Opinión

La Guardia Nacional en el imaginario colectivo (I)

La importancia de luchar contra los sesgos cognitivos y contra la inercia de utilizar análisis lineales. | Leonardo Martínez Flores

  • 17/01/2019
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La batalla que se está dando entre la sociedad civil y los poderes Ejecutivo y Legislativo, en torno a la naturaleza que debe de tener la Guardia Nacional propuesta por AMLO, tiene aspectos de fondo y de forma que deben ser sin duda analizados con sumo cuidado.

Pero hay un aspecto en el que mucha gente cree y que no obedece a ninguna posición analítica sino a un sesgo persistente en el imaginario colectivo, me refiero a la creencia de que, independientemente de si la Guardia Nacional lleva mando militar o no, ésta es el instrumento que nos hace falta para prácticamente terminar con la violencia criminal en este país.

En esta primera de dos partes abordaré un caso análogo que muestra claramente que ese tipo de sesgos, generalmente asociados a un pensamiento lineal (es decir, que asume que hay una sola solución para un problema dado), suelen llevarnos a conclusiones erróneas y muchas veces altamente costosas.

Caso estadounidense

El caso al que me refiero se hizo famoso por el libro Freakonomics, de Levitt y Dubner, publicado en el 2005. En uno de los capítulos del libro se analiza el fenómeno de la drástica disminución de crímenes observada en la década de los noventa del siglo pasado, en un número importante de ciudades de los Estados Unidos.

El caso indica que desde mediados de la década de los años setenta y durante casi toda la década siguiente, los crímenes violentos en los Estados Unidos se habían incrementado en alrededor de un 80 por ciento. Los estudios tratando de explicar las razones y los comentarios cotidianos en los medios mantenían la atención de la opinión pública de manera continua. En muchas ciudades americanas, caminar por los desolados centros urbanos (los downtowns) después de las 5 pm era una actividad de alto riesgo.

Sin embargo, apenas inició la década de los años noventa, el número de actividades criminales en muchas ciudades empezó a disminuir a tasas sorprendentemente altas. De hecho, como las tendencias marcaban proyecciones a la alza, a muchos estudiosos del tema les tomó varios años confirmar que efectivamente los números ya no subían sino bajaban. Y una vez que eso fue confirmado, las principales razones que empezaron a ser utilizadas para explicar el nuevo fenómeno fueron desde el incremento del número de policías, el uso de nuevas técnicas de vigilancia y el incremento de prisiones y presos, hasta mejores controles para la venta de armas, cambios en la operación de los cárteles de drogas y un mejor desempeño de la economía.

 A primera vista, todas las razones anteriores parecen plausibles y suficientes para explicar la disminución de la ola criminal, pero lo verdaderamente interesante del análisis de Levitt y Dubner  es que logran demostrar que aunque algunas de esas razones sí contribuyeron en alguna medida (y otras no, como mejores controles para la venta de armas, cambios en la operación de los cárteles de drogas y un mejor desempeño de la economía), ninguno de los “expertos” había podido ver una razón que resultó ser crítica y de mucho peso para explicar la acelerada disminución de los crímenes en los Estados Unidos.

Natalidad

Por sorprendente que parezca, el argumento se remonta unos 18 años antes del inicio del desplome de la efervescencia criminal, al año de 1970, en el que 5 estados de la unión americana habían legalizado el aborto y éste era un procedimiento asequible para todas las mujeres que lo solicitaran. Un poco después, el 22 de enero de 1973, la decisión de la Suprema Corte de Justicia en el caso Roe vs. Wade extendió la legalización del aborto a todos los estados, generando una cascada de efectos no nada más sobre la vida de las mujeres sino también sobre la sociedad en general.

Sucede que al comienzo de la década de los noventa, justo cuando el número de crímenes empezó a bajar drásticamente, las edades de los hombres nacidos al inicio y a mediados de la década de los setenta correspondían al rango de edades en el que los hombres que reúnen ciertas características suelen incorporarse formalmente a actividades delincuenciales como robos con violencia, violaciones y asesinatos.

Algunas de esas características que incrementan fuertemente la probabilidad de que los jóvenes se incorporen al mundo del crimen están relacionadas con casos en los que las madres no querían tener a sus hijos debido a una multitud de posibles razones, por ejemplo, porque eran producto de violaciones, por problemas de drogas o alcoholismo, o simplemente por estar en condiciones de pobreza.

El punto aquí es que la generación de hombres jóvenes que estaba llegando al final de la década de los años ochenta con un rango de edades que iba de los 16 a los 20 años, llegaba con la ausencia de muchos que finalmente no nacieron como consecuencia de la legalización del aborto, muchos de ellos debido a las razones ya mencionadas.

Sin entrar en discusiones éticas o morales, solamente viendo los datos y el desempeño de variables como el número de actos criminales en muchas ciudades americanas, resultó claro que la ausencia generacional de jóvenes que hubieran tenido mucho más probabilidades de cometer actos delincuenciales explicaba una parte de la drástica disminución de actos violentos en esas ciudades. Ese análisis se vio reforzado por la comparación de casos similares en otros países, en los que se llegó a resultados y conclusiones análogas.

Ahora bien, mi punto aquí no es hablar de la legalización del aborto sino de la importancia de luchar contra los sesgos cognitivos y contra la inercia de utilizar análisis lineales. El ejemplo que he puesto lo ilustra claramente: “los expertos” en temas de criminalidad se encerraron con las explicaciones obvias y directas de la disminución de las actividades criminales en las calles de las ciudades americanas en la década de los noventa, y años después se percataron de que sus explicaciones, o no habían tenido nada que ver, o algunas contribuyeron pero sólo en parte. “Los expertos” nunca vieron en su momento una razón crítica que sí había incidido sobre el fenómeno simple y sencillamente porque el radar de su metodología lineal no la captaba.

En la siguiente entrega pienso rescatar esta lección para comentar sobre los sesgos cognitivos inmersos en la discusión de la llevada y traída Guardia Nacional.

¿Qué esperar en la CDMX en el 2019?

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