Opinión

La Comisión de la Verdad alternativa

Se escuchó el clamor de quienes desde hace cuatro años anhelan la llegada de sus hijos. | Eduardo Zerón

  • 17/01/2019
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El día martes, en presencia de los titulares y autoridades de la Secretaría de Gobernación, Relaciones Exteriores, representantes de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por supuesto de los Abogados y representantes legales de los padres de Ayotzinapa y los padres de los mismos, inició la “Comisión de la Verdad” que buscará entre otras cosas indagar diversas aristas en el interés de la misma, además de continuar con las líneas del GIEI y retomar aquellas que hubieran sido obviadas u omitidas dentro de la investigación.

En el encuentro se escuchó el clamor de quienes desde hace cuatro años añoran la llegada de sus hijos, y una sociedad enardecida por el clima de violencia que privó y dio pie a estos lamentables hechos. La teoría del caso proclamada por la PGR, sustentada en cerca una extensa numeraria de búsquedas y periciales en el juzgado han intentado demostrar que a los jóvenes normalistas los secuestraron, asesinaron, calcinaron, sus huesos trituraron para después llevarlos al río san Juan, donde habrían sido diseminadas sus cenizas en el caudal del mismo, por miembros de la policía municipal de los municipios de Iguala, Huitzuco y Cocula en colusión con los miembros del Cártel de los Guerreros Unidos.

Caso Ayotzinapa

Durante cuatro años ha existido una disputa enorme entre las autoridades federales y un gran frente de organismos de Derechos Humanos y hasta presumiblemente miembros de la guerrilla, en el que, a petición de los representantes de los padres, se trajo al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) a trabajar junto con la PGR para trabajar diversas evidencias del caso como coadyuvantes dentro de la investigación, derivado de esto, se llegó a la identificación dos veces del Normalista Alexander Mora Venancio y posteriormente en un cierto grado de Jhoshivani de la Cruz por la Universidad de Innsbruck, en Austria.

Al tiempo, elementos de todas las corporaciones se movilizaron por cielo, mar y tierra en búsqueda de los normalistas, miles de personas se recorrieron todo Guerrero en su búsqueda, incluso con sistemas de tecnológicos a solicitud de los abogados de los padres, llegando a cerca de mil parajes a revisados por una supuesta “ruta secundaria” de desaparición, de la cual no se tiene evidencia alguna.

La confrontación no tardó en llegar, y comenzó una disputa por el fuego en el basurero y después por el hallazgo de la bolsa donde se encontraban los restos. A partir de ello el Gobierno del presidente Peña Nieto a sugerencia de la CIDH en su primer informe detalló la necesidad de llevar a cabo más estudios, luego que su perito el Sr. José Torero desestimará la posibilidad de incendio en la base del basurero, a la postre cinco de seis peritos afirmaron que en dicho punto existió un fuego controlado de grandes dimensiones en una temporalidad, según lo refiere su estudio a septiembre de 2014, esto en referencia a dictámenes previamente practicados tanto la PGR y el EAAF, años más tarde la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) a través de su oficina especial, calificó como uno de los destinos donde habrían perecido un grupo de cerca de 19 normalistas, en consonancia con el grupo especial.

Comisión de la Verdad

Años después y con acusaciones por tortura, y diversos hechos consignados por la ONUDH, que sin contar con dictámenes periciales que acompañarán sus dichos y en controversia con cerca de un centenar de protocolos de Estambul realizados por la PGR, un tribunal colegiado de Tamaulipas ordenó después de un amparo en una muy deslegitimada resolución la creación de la Comisión de la Verdad, en el que también advertía uno de sus apartados según el protocolo de Minnesota, que esta no podría tener en ella personas, o instituciones que hubiesen estado relacionadas en antelación con la investigación, pues es evidente que podría esto influir en que quienes ya postularon sus dichos, su único interés sería el de ratificarlos a toda costa como probablemente es hoy el caso.

La “Comisión de la Verdad” no debería convertirse en un tribunal a modo, y debería analizar con mucho detenimiento elementos que han sido del todo desechados, como aquellas que postulaba que uno de los camiones llevaba una carga de droga que los estudiantes por error pudieron haber llevado por error en uno, o dos de los camiones. Teoría que según organismos de Derechos Humanos está construida con base a conjeturas y que según los mensajes interceptados por la DEA evidencia que respecto a dicha carga ni siquiera se preguntan por la misma, que nadie la esperaba y que ni siquiera es referida como parte del evento criminal, o tal vez será oportuno revisar aquellos pseudoestudiantes como el Vocero de los normalistas quienes pudieron haber propiciado las acciones contra los estudiantes por su relación familiar con uno de los delincuentes abatido en un enfrentamiento cuatro meses antes de los hechos ocurridos en Iguala.

Los miles de fojas que contienen la teoría del caso de la Procuraduría han recibido todo tipo de embates, de quienes postulan una verdad alternativa a la presentada en 2015 por el Procurador Murillo Karam, han prácticamente polarizado al país, hay evidencia de sobra para consignar los hechos y sentenciar a los culpables, sin embargo y a palabras del Subsecretario Alejandro Encinas, “la única verdad es que no hay verdad”, interesante será ver qué verdad satisfará y dejará en paz a los deudos y a quienes lo acompañan, si es que estos últimos están la están buscando verdaderamente o simplemente están en el interés de encontrar una responsabilidad de quien fuera el jefe supremo de las fuerzas armadas, a partir de algún señalamiento sea el responsable el ejército y por ende del crimen de estado que lo lleve a un tribunal internacional donde sea juzgado, se corre el riesgo que la teoría del caso podría convertirse en una verdad a modo.

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