Opinión

La equidad es asunto de todos

Una parte muy importante de la lucha por la equidad de género se enfoca en buscar un equilibrio de las oportunidades laborales para mujeres y hombres.

  • 19/12/2016
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Hace unas semanas en el Instituto Federal de Telecomunicaciones nos sumamos a la iniciativa de la ONU HeForShe, que es una campaña que promueve la igualdad de género involucrando a los hombres y niños como agentes de cambio, sumando así a todos los integrantes de la sociedad en la búsqueda de una sociedad igualitaria.

 

Este movimiento parte de la visión de que la igualdad de género no es sólo un asunto de mujeres, sino una cuestión de derechos humanos que requiere la concurrencia y compromiso de los hombres. Se trata de un movimiento que convoca la participación de los hombres en los esfuerzos para mejorar la equidad de género en todos los ámbitos, con acciones visiblemente orientadas a: la educación, la salud, la identidad, el trabajo, la violencia y la política.

 

#HeForShe señala que para que podamos alcanzar la igualdad de género en nuestro horizonte de vida, necesitamos tomar un enfoque innovador e inclusivo y reconocer a los hombres y niños como compañeros de lucha por los derechos de las mujeres, además de identificar las diversas formas en que esta igualdad también los beneficia. @HeforShe invita a hombres y mujeres a edificar sobre el movimiento feminista en igualdad de circunstancias, construyendo e implementando una visión común de la igualdad de género que beneficie a toda la humanidad[1].

 

Después de décadas de acción para impulsar la igualdad de género, ha ido tomando fuerza la reflexión acerca de que este movimiento, concebido inicialmente como una lucha de las mujeres para impulsar sus propios derechos, debe transformarse e incorporar a hombres y mujeres sobre el mismo plano para que finalmente pueda logar los objetivos que siguen pendientes.

 

Resultaba también notoria la contradicción de que un movimiento por la igualdad sólo convocara a la mitad de la humanidad a sus filas, ignorando la contribución que pueden aportar los hombres, además de pasar por alto las desigualdades que enfrentan asimismo los hombres en algunos ámbitos de la vida, precisamente por su condición de género.

 

Considerando que tradicionalmente se ha dado una separación de los espacios familiares y profesionales, privilegiando la participación de las mujeres en el primero y de los hombres en el segundo, no es posible lograr una mayor inserción de las mujeres en los espacios laborales, sin que al mismo tiempo los hombres tengan una mayor participación en lo familiar.

 

Una parte muy importante de la lucha por la equidad de género, se enfoca en buscar un equilibrio de las oportunidades laborales para mujeres y hombres, asegurando que haya acceso a suficientes espacios de desarrollo profesional de las mujeres e impulsando su participación en posiciones de alta responsabilidad.

 

Si reflexionamos un poco sobre este objetivo, nos damos cuenta de que no sería posible alcanzarlo sin que al mismo tiempo se abran espacios para los hombres en los ámbitos tradicionalmente reservados a las mujeres, como la familia, la educación de los niños y los cuidados personales.

 

Si no se hace el esfuerzo de transformación de ambos lados de la ecuación, el resultado sería simplemente la consagración de la doble jornada para las mujeres. Éste de hecho ha sido el resultado que ha tenido en México para muchas mujeres, su incursión en el mundo laboral: la acumulación de responsabilidades profesionales y domésticas, que finalmente termina por limitar sus aspiraciones profesionales.

 

Vemos así cómo, aunque desde hace varias décadas se alcanzó la paridad de género en la educación universitaria, actualmente la participación femenina en la fuerza laboral en México (42.2 % del total de mujeres en edad de trabajar) es la más baja de América Latina. En contraste, el país de la región con mayor participación femenina en el mundo laboral es Perú (59.8 %), seguido por Jamaica y Uruguay (55.9 %)[2]. Más aún, de acuerdo con el INEGI, sólo el 2% de las mujeres con actividad laboral son ejecutivas y otro 2% son empleadoras, lo que nos habla del escaso avance para alcanzar la igualdad de género en el mundo laboral.

 

En las familias con hijos, para que una mujer pueda hacer frente a cargos de alta responsabilidad que muchas veces implican largas jornadas de trabajo, atender emergencias laborales y viajes de trabajo, se requiere que alguien más se encargue al menos en parte de las responsabilidades en casa, y allí es donde se evidencia la necesidad de que haya un flujo libre de mujeres y hombres moviéndose entre los espacios profesionales y domésticos. En el proceso de recomposición y reconcepción de los núcleos familiares que estamos viviendo, es importante que los esposos, compañeros, papás, abuelos, hermanos e hijos tomen un papel más activo para comprometerse equitativamente con sus contrapartes mujeres.

 

Por otro lado, un aspecto del cual no se habla mucho, es el costo que tiene para los hombres la división tradicional del trabajo, donde se espera que ellos se dediquen por completo a las labores remuneradas fuera de casa, lo que los lleva a aislarse de la  cotidianeidad de la vida en familia. Esta dinámica genera con frecuencia relaciones distantes entre papás e hijos que difícilmente pueden recomponerse cuando pasa el tiempo.

 

Al día de ayer, en la página de internet de HeForShe aparecía México como el país en tercer lugar de nivel de compromiso alcanzado, con base en las acciones concretas registradas. Prácticamente las tres cuartas partes del total de personas comprometidas son hombres, lo cual es muy alentador.

 

@elenaestavillo 

*Las opiniones expresadas son a título personal y no deben entenderse como una posición institucional.

 

@OpinionLSR

 

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[1] Tomado de www.heforshe.org

[2] Datos de la Organización Internacional del Trabajo para 2014.

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