Opinión

La fallida pretensión histórica

¿Cómo será visto López Obrador en perspectiva? | Federico Berrueto

  • 28/09/2021
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A los gobernantes, no sólo a los Presidentes, se les va el sueño con la pretensión de trascender su tiempo en términos de los grandes transformadores por no decir de heroicidad. Lo que sucede ahora con el actual mandatario no es nuevo. Así aconteció con dos de sus antecesores José López Portillo y Carlos Salinas de Gortari, los más decididos a trascender su tiempo.

Los dos casos aludidos son ejemplo de que las pretensiones con frecuencia se vuelven en contra. Cada tiempo, cada gobierno, cada presidente crea las condiciones para su propia legitimidad. La popularidad es engañosa, veleidosa y con frecuencia con el tiempo se vuelve en contra. Los caudillos son populares, pero en perspectiva son despreciados, incluso a pesar de sus logros. Allí están Santana y Porfirio Díaz.

La tragedia ha sido benévola en extremo. A Hidalgo y a Madero los volvió mártires y a Juárez lo absolvió de culpa. De cualquiera manera el tiempo no es generoso y la pretensión se vuelve en contra y no por la falta de méritos, sino porque los errores o las fallas son las que dominan la narrativa, otrora triunfalista y complaciente.

Como pocos el actual Presidente tiene explícita debilidad por el bronce. Su propio gobierno tiene lances de cuarta gran transformación histórica. ¿Cómo será visto López Obrador en perspectiva?

Sin duda este tiempo será apreciado como un momento de inflexión, sin embargo, la controversia de ahora seguramente le continuará acompañando. Es muy probable que el campo crítico gane mas terreno que el de los ahora aduladores. No hay crónica generosa, tampoco base intelectual que importe. En el mejor de los casos algún periodista interesado en acreditar lealtad a la causa a manera de diferenciarse de sus pares.

Con el tiempo, a diferencia de lo que ahora hace el Presidente, no es la prédica ni la intención lo que cuenta, sino los resultados. En el retiro ya no hay otros datos que se impongan a la realidad o a las cuentas nacionales. Lo que queda es la evidencia de lo que se hizo, con frecuencia interpretada con sesgo por quien sucede, incluso si es del propio partido. La legitimidad de nuestros gobernantes, todos, no se da con lo que se hace, sino con referencia al pasado, como ocurre ahora con la condena al llamado régimen neoliberal.

Más allá de las intenciones, son escasos los logros. Existen, pero están muy lejos de abonar a las pretensiones transformadoras del proyecto político en curso.

Sí, efectivamente, el propio Presidente López Obrador ha creado las condiciones para su condena histórica.

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