A unas semanas de la celebración de la Asamblea Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) donde se definirán las reglas para elegir a su candidato a la Presidencia de la República, caben algunas reflexiones.

Para esta administración el desempeño en los temas, agenda y políticas públicas en seguridad pública, derechos humanos, economía, y la misma política, no ha sido lo más eficiente que se hubiera deseado y que dentro de las posibilidades se encuentra, un escenario de transición de partido a las oficinas de Los Pinos. Es una posibilidad real, no ficticia.

Así el ejercicio del poder conlleva un desgaste político al que ha sido sometido el grupo político gobernante, junto con el mismo partido. Eso lo saben y lo comprenden perfectamente en las oficinas donde toman las grandes decisiones del país junto con sus estrategias.

En el contexto político nacional hay algunos elementos que llevan a presumir, que la estrategia de los tomadores de decisiones se encuentra, en los intereses locales o regionales en los Estados de la República, desde donde podrían llevarse acciones en tres sentidos.

El primero, para neutralizar las posibles pretensiones de Manlio Fabio Beltrones en su aspiración a la candidatura presidencial por el PRI; el segundo, en función de las atribuciones de las dependencias federales, para condicionar servicios o el pago por la contraprestación de algún bien o servicio; y el tercero, para contener la disidencia interna del propio PRI.

En el primer punto es muy posible que el mismo dirigente nacional, Enrique Ochoa Reza, sea quien conmine a Beltrones o a cualquier otro potencial candidato, a esperar los términos y condiciones de los resolutivos que emanen de los trabajos de la Asamblea Nacional, para posicionar sus aspiraciones entre los integrantes del Consejo Político Nacional del PRI y obtener su consentimiento para lograr sus aspiraciones. Beltrones es quizás, el que goza de las simpatías de una parte considerable de la militancia del PRI.

No sólo esto, sino que la estrategia de contención de los tomadores de decisiones abarca a los que son leales al grupo de Manlio Fabio, de tal forma, que pudieran bloquear su participación en eventos políticos partidistas de sus respectivas localidades, a efecto de aminorar su influencia en la clase política local. Así lo describe Raymundo Riva Palacio sobre el diputado local chiapaneco, Willy Ochoa (Estrictamente Personal, julio 10, 2017, en https://goo.gl/FDtEfJ )

El segundo punto consiste en someter a los liderazgos regionales o locales del país ante la autoridad de los tomadores de decisiones, para apoyar al candidato que señalen para la Presidencia. El ejemplo bien puede caber en la decisión de la Secretaría de la Función Pública que inhabilitó por un año a la Universidad de Guadalajara (UdG), para recibir contratos públicos pagados con recursos federales. Esto sujeta al grupo universidad que dirige Raúl Padilla López, a negociar la reducción de la penalidad con el gobierno federal y, por tanto, en posibilidades de negociar el apoyo del grupo UdG a las candidaturas federales, y en concreto, la del candidato a la Presidencia por el PRI.

Este escenario se abre, sobre todo, porque Jalisco ocupa el cuarto lugar de la lista nominal de electores, después del Estado de México, Ciudad de México y Veracruz, y que representa unos 2 millones de votos muy valiosos para el PRI, en el contexto de los resultados que le fueron adversos en las elecciones locales de 2016, con la pérdida de Veracruz y Puebla, y las 2017, en las que se asoma la probabilidad de anular la elección de Coahuila, y con ello, un duro golpe al PRI en el norte del país.

Y en tercer lugar para que la dirigencia del PRI junto con las oficinas y dependencias de los tomadores de decisiones, puedan contener una posible disidencia entre los gobiernos de los Estados emanados del PRI o de su clase política local, para imponer al candidato presidencial, condicionado al apoyo que los tomadores de decisiones puedan generar al PRI en las entidades o sus gobiernos.

Pero esta estrategia también tiene un costo político, que quizás no esté siendo considerado, y puede ser más perjudicial de lo que se cree.

@racevesj 



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