Opinión

La extrema derecha y "la supremacía blanca"

¿Hay un “Uno” que pueda considerarse representativo de una entera Nación? El llamado a unirse no puede ser sino un llamado incluyente

  • 15/08/2017
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El viernes por la noche, grupos de ultraderecha realizaron una marcha que atravesó la universidad de Virginia fundada por Thomas Jefferson. Caminaban con antorchas encendidas. Celebraban que al día siguiente una marcha de mayores dimensiones tendría lugar en Charlottesville con el slogan: “Unir a la derecha”. Celebraban también la “libertad de expresión”, en cuyo nombre fue autorizada la marcha del sábado en “Emancipation Park” (el parque de la emancipación, ¿qué tal?). Se convocó a esta marcha como un acto de protesta por el retiro de la estatua de un confederado: el General Robert E. Lee. Llegó – para ellos – el momento de probar el músculo. Imposible ignorar la referencia en esas antorchas encendidas del viernes al Ku Klux Klan. Al terror. Imposible no hacer un viaje en el tiempo. Los supremacistas blancos tomaban la noche con sus túnicas y sus capuchas blancas. Salían a la “caza” en las zonas habitadas por las comunidades afroamericanas. Todo les estaba permitido. En eso consiste el concepto de “Supremacía”. 

El derecho de vida y muerte sobre los otros. La ciega convicción de una “superioridad” biológica. Desfilaban con sus antorchas en un campus universitario, ni más ni menos. Nostálgicos de las “glorias” del pasado. Convencidos de su derecho a negar los derechos de otros seres humanos, porque ellos “los descendientes de europeos”, “están siendo amenazados”.  “Tenemos que defendernos”, dicen. “En algún momento la raza blanca será una minoría oprimida en Estados Unidos”, repiten en sus reuniones y en redes sociales. “Los hombres blancos y cristianos estamos en peligro”. Alguno de los grupos reivindican su participación muy activa en el triunfo electoral de Trump. Extraen sus símbolos de las más atroces historias inscritas en la memoria de la humanidad: la imagen de Hitler, la cruz gamada, la cruz de “la gota de sangre”, inscrita en los estandartes del Ku Klux Klan, que reivindica: “la sangre de Jesucristo que purifica la oscuridad”. Y de manera más extravagante y absurda: “la sangre de Jesucristo que se sacrificó por la sobrevivencia de la raza aria”.

El sábado tuvo lugar la marcha. El odio brutal y explícito. El rechazo a toda forma de diversidad. Racistas, homófobos, xenófobos y muy orgullosos de serlo. Difícil no reconocer a qué punto los discursos discriminatorios de Trump y sus decisiones (ciudadanos estadounidenses de origen árabe detenidos en las fronteras, por ejemplo), han legitimado las posturas de grupos de la extrema derecha cuya existencia se mantenía velada y que ahora toman las calles. ¿Cuál es el límite a la libertad de expresión? David Duker, líder del Klan se manifiesta. Nadie ha olvidado que el Klan fue una organización criminal formada al final de la guerra de secesión por sudistas derrotados, que se negaban a aceptar el nuevo orden social. Nadie ha olvidado lo que el señor Duker representa.

Los movimientos por los Derechos Civiles en Estados Unidos. Las históricas batallas por los Derechos Humanos. Cómo no recordar el célebre discurso de Martin Luther King en Washington, el 28 de agosto de 1963 a cien años de la Proclamación de Emancipación firmada por Abraham Lincoln. La Proclamación ordenaba la abolición de la esclavitud en los estados que pertenecían a la Confederación. El inolvidable: “I have a dream”. Comparto con ustedes un pequeño fragmento:

 

“Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza. Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”. Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad…”

La propaganda del Klan llama a “Ayudar a salvar nuestra raza. Nuestra herencia aria. Nuestra cultura americana. Nuestra religión cristiana. Nuestros hogares blancos”. El sábado, el odio tuvo permiso. “Recuperar América para los blancos”. Los defensores de Derechos Humanos llamaron a una contra – marcha. Para evitar enfrentamientos se les hizo abandonar el parque. Se retiraron caminando por una calle angosta. Codo a codo, cuando un auto surgió de pronto y se lanzó contra ellos. Una mujer asesinada: Heather Heyer y diecinueve heridos. Se pensó en un acto terrorista, después concluyeron que se trató de “terrorismo interno”. El agresor tiene 20 años, se llama Alex Fields. Un profesor declaró que sus convicciones coinciden con la ideología del movimiento neonazi. Estuvo un tiempo en el ejército, pero no pudo sostener las exigencias. Su madre declara que nunca fue “abiertamente” neonazi.

El padre de Fields murió tras ser atropellado por un conductor en estado de ebriedad. No sabemos nada más de su vida. ¿Cómo creció? ¿Qué sucedió después de la muerte del padre? Pero casi seguro que no es casualidad la manera concreta en la que él eligió asesinar. En un impulso imparable. ¿Lo habría hecho de no haber participado en la manifestación? En ese espacio de liberación de pulsiones de violencia y de muerte. No tenemos manera de saberlo y, sin embargo, la sensación de “legitimidad” y de “poder” que ofrece una reunión pública y masiva en la que se reivindica la superioridad de unos seres humanos sobre otros, en la que se celebra el derecho a odiar y a excluir, puede crear una gran confusión con respecto a la ley y ser un detonador de conductas mortíferas.

Toda una polémica las primeras declaraciones de Trump, por considerarse “muy tibias”. Pues sí, muchos de los manifestantes son sus votantes. Bajo presiones salió a “enmendar” su error. Se habrá sentido muy comprensivo el Presidente de los Estados Unidos, los supremacistas sólo están cansados de la invasión, defienden sus territorios. Algo así. "Todos debemos estar unidos y condenar el odio. No hay lugar para este tipo de violencia en Estados Unidos. ¡Unámonos como uno solo!", dijo. Pero si una Nación se une como “Uno solo”, ¿quién representa ese “Uno” que anexará a los demás? ¿Cuáles son las características de ese “Uno”? ¿Hay un “Uno” que pueda considerarse representativo de una entera Nación? El llamado a unirse no puede ser sino un llamado incluyente. La delgada línea roja. ¿Existe un límite a la libertad de expresión?

@Marteresapriego