato de Morena, Rutilio Escandón confía en el efecto arrastre de Andrés Manuel López Obrador y por eso ha hecho una campaña floja. Tiene, sin embargo, el soterrado padrinazgo de Manuel Velasco Coello, gobernador de Chiapas.

José Antonio Aguilar Bodegas quien emergía como el hombre de la esperanza para gobernar a los chiapanecos se ha ido derrumbando. A pesar de tener un buen discurso no tiene grandes cuadros y menos suficiente capital económico para competir al tú por tú con otro de los candidatos como Fernando Castellanos Cal y Mayor que encabeza la alianza PVEM, Mover a Chiapas y Chiapas Unido quien en pocas semanas les ha quitado caudal político a sus rivales y puede dar la sorpresa y convertirse en el relevo de Velasco Coello.

Pero la guerra mediática ha crecido al grado que en la víspera se ventiló que ni Albores Gleason ni José Antonio Aguilar Bodegas son originarios de Chiapas. En sus respectivas actas de nacimiento aparecen como nacidos en la Ciudad de México. Ambos, sin embargo, no recibieron observaciones por parte del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana ni por el INE.

Y si otra cosa no sucede el municipio de Mapastepec, en la costa de Chiapas, volverá a ser gobernado por Martín Ruiz Rosales quien ha hecho una campaña de casa por casa y ha logrado mantener el respaldo social tras 30 meses en ese ayuntamiento. Él va por las siglas de Mover a Chiapas.

En el mismo estado, en el municipio de San Fernando, el Partido Verde Ecologista de México, será gobernado por Juan Antonio Castillejos Castellanos y por el mismo instituto político en la alcaldía de Tuxtla Chico, por Esaú Guzmán.

En Tuxtla Gutiérrez, la capital de Chiapas, la alcaldía quedaría en manos o de Carlos Penagos (PVEM) o Paco Rojas (PAN). Tapachula, el otrora bastión priísta, será ganado fácilmente por Enrique Zamora Morlet quien a pesar de su corta juventud tiene muchos simpatizantes.

Todo sin embargo, se definirá en las urnas el próximo domingo.

Pero México ya requiere de un cambio.

La frontera olvidada

@JLCastillejos  | @OpinionLSR | @lasillarota

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