Opinión

La historia, la esperanza, los reclamos

Para los jóvenes españoles; para mi madre…

  • 07/06/2014
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El 13 de junio de 1939 arribó al puerto de Veracruz el Barco Sinaía con los primeros refugiados españoles que tuvieron que salir de su nación, como consecuencia de la derrota republicana en la guerra civil (1936-1939). (Hay que precisar que ya en 1937 había llegado un grupo de niños, con sus maestros, para que pudieran seguir sus estudios y al cuidado del gobierno mexicano mientras duraba la guerra: los niños de Morelia).  

Los exiliados sobrevivientes, junto con muchos de sus descendientes celebraremos, algunos allá, otros desde lejos, este acontecimiento el próximo viernes, con la develación de una placa que se pondrá en el muelle de arribo. Entre otras cosas, también en el puerto habrá una exposición de fotografías de los Hermanos mayo, que da cuenta del hecho. Esta celebración, que es al mismo tiempo una expresión de la pérdida de la guerra y la derrota de la República, reconoce también lo que significó que el gobierno de Lázaro Cárdenas les abriera las puertas del país: una esperanza de vida para los transterrados, como los llamó León Felipe.

La larga carga del pasado

Entre esos refugiados no sólo venían los grandes intelectuales que siempre se señalan; llegaron también muchos maestros, artesanos, campesinos, obreros, tipógrafos, impresores, doctores, abogados, militares, funcionarios públicos y hombres de oficios varios: fontaneros, plomeros, talabarteros, zapateros, en fin, hombres, mujeres y niños que de alguna manera estaban envueltos en la guerra, en la defensa de una realidad, de un ideal: la República y, por tanto, en la defensa de la decisión soberana de 1931, ratificada en las urnas en febrero de 1936.

Vinieron a este país con su derrota a cuestas, pero con esperanzas, con la convicción de hacer la vida. Muchos con la voluntad de volver pronto para reconstruir la República, otros tantos con una visión más objetiva  de que había que seguir adelante sin cambiar las convicciones, los principios, por supuesto. Así, muchos se integraron a la sociedad mexicana; sus hijos, los niños que venían con ellos, con los combatientes, se casaron con mexicanos, se relacionaron e hicieron sus amigos, los nuevos amigos, como cualquier otro habitante del país. Aquí murieron, con su dolor oculto, con anhelos truncados, sin poder vislumbrar el futuro pero con la convicción de que estaba ahí, a pesar de los obstáculos. 

Al régimen de terror del dictador le siguió, por imposición y capricho, el regreso de la monarquía en un salto para atrás, nunca a la restauración republicana. Sin embargo, la realidad se impone y demuestra que las ideas son su resultado, en una relación dialéctica.

El futuro es ahora

Hoy, ante la abdicación del rey (por soberbia, porque tuvo que pedir perdón con todo y su sangre azul), muchos ciudadanos españoles reclaman un referéndum para decidir, como lo hicieron ya en 1931, si se quiere la monarquía o se construye la tercera República. (Manifestaciones que han dejado clara la falta de sensibilidad o la indiferencia de los partidos políticos mayoritarios que no quieren perder sus privilegios, arriesgar su presente en aras de un futuro democrático: una vergüenza). Lo extraordinario es que 60% de la población nació después de 1977.

La esperanza, esa con la que llegaron y vivieron los exiliados se expresa en ese clamor de los ciudadanos que tal vez ni siquiera sepan qué pasó en aquellos años pero que hoy tienen claro que ya no quieren lo que tienen, que quisieran decidir ellos mismos cómo se gobierna, quién gobierna, para qué y para quien se gobierna: eso, sin lugar a dudas es el mejor regalo a los 75 años; es una constatación de que la razón, con todos sus dolores y sus derrotas, estaba de su lado. Hoy esos exiliados pueden sentirse reivindicados: gracias.

Desde aquí, como mexicanos y como descendientes decimos ¡viva la República!, la española y, por supuesto, la mexicana. A nosotros, los descendientes nos toca luchar aquí, de donde somos. Nos corresponde preservar la memoria, luchar contra el olvido de lo que sucedió allá y también de lo que ha sucedido aquí, de lo que sucede hoy. 

De pilón…

Pues acá no tenemos rey, pero como si así fuera. Cuando menos corte imperial y séquito servil. El régimen de la restauración insiste en que la economía va bien, con todo y que reduzca la expectativa de crecimiento y nada más espero que no acaben diciendo que tuvimos “crecimiento negativo”, tan parecido a los aumentos salariales de dos y tres por ciento que provocan que uno, al final, reciba menos dinero: gano más pero percibo menos… ¿así o más absurdo el asunto?

Coda

Por la memoria, contra el olvido y por el castigo es por lo que pelean los padres de los 49 niños fallecidos en el año 2009 en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora. No es sólo un justo reclamo, no es sólo que quieran a los responsables en la cárcel. Su lucha significa enfrentar la impunidad, acabar con la simulación y las componendas de los políticos. ¿Qué hacen nuestros legisladores realmente? ¿Pelear y rasgarse las vestiduras porque hacen o no acuerdos en lo obscurito? ¿Dónde está la posición política de esos legisladores para exigir la resolución del tema de la guardería? ¿Quién castigará a los verdaderos culpables? ¿Alguien ventilará la verdad?

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

 

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier régimen, no importa el partido, por supuesto)

 

 

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