Opinión

La cuesta de enero, de febrero…

Lo cierto que la inmensa mayoría de los trabajadores no ha recibido incremento salarial alguno en 2017 a pesar de estar agremiados a sindicatos.

  • 25/01/2017
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El aumento de precios nadie lo detiene, por todos lados hay personas molestas, impotentes de que sus ingresos se ven rebasados, día con día.  Ya hasta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), con la credibilidad hasta los suelos, revela que la inflación ya alcanzó un 4.78% y según se dice, es la peor “cuesta de enero” de los últimos 18 años.


Los expertos anodinos de la Secretaría de Hacienda dicen que la inflación será “temporal”, que se atemperará (¿?) con el paso del tiempo. No dicen cómo, pero en sus libritos aprendidos en el arte de la economía liberal, el país irá viento en popa.


Mientras tanto hay una enorme resistencia del sector patronal para incrementar los salarios de los trabajadores que están por arriba del salario mínimo general.  Argumentan que no están obligados a subirlos, ni siquiera en la proporción del 3.9% acordado en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) para 2017.


Que se las arreglen como puedan les dicen. Que no hay ley que obligue a aumentarles un solo peso y lo más grave, es que es cierto.  La Ley Federal del Trabajo no dispone obligación alguna para incrementar, al menos un porcentaje igual al decretado en los salarios mínimos, de aquellos que estén por encima de ese nivel. Estos trabajadores están en total desprotección.


La mayor parte de los trabajadores están atrapados en esos sindicatos manejados por los mismos patrones, esos que les llaman de protección.  Aprovechando la circunstancia y para que no digan a algunos han impuesto un 2% y otros más 3% y si les va bien un 3.9% igual al salario mínimo general decretado por la Conasami.


Los sindicatos más fuertes, ubicados en industrias con mayores posibilidades han alcanzados porcentajes del 5% al 6% pero la última cifra aún no está escrita.


Los sindicatos sujetos al presupuesto saben que la línea que se marcó en octubre pasado en la UNAM de 3.08% directo al salario y un 1.98% en prestaciones es la que se marcará en el gobierno federal y de los trabajadores burócratas de todos los estados, incluidos los de la ciudad de México. 


Los márgenes para incrementar los salarios están directamente relacionados a la capacidad presupuestal asignada por la Cámara de Diputados basada en un déficit del 2.9% del Producto Interno Bruto (previsiones antes del gasolinazo).  Esa cifra es la que se quiere imponer como “tope salarial” a pesar de los incrementos galopantes con motivo del gasolinazo y del gas.


El líder de la CTM Carlos Aceves del Olmo, empezando el año y a propósito de los gasolinazos, manejó que las revisiones salariales de este año no deben ser menores a un 7% y que trabajaba “coordinadamente” con el Consejo Coordinador Empresarial para un ajuste salarial adicional en el mes de marzo próximo.


Su comentario ha sido objeto de burla tanto en el sector patronal como en el de los trabajadores, porque se sabe que éste líder maneja cientos de contratos de protección y lo que le importa es el negocio que hace a espaldas de los trabajadores.  Carece de capacidad de movilización obrera y no existe dato alguno en los sindicatos que maneja haya logrado un porcentaje del que se jacta. Le dicen el bufón de la clase obrera por los disparates que maneja.


Otras organizaciones sindicales han solicitado en sus revisiones de salario anuales se establezca una cláusula que permita incrementar durante 2017 sus percepciones con base en los incrementos inflacionarios que se generen. Establecer una escala móvil de salarios que permita a los trabajadores enfrentar los incrementos desproporcionados en los productos de primera necesidad, pero esta propuesta ha sido rechazada tajantemente por el sector patronal.


Lo cierto que la inmensa mayoría de los trabajadores no ha recibido incremento salarial alguno en 2017 a pesar de estar agremiados a sindicatos porque las revisiones salariales apenas se están definiendo; los no afiliados a ninguno, que son la mayoría, ni esperanza tienen de incremento, ni siquiera unos centavos.

En esta cuesta de enero, de las más largas de los últimos tiempos, que amenaza con prolongarse durante el mes de febrero, marzo, abril y los meses que siguen, no se avizora la intención de proteger el vapuleado salario de los trabajadores, ni por equivocación.


De otros avatares laborales…


Aumento salarial en espera.  En la ciudad de México hay mucha expectativa con el incremento salarial que se pacte en la empresa estatal Servicio de Transportes Eléctricos de la Ciudad de México.  Éste debería haberse acordado el 20 de enero pasado, pero al no haber un acuerdo con funcionarios del gobierno de la Ciudad de México, la huelga se prorrogó para el próximo 23 de febrero en espera de una respuesta cierta. 


Mientras tanto los trabajadores de la Red de Transporte de Pasajeros (hoy Sistema de Movilidad 1) y del Sistema de Trasportes Colectivo (Metro) tendrán que seguir esperando, porque sus incrementos salariales están “amarrados” al acuerdo salarial en Transportes Eléctricos.


En el PRD, candil de la calle... El Oficial Mayor del Partido de la Revolución Democrática acaba de avisar a sus trabajadores de base que como ganan “más de dos salarios mínimos no tienen derecho a un aumento salarial” para este año; esto a pesar de existir un convenio que los obliga a incrementar dos puntos arriba del salario mínimo general a todos sus trabajadores.  Pero ahora son otros tiempos, dicen.


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