Opinión

La educación y la lectura

Hoy debemos preguntarnos si la disyuntiva es: ¿cultura escrita o entretenimiento? ¿Cómo logramos revertir o sumar los dos elementos?

  • 21/05/2016
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Uno de los mayores retos a los que se enfrentaron los gobiernos posrevolucionarios fue el de abatir el analfabetismo, que ascendía a casi un 90% de la población. Ese esfuerzo ha sido una constante desde hace ya casi cien años, a partir de la creación de la Secretaría de Educación Pública y los esfuerzos de José Vasconcelos por llevar la cultura escrita a todos los ámbitos del país. (Es necesario observar como un hecho para análisis que si bien había un alto nivel de analfabetismo, aun así Regeneración, el periódico del Partido Liberal Mexicano de los hermanos Flores Magón, tenía una tirada de cien mil ejemplares, en su mejor época: no muchos periódicos ahora pueden decir lo mismo, con una población alfabetizada de casi 92% de la población). Todo aquel interesado en el tema conoce el proyecto de Lecturas Clásicas para Niños. En los años treinta, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, los esfuerzos se multiplicaron y se promovieron cartillas de alfabetización, igual que brigadas culturales, las que por cierto fueron atacadas en muchas ocasiones y los maestros “desorejados” por los sectores reaccionarios y los caciques que veían en riesgo su hegemonía debido al programa y las capacidades de reflexión promovida por los maestros brigadistas. Las historias están recogidas en algunos libros que, ojalá, deberían de ser parte de los textos fundamentales para entender el complejo mundo del maestro y la formación, amplia, que debe tener.   

 

Analfabetismo y cultura escrita

 

En diversas etapas de la hegemonía del partido único e incluso después, las campañas de alfabetización fueron más o menos constantes, como el centro de la educación pública: saber leer y escribir era la base de lo que podía  seguir; sin embargo, estos esfuerzos fueron insuficientes ante la complejidad que fue teniendo la sociedad al ingresar a la modernidad, sobre todo a partir del régimen de Miguel Alemán: la conformación de la clase media urbana. En el periodo de López Mateos, un gobierno de “izquierda dentro de la Constitución”, como él mismo lo definió, se impulsaron las campañas y se dio paso al libro de texto gratuito, y único (una política pública dirigida al desarrollo social y a la búsqueda de la reducción de las desigualdades sociales), que normó el criterio educativo, fortaleció la rectoría ideológica del Estado y centró sus esfuerzos en una determinada visión educativa, dejando a un lado el esfuerzo de dar pasos más allá del simple aprendizaje de la lectura y la escritura; pasos hacia a la búsqueda del fomento de la lectura de otro tipo de libros, de lecturas y por tanto, a la formación de lectores autónomos. Esa decisión trajo consecuencias importantes en el desarrollo cultural hasta nuestros días, pero eso lo abordaré en otras entregas.

 

Los dos grandes espacios

 

Al tiempo que sucedía esto, acontecía que la televisión era ya un hecho en nuestro país y estaba adquiriendo, poco a poco, una posición preponderante en el gusto de los habitantes. El resultado es que al tener una formación de lectores muy pobre, con una falta muy grande de bibliotecas y espacios de lectura, por un lado, y una facilidad y penetración de la televisión, del entretenimiento, por el otro, el  resultado  nos lleva, junto con otros elementos, a enfrentar los bajos índices de lectura que tenemos actualmente en el país. Hoy debemos preguntarnos si la disyuntiva es: ¿cultura escrita o entretenimiento? ¿Cómo logramos revertir o sumar los dos elementos?  ¿Cómo resolvemos la posible dicotomía? ¿Son las tecnologías digitales, como dicen algunos, la alternativa? ¿Estas tecnologías son la salvación para el rezago educativo, muy amplio, que existe en el país? (Y por rezago entiendo a los habitantes del país que después de los 15 años no han terminado la primaria o la secundaria). Son preguntas que habrá que responder; son preguntas que nos deben encaminar a construir un proyecto de largo plazo, no sexenal, que pueda llevarnos a otros niveles culturales y sociales.

 

Además…

 

El nivel de superficialidad que dan las redes sociales se manifiesta sobre todo en que sin reflexión, sin analizar, desmenuzar o preguntarse si tiene lógica un punto, los temas se repiten hasta el infinito y quedarán vivos, sin la aclaración pertinente, para siempre. En estas campañas políticas el uso de las redes no ha sido, en general, para presentar propuestas, opciones, soluciones sino para denostar al enemigo (concebido así, como enemigo no adversario), así sean primos o los mismos primos sumándose para atacar al que poco a poco va cerrándoles el paso: “caballo que alcanza, gana”, se decía antiguamente. En Tamaulipas el PRI difunde videos “trucados” para atacar al del PAN y después pide disculpas pero el hecho queda, sin duda. Sería deseable (y ahí se demuestra una de las necesidades de la lectura: su comprensión) que los responsables de las plataformas, de los sitios, pudieran poner la aclaración correspondiente como fondo de pantalla del video o texto impugnado. ¿Será posible? ¿Votamos o castigamos? En nuestras manos está la respuesta.

 

 

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(Advertencia: La única intención de esta columna es llevar al espacio público una serie de reflexiones que buscan aportar elementos para la construcción de propuestas y alternativas de solución. Esta opinión no intenta ser criterio de verdad.)

 

 

 

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