Opinión

La cuarta declinación

Ahora se suma una cuarta crisis: el potencial abandono de las escuelas y la pérdida del ritmo de formación de millones de personas en el mundo. | Ricardo de la Peña

  • 10/08/2020
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Al arranque de la actual administración se venía arrastrando una grave crisis en materia de seguridad pública, que tuvo su origen hacía más de una década y que se prometió resolver en seis meses y que es fecha que no se abate, sino que se mantiene vigente y al contrario de lo esperable, en vez de descender, los homicidios dolosos aumentan mes con mes.

Las dos crisis adicionadas

Pero al principio del nuevo gobierno, e incluso como producto de medidas tomadas por adelantado, comenzó un declive del crecimiento económico que llevaría a discutir si entrabamos o no en una recesión, la cual es claro está ahora francamente declarada, cuando nuestro país enfrenta un derrumbe de su producto como nunca se había medido, acompañado de una vertiginosa subida del desempleo, que afecta de manera desigual a la población según su sexo y grupo etario. Este año bien pudiera tenerse el decremento mayor del producto interno al menos desde la Gran Depresión, cuando por demás no se contaba con una contabilidad económica nacional con la solidez que se tiene hoy día. Este hundimiento de la economía vino como expresión de una prolongada detención de las actividades económicas y sociales, resultado de la toma de medidas colectivas de previsión para el distanciamiento poblacional con miras a intentar mitigar, en lo posible y de manera urgente, los efectos de los contagios del virus SARS-CoV-2 y contener el caudal de muertes que ha traído aparejado. El saldo está a la vista: los pronósticos que preveían la terminación de la crisis sanitaria en pocos meses y su limitación a pocos miles de decesos se ha convertido en una prolongada pandemia, que propiciará la pérdida de cientos de miles de vidas.

La crisis educativa en puerta

Y ahora se viene a sumar una cuarta crisis, catastrófica para una generación desde el punto de vista de organismos internacionales: el potencial abandono de las escuelas y la pérdida del ritmo de formación de millones de personas en el mundo, consecuencia directa de la paralización de actividades para intentar evitar que el covid-19 se desperdigue con más fuerza. Con el cierre temporal de instalaciones educativas se podría estar desperdiciando un capital humano fundamental y exacerbando desigualdades prevalecientes. Y si bien se hacen llamados y esfuerzos por lograr alguna continuidad en los procesos de aprendizaje, mediante formas virtuales de enseñanza, está documentado que con clases en línea o a través de medios electrónicos para la educación a distancia se deja a muchos alumnos rezagados, exponiendo mayormente a quienes tienen discapacidades, pertenecen a comunidades minoritarias o desfavorecidas, a desplazados o refugiados, migrantes recientes o quienes viven en zonas remotas; es decir: a quienes ya de por sí tienen dificultades para aprovechar la formación que se imparte, a lo que ahora sumarán costos prácticos para acceder a las opciones educativas que se les presentarán. Y eso dejando de lado que la exposición generalizada a pantallas es sólo un mal sucedáneo de la educación mediante contacto personal. Vaya problema.

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