Opinión

La disculpa de Peña

No sólo necesitamos una disculpa sino una transformación hacia la apertura.

  • 21/07/2016
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Interesante escuchar las conversaciones informales estos días acerca del “perdón” de Peña Nieto. Ya prácticamente todo se ha dicho. Acaparó las portadas y notas principales de los medios y las opiniones de los columnistas quienes en su mayoría han coincidido en la disculpa como una señal positiva pero tardía y que debe ser acompañada por acciones para tener algún efecto.

 

La lectura en redes sociales, como siempre, muy crítica. Una aduana terrible para cualquier político o funcionario en la actualidad que finalmente, aunque exagerado, es el reflejo del malestar social y la profunda crisis de credibilidad de instituciones públicas, políticos y gobernantes.

 

A favor o en contra, la realidad es que todos nos sorprendimos con la disculpa. Y nos sorprende porque no concebimos un acto de autocrítica de nuestros gobernantes que usualmente salen a dar discursos y palabras que poco significado tienen para la mayoría, y que sin duda, no tienen la empatía que naturalmente implica un “perdón”.

 

“Sentí la indignación de la gente” dijo Peña Nieto. “Cometí un error”, agregó. Y después, decretó el paquete de leyes del Sistema Nacional Anticorrupción. Es decir, hasta ahí la empatía y luego la acción regresa al conducto institucional de las leyes y la teoría de lenta aplicación y eficacia que además goza de bajísima credibilidad.

 

Nada de órdenes al gabinete. Nada de exhortos a los legisladores de su partido. Nada de presión a los gobernadores. Sólo nos enteramos más tarde de algunas declaraciones 3 de 3 que algunos líderes partidistas presentaron, jugosas por cierto.

 

Pero sobre todo, nada de diálogo, apertura y debate. Cómo me hubiera gustado ver al presidente después de disculparse, otorgar una seria de entrevistas en medios, una conferencia de prensa (con preguntas y respuestas como debe de ser), o una disposición al diálogo, alejado del escenario controlado de los eventos institucionales como el que escenificó la disculpa.

 

Transparencia y apertura son sinónimos en política. No sólo son necesarios reformas y cambios institucionales. La gente quiere cambios de estilo, apertura al diálogo, al escrutinio. Quiere broncos pero serios. No sólo necesitamos una disculpa sino una transformación hacia la apertura, el diálogo, el debate y asumir la maldita costumbre de informar y abrirse a la sociedad.

 

Todas las encuestas muestran una gran desilusión en el desempeño de nuestros gobernantes y una profunda falta de credibilidad en nuestras instituciones. Sin poder medirlo, creo que el tamaño de la negatividad o el “mal humor social” como dirían los clásicos, es proporcional a la gran expectativa, a la gran sed que tenemos los mexicanos de un cambio de estilo en gobernantes y políticos. Queremos golpes espectaculares como la frescura de Trudeau en Canadá con el nombramiento de mujeres a cargo de la mitad de su gabinete o la rápida reacción de Hollande ante los actos terroristas que han devastado a Francia recientemente.

 

Creo que quien tenga las agallas, la voluntad y la habilidad de abrirse al debate, de estar cercano a la gente y de finalmente mostrar transparencia y honestidad va a ganar mucho terreno. Es la gran oportunidad para los políticos de nuestro tiempo y ni se diga los mexicanos.

 

*Por Vladimir Saldaña Lemus: Profesor en la maestría de comunicación de la Universidad Iberoamericana de Mercadotecnia Política y Comunicación Global. Socio. Co-fundador Guerra Castellanos & Asociados. Maestría: MA en Comportamiento Político.

 

 

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