Opinión

La epidemia de seguridad nacional

Desde Washington

  • 30/10/2017
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Platicaba con un amigo hace unos días y me decía que tuvo oportunidad de visitar un poblado cercano de Washington DC. Durante su visita, salió tarde de una reunión – erróneamente por esperar demasiado en su carro antes de irse – y fue víctima de un asalto a mano armada. Me refiere, además, que, en otro poblado cercano (omito el nombre de los estados y las poblaciones por razones de privacidad, pero basta decir que son lugares “relativamente” cercanos a la capital estadunidense; a menos de dos horas en carro) le advirtieron que no saliera de noche porque los asaltos estaban a la orden del día. Pero de todo ello lo que más le llamaba la atención fue el odio con que se cometía el crimen (más que el crimen en sí mismo, no porque ello no tenga importancia, sino porque el odio es también absolutamente simbólico).

Las personas en México y en otros países casi nunca pensamos de los Estados Unidos en estos términos. Nos imaginamos que es un país poderoso, sin pobreza, de “Primer Mundo” (lo que sea que eso signifique hoy en día). Pero no todo es así y la realidad nos enseña que hay muchos lugares, poblaciones, ciudades o estados en general que están sufriendo la pobreza y, en algunos casos, la miseria. Esta gente no tiene una educación elevada ni tampoco ha viajado por el mundo. No le importa si se construye un muro en la frontera con México o si se retiran del TLCAN ultimadamente. Lo que les importa es que sus condiciones económicas mejoren y que ello signifique que tengan un nivel de vida mayor.

Por supuesto que no justifico de ninguna manera las atrocidades que se cometen en contra de las personas, de los países y las naciones; tampoco se justifican los insultos y las violaciones de Derechos Humanos y de generalizaciones sin sentido que solamente nos dividen. Los errores que se cometen en nombre de “ayudar” a los que más lo necesitan carecen de sustento y de racionalidad en el fondo. Sin embargo, tenemos que entender la causa de todo lo que está pasando para que podamos tener una visión mucho más integral y circular de los fenómenos con que estamos lidiando.

Pues bien, además de explicar y darnos un contexto más amplio de lo que sucede al norte del Río Bravo, debemos ligar lo anterior con el anuncio que hizo el Presidente de Estados Unidos hace unos días sobre la “epidemia de seguridad nacional” sobre el consumo de heroína que está acabando con las vidas de muchos jóvenes en el país. Y parte del problema tiene que ver con la extrema pobreza y la falta de oportunidades que estamos describiendo anteriormente, porque precisamente es este tipo de situaciones las que obligan y orillan a los jóvenes (especialmente) a buscar puertas de salida a su situación, aunque en el camino terminen por destruirse. Ante esta problemática, ¿qué se puede hacer? La gente está desesperada y por ello lo acontecido en las últimas elecciones presidenciales tuvo tanta fuerza y su legitimidad radica en ello. Por supuesto, debemos decir que el anuncio del presidente no tuvo ningún tipo de medidas concretas o de fondos asignados (por ejemplo) para combatir el problema, sino que solamente proclamó algo, como consignando un hecho.

La pregunta que surge entonces es: ¿y nosotros qué? ¿México qué? Pues si bien no podemos resolver el problema que tienen nuestros vecinos del norte, toda esta explicación sirve para varias cosas. La primera es, evitar las generalizaciones y entrar a analizar de fondo la raíz del problema para entender por qué razón hacen lo que hacen. Las simplificaciones no nos ayudan, y no nos sirven para articular una defensa en donde tiene que hacerse para proteger nuestros intereses. La segunda cosa para la que sirve esto es para preguntarnos si nosotros en México, como decía yo la semana pasada sobre la brecha de la desigualdad, no tendremos un problema similar por la falta de empleo, de oportunidades y la pobreza en que viven mucha gente, que nos pueda llevar a elegir gobernantes, como en el caso de Estados Unidos, que en lugar de ayudar, solamente perjudiquen al país. Quizá nuestra epidemia no sea la heroína, pero el crimen y la inseguridad están fuera de control, como indicativos de que nuestra situación está llegando al límite. Aprendamos la lección (una vez más).

@fedeling | @OpinionLSR | @lasillarota

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