Opinión

La guerra educativa

De (supuesta) reforma educativa se transformó a una guerra educativa (real), estando en juego los intereses superiores de los ejércitos en guerra. | Manuel Fuentes

  • 22/08/2018
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Mientras que 26 millones de estudiantes iniciaban este lunes clases en todo el país, con la emoción en el corazón, apresurando su paso para llegar a clases, en las catacumbas del poder se daba la discusión, en grado extremo, de la (mal) reforma educativa que más recordaba a la lucha entre tirios y troyanos (aquellos adversarios irreconciliables que retrataba el libro de Eneida).

Adversarios que se tiran a matar hasta hacerse pedazos y otros (como en un teatro) parecen envolverse en la bandera nacional para dar su vida (¿?) por la (malograda) reforma educativa.

De (supuesta) reforma educativa se transformó a una guerra educativa (real), estando en juego los intereses superiores de los ejércitos en guerra (algunos derrotados el pasado 1º de julio) y que en su último aliento no aceptan la rendición anticipada, porque dicen ellos: “hicimos un gran bien a la Nación” (¿?).

El ejército derrotado, en las últimas semanas, por medio de (su pequeño) gobierno, trata de vengarse, por todas las vías posibles, de aquellos profesores que votaron en su contra. Ha dispuesto mandar notificaciones por todas las vías a 220 mil, entre maestros y directivos, para que se inserten en un proceso de evaluación (que no evalúa nada) con la amenaza de cesarlos si no participan.

El gobierno peñista, todo maltrecho, ha “ordenado” (así está correctamente escrito: “ordenado”) a los gobernadores que lleven a cabo los procesos de notificación.  Ellos dicen (los gobernadores):

Pero no tenemos personal para notificar a tantos miles de maestros. Les responden (los derrotados): no importa, para eso están los correos electrónicos (a pesar de ser ilegales este tipo de notificaciones).

Andrés Manuel López Obrador, en plena ceremonia de encuentro de gabinetes para la transición celebrada en Palacio Nacional, les dijo en su cara a los integrantes del gobierno saliente, que la reforma educativa “se cancelará”.  Ya los diputados y senadores entrantes se aprestan a terminar con esa pifia sexenal.

En otros espacios retumbaban los reclamos de Elba Esther Gordillo contra Enrique Peña Nieto de haberla mantenido en prisión por más de 5 años quién rodeada de simpatizantes se ufanaba decir:

“Recuperé mi libertad y la reforma educativa se derrumbó”.

Afuera del lugar donde dio su mensaje, de apenas 10 minutos, un grupo de 40 personas, con cartulinas de un mismo tipo de letra, sin decir de dónde venían, la acusaban de ser la corresponsable de la imposición de la reforma educativa y de no entregar el pago de jubilaciones. Los mensajes decían: “Fuera Elba Esther”, “Robaste a los maestros”, “Tu lugar es la cárcel”, “Tu negociaste la reforma, ¿Ya lo olvidaste?”

Todos contra todos, en una batalla sin cuartel, la guerra educativa a todo su esplendor.

Elba Esther se quejó en su alocución de persecución política, de traiciones e infundios. Lanzó un mensaje para que la oyeran los actuales dirigentes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE):

“Lamento que quienes debían defendernos no lo hicieron y nos traicionaron…”

Los aludidos desconocieron las acusaciones. Juan Diaz de la Torre con cara desencajada solo se atrevió a decir que estaba:

“Tranquilo, en paz, como siempre… (¿?)”

Que el SNTE está:

“Trabajando en unidad, muy sólido… (¿?)”

¿Y Peña Nieto?

Solo se atrevió a decir que el caso que diera origen a la aprehensión de Elba Esther Gordillo no fue político, ni personal y que ha sido absolutamente respetuoso del proceso que se ha seguido, de las definiciones que se han tomado y…

“…el que tome el poder judicial…”

Como diciéndole a Elba Esther:

“Te juro que yo no fui (si te vienen a contar…), reclámale a los jueces…”

En esta guerra educativa los paganos han sido los alumnos, padres de familia y los maestros que han sufrido las ocurrencias de un presidente y un equipo pequeño que se sirvió del poder, que usó recursos públicos para placearse, para adornarse la cara, con vestimentas relucientes y aparentar ser buen gobierno. Pero el disfraz en plena fiesta se les cayó y sus tropelías quedaron descubiertas por todos los asistentes; todo el pueblo lo supo.

Cientos de maestros fueron mandados a la calle como represalia a su dignidad, por oponerse a esa vergüenza llamada (mal) reforma educativa

Quedaron (los maestros despedidos) como un ejemplo de resistencia y que ahora pelean su reingreso para levantar, junto con sus compañeros, los pedazos, para recomponer el sistema educativo que devastó este maltrecho gobierno agonizante.

Parar la contrarreforma educativa

@Manuel_FuentesM | @OpinionLSR | @lasillarota

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