Opinión

La educación, las universidades, los enconos

¿Está prohibido que un partido pueda construir escuelas, universidades?

  • 27/02/2016
  • Escuchar

En los años sesenta del pasado siglo hubo un embate del poder político contra las universidades públicas, que pasó por la intervención de paracaidistas del ejército en Sonora y en Michoacán, hasta culminar con la agresión del año 68 y que se prolongó hasta el 10 de junio de 1971. Las razones fueron diversas, pero había una muy clara: acabar con la demanda de los universitarios de transformación de la educación, de sus planes y programas y de los recursos necesarios para lograr una modernización de la sociedad.

 

Las universidades eran, como la sociedad entera, un campo de batalla entre fuerzas políticas que mantenían el control de los estudiantes y la acción de éstos para liberarse del yugo estatal, expresado sobre todo en las sociedades de alumnos y los grupos de choque, manejados muchas veces desde las oficinas de gobierno de cada entidad o del nivel federal.

 

El movimiento universitario fue desarticulado y aunque en diversos momentos hubo nuevas manifestaciones y avances en las demandas de  educación de calidad, las universidades públicas han ido sufriendo un deterioro, ahora a través de la restricción de los presupuestos, fundamentalmente.

 

Pocas, muy pocas para el crecimiento de la sociedad son las universidades públicas que se han construido. Las universidades de tradición ven mermados sus recursos, o definitivamente ausentes  por no responder a los criterios del mandatario en turno (la Universidad Veracruzana y la de Morelos, son ejemplo).

 

La educación para el mercado

 

Hoy las opciones de educación superior atienden a un mercado muy particular: la educación tecnológica, más dirigida a las necesidades de la industria que a universidades del saber integral, humanístico, de construcción de ciudadanos. Con dificultades, universidades como la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, han tenido que enfrentar ataques de toda índole pero afortunadamente han logrado mantenerse y seguir adelante con sus planes, que son diversos a los planes instrumentales del grupo en el poder.

 

Si esa universidad es atacada porque no responde a los estándares de  evaluación de eficiencia terminal (uno de tantos modelos posibles) o si es atacada por algo más, es un tema para investigar.  Sin embargo, hay indicios.

 

Otras opciones

 

Hace unos días Morena, el partido político que encabeza Andrés Manuel López Obrador, inauguró ocho universidades, que si bien no son públicas, sí son gratuitas, resultado de las aportaciones de los diputados federales y locales, de las prerrogativas que le otorga su carácter de partido, en un esfuerzo porque todo aquél que quiera estudiar tenga una opción. Desde el gobierno el proyecto es atacado, denostado, descalificado sin más nada que la crítica porque un partido esté haciendo eso, devolviendo a la sociedad lo que la sociedad le otorga.

 

¿Son los partidos organizaciones de bien público?  ¿Descalificamos a estas universidades antes de conocer sus planes, sus programas, sus proyectos académicos? ¿Las definen como “escuelas patito”, y a las que desde siempre se les ha considerado así les otorgan el Revoe? ¿Está prohibido que un partido pueda construir escuelas, universidades? Curioso que días después Miguel Ángel Mancera vea la necesidad de que no haya rechazados del nivel superior en la Ciudad de México. ¿Arrebatando banderas? El  casi saliente gobernador, creó una universidad “pública” y le arrebata recursos a la Veracruzana. ¿Eso si se puede?

 

Lo que ya pasó…

 

En los años 90, cuando López Obrador era el dirigente del PRD, después del triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal, planteó que con los ahorros presupuestales tenidos en la elección se iban a comprar libros de texto para educación secundaria para los municipios donde gobernaba ese partido. Se hicieron las negociaciones con diversas editoriales y el único problema que hubo fue una carta del dirigente comentando las razones para la entrega gratuita de esos libros y que se solucionó de inmediato con la eliminación de la misma.

 

Así, muchos jóvenes tuvieron libros gratuitos, comprados por un partido político a las empresas editoriales radicadas en el  país y que tenían autorización para publicarlos, pues se apegaban a los planes y programas vigentes. Hoy, todos los estudiantes de educación secundaria pública, reciben de forma gratuita todos los libros de texto. Eso es historia; es realidad (los efectos colaterales son tema de otra entrega). ¿Los libros de texto gratuitos (seleccionados de entre la oferta de muchas editoriales: son gratuitos para el estudiante, y están pagados con los impuestos de todos nosotros), son un mal para el país? ¿Lo son la Universidad Autónoma de la Ciudad de México o las Universidades de Morena?

 

De pilón…

 

Invertir todos los esfuerzos en la educación es invertir en la construcción del futuro del país. La educación, la política educativa será siempre un reto. ¿Para qué educar? Es el punto a discutir. Para tener buenos técnicos o para construir ciudadanos que puedan ser técnicos o profesionales de nivel superior, parece ser la disyuntiva: todo esfuerzo por elevar nuestro nivel debe ser bienvenido, antes que denostado.

 

La Universidad pública debe preservarse, y aquí incluyo las normales: ¿todo profesional puede ser maestro? ¿No es necesaria la profesionalización del trabajo magisterial? No despreciemos a los normalistas, ni sus planes.

 

Facebook: carlos.anayarosique

Twitter: @anayacar

@OpinionLSR

(Obviedades es un ejercicio de reflexión que comparto con mucho gusto no para que estén de acuerdo sino para hacer conciencia de las contradicciones de un régimen… que puede ser cualquier  régimen, no importa el partido, por supuesto)

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.