Opinión

La génesis de una crisis anunciada (una reflexión post cibernética)

Los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y tv) sufren un cambio de paradigma a estas alturas, casi catastrófico. | Ulises Castellanos

  • 22/07/2021
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Los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y tv) sufren un cambio de paradigma a estas alturas, casi catastrófico. El cambio de hábitos en el consumo de información y las nuevas tecnologías están arrasando con un modelo de negocio –que duró más de un siglo– y que no termina de colapsar, pero que en el camino se está llevando a cientos de colegas.

Los orígenes son diversos y las señales se anunciaron hace más de una década, sin embargo, nadie hizo nada. Pero dejemos de lado lo que le ocurrió a la televisión abierta y a la radio. Concentrémonos en los medios impresos clásicos, –diarios y revistas– y revisemos lo que ha pasado con la industria fotográfica global en este contexto.

Pero ¿cuáles son las ventajas y desventajas de los medios en general?. La primera es que los medios informativos permiten comunicar masivamente y a distancia. Para ello, se ha requerido siempre de profesionales en la materia, reporteros, editores, fotógrafos, diseñadores y su respectivo andamiaje administrativo y estructural. Todo esto, siempre financiado principalmente por la publicidad privada, gubernamental, y en poca medida pero no por ello vital, el consumo y pago por parte del lector y consumidor de información.

Foto de Suzy Hazelwood / Pexels

Las desventajas de los medios tradicionales es que estos han dependido siempre de la tecnología disponible, desde la rotativa, el papel, la telefonía y los materiales para su impresión y distribución. Pero si ese ecosistema se trastoca o cae, esos mismos medios colapsan. Y desde el arranque de este siglo tuvimos los primeros avisos. El internet y la telefonía móvil. El consumidor pasó de un papel pasivo a uno activo. Además a esos pequeños dispositivos se les agregaron cámaras de alta calidad y la posibilidad de subirlas a cualquier red social desde el 2010 en adelante.

Así las cosas, los medios y sus profesionales, dejamos de tener el monopolio de la información y distribución de contenidos. Las audiencias se fragmentaron y lo peor, se creó un ambiente perverso que premia la gratuidad por encima de la calidad. Uno de los efectos nefastos de este nuevo ecosistema son las Fake News.

Pero volvamos a lo nuestro. Hace apenas tres años, cuando dejé la coordinación fotográfica de El Universal, ahí se quedaron casi 20 fotógrafos profesionales que ahora no llegan a cinco, y lo mismo pasó en otros medios. Diarios como Excélsior llegaron a tener casi 50 fotógrafos en los ochenta. Convertirse en fotoperiodista era una meta emocionante, posible y duradera. Y lo mismo pasaba en todo el mundo. Era la época de la fotografía analógica y empresas cómo Kodak eran las reinas. Sin embargo, Kodak quebró en 2012 y de nada le sirvieron sus 120 años de dominio, para enfrentar un mundo que colapsó.

Y en esta reconversión, los nuevos medios conocidos como nativos digitales, portales de noticias como éste donde usted me lee ahora, si bien han salido al rescate de una industria gloriosa. Estos ocupan reporteros, editores y diseñadores rescatados de las viejas redacciones, pero el único al que no se le lanzó un salvavidas fue al fotoperiodista, sencillamente porque no lo necesitan o no creen necesitarlo.

La producción de fotografía y su distribución se las dejaron a agencias nacionales o internacionales, más lo que aporten los entusiastas usuarios de redes que inundan el mercado con sus clips de video de manera gratuita.  Luego entonces ¿quién necesita un fotógrafo? Este modelo es el que hoy coexiste a lo largo y ancho del continente. Poco a poco se reduce a su mínima expresión el número de fotógrafos de prensa profesionales que la industria requiere. Sumado a la casi nula exigencia de calidad visual que manifiestan los consumidores de noticias.

Y en los medios donde aún quedan fotógrafos, se les mantiene sin incremento salarial desde hace una década, y ahora sin viajes fuera de su localidad. Muchas de ellas razones por las que mi generación se lanzó a esta aventura a principios de los noventa del siglo pasado era por el atractivo de viajar por todo el país, e incluso al extranjero. Hoy eso es historia, los únicos afortunados son los colegas de las agencias internacionales porque su mercado sigue vivo, y le han agregado la obligación de hacer video a los que antes sólo hacían foto. Así como ahora los reporteros que “sólo” escribían se les exigen notas de voz para radio, tele o redes, y si además pueden hacer video... mejor.

En fin, todo cambia y aquí es donde nuestra capacidad de resiliencia y reinvención se pone a prueba. Ahora sumen un año y medio de pandemia y la tragedia no puede ser peor. Los anunciantes invierten más en redes que en medios y la audiencia no quiere pagar por casi nada.

¿Cómo se reconfigurará la industria? Está por verse. En el inter, el colapso de puestos de trabajo, sueldos cada vez menos atractivos y una baja de calidad informativa notable van siendo la norma. Nadie o casi nadie invierte ya en los grandes reportajes. 

¿Quiere una prueba tangible del colapso? Sólo asómese a su viejo puesto de periódicos de la esquina y lo verá convertido en un mini OXXO. Decenas de revistas han desaparecido y apenas ofrecen un par de ejemplares de los periódicos del día.

Sólo la calidad, empresarios valientes y una comunidad dispuesta a pagar por mejores medios, podrán rescatar parte del viejo modelo para crear uno nuevo. Sin embargo, aún falta para que eso se consolide. Mientras tanto, no sabe cómo le agradezco que me lea y que si puede, comparta esta reflexión entre sus conocidos. Total, para usted es gratis.

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