Opinión

La deriva de Javier Corral

Casi cuatro décadas de brega política acumuladas. | Roberto Rock L.

  • 28/01/2021
  • Escuchar

Nacido en 1966, la biografía oficial de Javier Corral indica que ingresó a las filas del Partido Acción Nacional en 1982, a los 16 años. Lo hizo aguijoneado por la campaña de quien sería su tutor político, Francisco Barrio Terrazas, que en 1983 conquistaría la alcaldía de Ciudad Juárez, el asiento político de ambos.

Hoy, a los 54 años, Corral se dejó picar por otro mal: una suerte de vocación caciquil y un desbordado culto por sí mismo, que lo ha hecho caer en un foso donde podría perderse quien fuera una de las figuras más frescas e irreverentes del panismo, con casi cuatro décadas de brega política acumuladas.

Las maniobras emprendidas, a la vista de todos, para controlar la candidatura de quien podría relevarlo en los comicios de este año, así como las postulaciones en alcaldías clave del estado (en particular, la capital y Ciudad Juárez), ofrecen el rostro de alguien obsesionado, que ha perdido la sensatez y se tropieza a cada paso. Si la apuesta era mantener vigencia y consolidarse hacia la postulación presidencial en 2024, eso parece ahora un futuro imposible.

Los fundadores del PAN, a los que Corral gusta citar con frecuencia, advirtieron contra el riesgo de “ganar el poder, pero perder al partido”. El todavía gobernante de Chihuahua ganó el poder, y ahora parece no imaginarse sin él. Y mientras más impulso imprime, más se hunde. Es un barco a la deriva que ha terminado por encallar.

Acaso se imaginó una versión renovada de su preceptor. “Pancho” Barrio alcanzó en 1992 la gubernatura de Chihuahua y tuvo luego una trayectoria nacional como legislador federal, secretario de Estado y embajador. Encarnó junto a otras figuras de la época, a los “neopanistas” (bárbaros del norte, los llamaron otros) que tras la crisis de 1982 (con la estatización bancaria de José López Portillo) transformaron al PAN clerical y de corte familiar en una poderosa herramienta de lucha electoral que acabó llevándolos al poder en el 2000 con Vicente Fox.

Corral Jurado estuvo montado en esa ola, con aliados formidables. Para 1997 era un aguerrido diputado federal; en 2004, senador con peso propio e independencia frente al gobierno del citado Fox. En ese mismo 2004 logró la candidatura de su partido para buscar por vez primera la gubernatura, que perdió ante el priísta José Reyes Baeza. En 2009 figuraba nuevamente en la cámara baja, y en 2012, de regreso al Senado. En 2016, en un segundo intento, conquistó la gubernatura.

Su gestión en el palacio de gobierno de Chihuahua tuvo como referencia obligada la batalla contra su antecesor, el priísta César Duarte, que sin duda saqueó al estado dentro de la generación 2010 de mandatarios estatales forjados a la sombra de Enrique Peña Nieto.

No sería imposible trazar un símil entre Duarte y sus contemporáneos con la frustrada intentona de Corral para imponer a Gustavo Madero como candidato a la gubernatura, y atacar a la aspirante natural, Maru Campos, alcaldesa capitalina, con el estrafalario cargo montado por la fiscalía estatal de haberse beneficiado de los negocios del exgobernador.

Sólo a los Duarte de Chihuahua y Veracruz, o al Borge de Quintana Roo se les había ocurrido la maniobra de imponer a su sucesor un fiscal general transexenal, como estaría urdiendo ahora Corral.

Ya parece ser tarde, pero Javier Corral tendría que frenar su afán, tan desbordado que hoy nutre los chismorreos de que puede echar a la basura sus años de lealtad con el PAN para pactar con Morena la entrega del estado. Si no regresa rápidamente sobre sus pasos y apuesta por la dignidad, correrá el riesgo de que su nombre sea borrado de la Historia con mayúsculas, para quedar colocado entre aquellos a los que el poder le hizo perder la razón y optaron por el suicidio político.

Fuera de libreta: Sigue mostrándose tóxica la alianza establecida por la familia Alemán con sus nuevos socios, tanto en Interjet como en Radiópolis. En este segundo caso, el grupo del controvertido empresario tabasqueño Carlos Cabal busca imponerse en el control sobre el sistema radiofónico que por años condujeron Televisa y la española Prisa. Cabal y compañía quieren echar a Prisa del negocio y bloquear cualquier injerencia de los Alemán en la operación. Cualquier día nos despertaremos con la noticia de que han despedido al apoderado de Radiópolis, cercano a los Alemán.

***

Con virtualmente todos los indicadores en materia de transparencia adversos, el gobierno López Obrador recibirá hoy como viento fresco para su causa el informe anual de Transparencia Internacional y Transparencia México, cuyo Consejo Rector preside María Marván. Según este reporte, “se ha detenido el deterioro de la percepción” sobre corrupción. Subimos dos lugares en una tabla en la que estamos en el lugar 124 de 180. De usted por hecho que la difusión oficial que se haga del informe será una palmadita en el hombro de la 4T. Gran generosidad -y comodidad- por parte de los “transparentólogos”, se diría.

***

Olga Sánchez Cordero descubrió ayer todo lo que se parecen los canes bravos (que hasta los de casa muerden) a los regimientos de bots de la 4T en redes sociales. Un comentario marginal sobre dos diarios mexicanos de larga tradición, “El Universal” y “Reforma”, durante la mañanera que ella conducía, le valieron un rosario de ataques desde el ecosistema de paleros enchufados a Palacio Nacional. En cambio, a nadie pareció interesarle otro contraste introducido por la ministra en retiro en su conducción de la “mañanera”: la defensa abierta de que las mujeres y las niñas sean resguardadas de la violencia en su contra. (rockroberto@gmail.com).

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.