A 15 días de que terminen las campañas e inicie el periodo de reflexión o también llamado periodo de veda, los escenarios se han mantenido prácticamente inalterados y, de acuerdo a los antecedentes, difícilmente el tercer debate tendrá un impacto significativo en las preferencias electorales, sobre todo si consideramos que no hubo un claro ganador o un elemento diferenciador respecto a los dos anteriores. López Obrador se dedicó a administrar su ventaja en tanto que los demás candidatos no tuvieron la contundencia que requerían.

La credibilidad de las encuestas

Se ha discutido mucho sobre la credibilidad de las encuestas, pero hasta el momento todas son coincidentes en el lugar en que se ubica cada uno de los candidatos. Si tomamos como referencia la Encuesta Electoral 2018 que recientemente dieron a conocer COPARMEX y la Fundación Este País, a partir de una muestra que abarcó más de 13 mil entrevistas levantadas por las empresas encuestadoras Berumen e IPSOS, Andrés Manuel López Obrador permanece al frente con una intención de voto del 39.5%, Ricardo Anaya se mantiene en segundo sitio con 18.6%, mientras que José Antonio Meade no logra salir del tercer lugar -a pesar de lo que se empeñan en repetir los integrantes de su equipo- con 12.15%. Esta encuesta también arrojó que la participación del Bronco es meramente testimonial con el 2%, y que el 27.8% no sabe por quien votar o no respondió a la pregunta.

Por ello es natural que a estas alturas de la contienda, la apuesta de la coalición "Por México al Frente" consista en buscar el voto de quienes están preocupados por el probable triunfo de López Obrador y están considerando apoyar a quien tenga mayor posibilidad de ganarle, así como de aquellos que aún están indecisos y que representa un porcentaje importante -aunque se debe tomar en cuenta que muchos de ellos pueden optar por anular el voto o abstenerse-.

Pero también explica el nuevo embate que el PRI-Gobierno y sus aliados han emprendido contra Ricardo Anaya, que me parece responde a dos cuestiones. Por un lado, todo apunta a que el Presidente Peña Nieto está dispuesto a recurrir a cualquier medio a su alcance con tal de impedir que Ricardo Anaya llegue a la Presidencia, como lo demuestra el uso faccioso de la Procuraduría General de la República. Se dice que en política no hay casualidades y este puede ser un buen ejemplo.

Los embates

Recordemos que los primeros ataques a Anaya, con una cobertura inusitada por los medios de comunicación, se dieron inmediatamente después de que el PAN se negó a apoyar la designación de Raúl Cervantes como Fiscal General por 9 años. Las siguientes acusaciones, coinciden con el compromiso asumido por el candidato opositor de impulsar la fiscalía autónoma, así como una comisión de la verdad con asistencia internacional que investigue la corrupción de esta administración incluyendo al Presidente.

Por otra parte, esta embestida también denota cierta desesperación de Meade por descarrilar la candidatura de Anaya y alcanzar ese ansiado segundo lugar que le permita, según sus cálculos, captar el voto útil pues sigue creyendo que con ello, y lo que le aporte el PRI a través de su operación territorial, le podría alcanzar para obtener el triunfo. Quizá no se ha dado cuenta que si algo ha marcado a esta elección, es el voto de castigo contra el gobierno del que formó parte y el partido que lo postula por lo que, en ese escenario, difícilmente se convertiría en la segunda opción para los simpatizantes del Frente, quienes posiblemente preferirían anular su voto o incluso apoyar a AMLO a pesar de las muchas dudas que les genera.

El Congreso también cuenta

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