Opinión

La cruel deriva del sector salud

La opacidad gubernamental no se concreta ya únicamente en contratos y caprichos. | Roberto Rock L.

  • 08/10/2020
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Es difícil conciliar las promesas reiteradas del presidente López Obrador de apoyar a los que menos tienen con las decisiones tomadas por su gobierno para mantener al sector salud en un proceso de inanición que se traduce exactamente en lo contrario: una administración cruel que da la espalda no sólo a los más pobres de los pobres, sino a los más vulnerables, los niños entre ellos.

La pandemia por covid, las evidencias de un rebrote en los casos de contagios y muertes por covid-19, la escasez de medicamentos y terapias, en especial para niños; la ausencia de recursos para lo más indispensable, y la debilidad de los presupuestos destinados al sector para 2021, forman parte de una realidad que López Obrador se niega a reconocer.

La saga de desaciertos en los que ha incurrido el doctor Hugo López-Gatell, responsable de la estrategia contra la pandemia, forma parte de esta tragedia, pero no la única en el desastre en que se ha constituido nuestro sistema de salud.

Ya es un lugar común recordar cuando López-Gatell dijo que un escenario de 60 mil muertos por el virus sería “catastrófico”. Ha decidido dejar de lado los calificativos ahora que nos acercamos a los 85 mil decesos y avanzan los cálculos que ubican la cifra por encima de 100 mil al inicio de diciembre, cuando el actual gobierno cumpla dos años: su primer tercio a cargo de la nación.

López-Gatell echó mano del desgastado recurso de acusar a los medios de comunicación de tergiversar su anuncio de que el método para reportar la información sobre la pandemia tendría una nueva modificación, y de paso confirmó que en un solo día se registraron más de dos mil víctimas mortales.

Lo peor de todo, según la comunidad médica, es que ha sido bloqueado el acceso a información pública en este tema, por lo que los especialistas no podrán tener mayores detalles de cómo evoluciona la epidemia ni estimar su evolución. La opacidad gubernamental no se concreta ya únicamente en contratos y caprichos; ahora ni siquiera podremos enterarnos de nuestros muertos.

Mientras las declaraciones de López-Gatell han entrado ya al campo de lo irrelevante, de verdades a medias y mentiras abiertas, otras facetas del sector salud generan igual o mayor alarma.

Frente a una red hospitalaria exhausta por la presión de atender a cientos de miles de casos de pacientes de covid-19, el presupuesto 2021 que perfila los apoyos a la salud resulta insuficiente e igualmente opaco.

El crecimiento marginal de este presupuesto que abarca al IMSS, a Salud y al ISSSTE, representa apenas 1.8% por encima de los 692 mil 430 millones de pesos asignados en este 2020, de acuerdo con el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), el cual ha identificado que ese gasto adicional será consumido con la contratación de personal. Lo más probable es que ser trate de médicos, enfermeras y administrativos que ya laboran en esas instituciones por honorarios u otro modelo, y ahora serán basificados.

El propio CIEP destaca en un reporte sobre el tema que en 2021 los fondos destinados a mejorar la infraestructura con más hospitales y clínicas mostrarán el monto más bajo desde hace siete años, al pasar de 4 mil 893 mdp en 2013 a mil 925 mdp, una contracción de 60.1%, con recortes adicionales en rubros como adquisición de equipo médico y de laboratorio.

Bajo esta dinámica, con una pandemia por covid-19 lejos de ceder, sumada a la presencia de casos de influenza, debemos prepararnos para que este drama amargo siga ganando las calles con padres de niños enfermos, o médicos hartos de exponer su vida y presenciar, impotentes, la muerte de sus pacientes. Junto a ellos están cada vez más ciudadanos recordándonos que no podemos renunciar a la indignación.

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