Opinión

La crisis de verdad

Las mismas razones que operan a favor de lo obvio operan a favor de la fantasía. | Julio Castillo López

  • 29/01/2020
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Hay noches en que llega la verdad, ese huésped incómodo.

Luis García Montero

Hace uno días releí un viejo libro de Chesterton llamado Ortodoxia, en donde además de hablar sobre sus bases lógicas y teológicas, esboza una serie de ideas respecto a la verdad y a la falsa humildad de poner en duda toda verdad posible, y eso es precisamente la crisis que hoy persiste en nuestro país.

Expresiones como “yo tengo otros datos” o “no saben lo que había antes de nosotros” no sólo son formas de decir mentiras bajo el cobijo de una supuesta verdad que por alguna razón (espero práctica y no divina) sólo es asequible para el presidente López Obrador, también hablan de una especie de especie de superioridad moral que lo hace ver un horizonte distinto a la realidad que todos los demás percibimos.

En las conferencias que todos los días ofrece el Presidente, la verdad ha sido uno de los invitados menos frecuentes y entre frases como “la inversión extranjera está llegando como nunca”, “se está extrayendo más petróleo y se está produciendo más gasolina” o las más recientes e indignantes en la que asegura que sí se están atendiendo y sí hay medicinas para los niños con cáncer, se puede ver que sólo hay dos opciones: o en realidad López Obrador (por mucho que recorra el país) no tiene idea de lo que está pasado o está mintiendo deliberadamente buscando engañar; en el caso de la primera sería un ignorante, y en el segundo caso sería un mentiroso, que es un calificativo moral.

Según la plataforma de www.verificado.com.mx en los primeros 10 meses de conferencias de prensa, 6 de cada 10 afirmaciones fueron falsas o imprecisas y esto sólo aplica para datos verificables y no para juicios de valor, como el día de ayer que dijo que lo que más le preocupaba de rifar el avión presidencial era que se rompieran familias porque se generen envidias entre quien lo ganara y sus cercanos… si eso fuera el problema su respuesta sólo marca su inclinación socialista porque piensa que no debería existir ninguna forma de diferenciación entre las personas. Si yo fuera él me preocuparía que la ley dice que la lotería sólo puede rifar dinero en efectivo, o que nadie común y corriente tenemos la infraestructura y posibilidades de operar un avión, pero bueno… la ley no lo ha impedido de hacer casi nada.

El problema de intentar demostrar que existe una verdad a un escéptico es que las mismas razones que operan a favor de lo obvio operan a favor de la fantasía. “Si alguien asegura ser el verdadero rey de Inglaterra, de nada serviría responderle que las autoridades afirman que está loco, pues, si de verdad lo fuese, eso es justo lo que harían dichas autoridades. Y si dice ser Jesucristo, es inútil responderle que el mundo niega su divinidad, pues el mundo negó la de Cristo[1]”.

Hoy, la falsa humildad del presidente lo lleva a dudar de todo menos de sí mismo. La humidad verdadera es justo lo opuesto, es dudar de uno mismo frente a los hechos, pero López Obrador puede ver los hechos y afirmar que él tiene razón… a pesar de que la violencia siga creciendo, la economía ya esté en recesión y siga sin funcionar el sistema de salud… siempre habrá otros datos para quienes quieran seguir creyendo.


[1]Chesterton, Gilberth K. "Ortodoxia, trad." Miguel Temprano García. Barcelona: Acantilado (2013).