La era dorada del petróleo de esquisto pierde lustre

Si bien es cierto que durante la administración de Donald Trump hoy en día Estados Unidos es uno de los principales productores y exportadores de petróleo del mundo, todo parece indicar que la política del dominio de la energía podría tener fecha de caducidad no sólo en términos de rentabilidad económica sino también por el futuro agotamiento de los recursos energéticos.

Conscientes del pico de agotamiento del petróleo convencional, algunos países han recurrido a la extracción de petróleo de esquisto y arenas bituminosas que antes eran tecnológicamente inaccesibles, Estados Unidos es uno de ellos. Desde la era de Barack Obama comenzaron a promoverse incentivos y créditos para la extracción masiva de petróleo de esquisto, pero con Donald Trump éstos se potencializaron al máximo, además de que se pusieron en marcha desregulaciones al sector energético que permitieron un crecimiento exponencial de la industria del esquisto.

Como consecuencia, hoy en día la "revolución de esquisto" ha llevado a una "abundancia de petróleo" a nivel internacional encabezada por Donald Trump que, en sus dos años en la Casa Blanca y su afán de dejar huella en la historia de su país, parece omitir ciertos principios en los negocios, aunque hay que reconocer que la industria de la energía dista mucho del sector inmobiliario en el que el presidente estadounidense suele moverse.

En el caso del petróleo de esquisto se requiere de mayor capital inicial en comparación con el petróleo convencional, los proyectos son más costosos a largo plazo, financieramente riesgosos y pueden volverse antieconómicos si los precios del petróleo caen. Justo esto está pasando con la industria del esquisto en Estados Unidos. Debido a que la perforación de esquisto es sumamente intensiva de capital, las compañías nunca han podido autofinanciar sus proyectos por lo que han recurrido a los mercados de deuda y capital social para financiar nuevas perforaciones. La caída del 53% del precio de barril de petróleo entre 2014 y 2016 puso en alerta a toda la industria de hidrocarburos, especialmente a las pequeñas y medianas empresas que incursionaban en los nuevos procesos de extracción de esquisto; sin embargo, el recorte de la producción de la OPEP a principios de 2017 aumentó el precio de petróleo hasta un 17%, con lo cual se hizo más atractivo al negocio de extracción al tiempo que se justificaba una fuerte inversión y el endeudamiento de los productores.

El auge del esquisto ha sido ¿un fracaso?

Sin embargo, al tercer semestre de 2018, 33 perforadores independientes de petróleo de esquisto de Estados Unidos habían invertido 196 mil millones de dólares por arriba de lo que ganaban con sus ventas, y a la fecha 144 productores de petróleo de esquisto se han declarado en bancarrota. Financieramente, por lo tanto, el auge del esquisto ha sido un fracaso al menos para las empresas medianas. En este sentido, no es de extrañar que las grandes compañías petroleras, que también han tenido enormes pérdidas económicas, maniobren para compartir, traspasar o enfrentar riesgos de todo tipo en el mercado energético. Tal es el caso de la reciente guerra de ofertas para adquirir Anadarko, cuyos activos brindarán a cualquiera que la obtenga los recursos necesarios para explotar esquisto en distintas partes de Estados Unidos.

Pero aún con este tipo de estrategias, al igual que el petróleo convencional, el petróleo de esquisto es un recurso finito, por lo que los todos los productores de esquisto enfrentarán eventualmente su agotamiento. Actualmente, de los poco más de 100 millones de barriles de petróleo que se producen diariamente a nivel internacional, 11 millones son producidos por Estados Unidos y es probable que la producción de esquisto estadounidense continúe a la alza en el corto plazo aunque esto no sea sostenible a largo plazo por el simple hecho de que existe una tasa de disminución natural de los yacimientos. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, la tasa de declive de los campos petroleros en todo el mundo es de alrededor de 9.5% al año, y conforme a las proyecciones de SRSrocco, se prevé que la producción estadounidense de esquisto caerá el 75 por ciento para el año 2025.

Cabe decir que la utilización de esquisto más que una etapa de abundancia de recursos parece una con mayores riesgos, ya que los procesos por los cuales se recupera del subsuelo involucran la inyección de materiales en el depósito, a menudo dióxido de carbono, vapor y otros materiales tóxicos, además su producción requiere de insumos de energía y agua adicionales y, en consecuencia, conllevan al aumento de las emisiones de gases efecto invernadero que provocan el calentamiento global.

Parece que la era dorada del petróleo de Donald Trump irá perdiendo lustre conforme avanza la próxima década. No obstante, la disminución en la producción de esquisto en Estados Unidos significa una reducción del 10% del petróleo que circula en el mercado mundial hacia 2025, cuyos efectos podrían ser devastadores para una economía internacional que gira en torno a los combustibles fósiles, de ahí la importancia de acelerar una transición energética basada en recursos renovables.

El arma del petróleo

@alifur1 | @OpinionLSR | @lasillarota



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