Opinión

La ciudad insostenible (I)

La contingencia nos ofreció sin embargo la oportunidad de presenciar una exitosa tragicomedia ambiental.

  • 24/03/2016
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El manto del agobio cubre inexorablemente a la gran ciudad de México. En un día típico, los habitantes de esta ciudad padecen los estragos causados por los efectos acumulados de malas decisiones y políticas erróneas. Si bien el conjunto de razones de fondo no es tan grande, la verdad es que son muchos los actores de la sociedad y de los gobiernos federales y locales que por acción u omisión han contribuido durante décadas en la construcción de esta ciudad tan ineficiente y tan inicua. Los resultados de este proceso se manifiestan a través de muchos canales y se suman para reducir drásticamente la calidad de vida de la mayor parte de la población y para propiciar un uso deficiente de todo tipo de recursos privados y públicos.

 

En el primero de los casos la morbilidad causada por el estrés y la fatiga de los viajes cotidianos se suma a la mortalidad asociada a los altos niveles de contaminación atmosférica. En cuanto a la ineficiencia en el uso de los recursos destacan el desperdicio de suelo y el subaprovechamiento de la infraestructura y del equipamiento urbano, lo cual genera altísimos costos sociales y contribuye al indeseable crecimiento de una ciudad que propicia la iniquidad económica y deshila el tejido social. Esta es la primera de varias entregas en las que abordaremos, y relacionaremos, algunos de los temas relevantes del funcionamiento de la ciudad.

 

Para ir con la actualidad empezamos con el tema más fresco en la memoria, este que fue recuperado por la conciencia colectiva hace apenas unos días bajo el formato de contingencia ambiental debido a la formación de altas concentraciones de contaminantes atmosféricos. Los medios destacaron el hecho de que hacía 14 años que no teníamos un contingencia en el Valle de México, como dando a entender que la calidad del aire no andaba tan mal y que el problema no surgió sino hasta que un capricho meteorológico nos dejó sin vientos e hizo que los Imecas subieran espantados. La frase usada por varios comentaristas le quedó como anillo al dedo al evento que observamos, fue inequívoca y clarísimamente un susto anunciado.

 

Sucede que la escasez de contingencias en los últimos años no se debe a una mejoría de la calidad del aire, sino a que las contingencias se activan mediante un mecanismo administrativo que ha fijado sus umbrales de activación con criterios más políticos que médicos y científicos. Los valores que son tomados en cuenta para activar las fases son demasiado laxos y por tanto el número de contingencias es artificialmente bajo. Una consecuencia indeseable de ello es que la gente se va acostumbrando a vivir con la nata contaminante y asume que la contaminación atmosférica no es un problema grave, cuando los datos duros demuestran que la realidad es otra y que tenemos un problema real y vigente de salud pública.

 

No se pueden conocer con exactitud los costos provocados directamente por los efectos de las emisiones contaminantes, pero incluyen una larga lista de daños preocupantes. Empiezan por supuesto con las miles de muertes anuales provocadas por complicaciones cardiovasculares y respiratorias (no sólo en el Valle de México, sino en muchas otras ciudades mexicanas), a lo que hay que sumar los problemas asociados a la morbilidad padecida por una parte no despreciable de la población (causada por enfermedades y padecimientos varios, lo cual provoca ausentismo laboral y escolar, así como baja productividad en el trabajo y escuelas). También se debe contabilizar dentro de los costos, a los efectos sobre la agricultura, los ecosistemas naturales y las fachadas de casas y edificios. 

 

En el Programa para Mejorar la Calidad del Aire en la Zona Metropolitana del Valle de México 2011-2020 (el Proaire concebido y elaborado por el que esto escribe y que se puede consultar aquí) se presentaron 116 acciones específicas cuya realización oportuna permitiría avanzar en la reducción de los niveles de emisiones contaminantes en el largo plazo. Dichas acciones están agrupadas en 81 medidas y 8 estrategias que abordan, desde diferentes perspectivas, todos aquellos aspectos que deben trabajarse simultáneamente para desarrollar un manejo ecosistémico de la calidad del aire.

 

Uno de los temas que más polémica ha generado a partir de la contingencia de la semana pasada se refiere al programa de contingencias atmosféricas. Este programa debería de cumplir con dos propósitos igualmente relevantes: primero, ser una herramienta que proteja a la población de la exposición aguda a niveles peligrosos de contaminación atmosférica; segundo, contribuir a que el público en general se mantenga informado y vigilante del problema real de la calidad del aire. La contingencia nos ofreció sin embargo la oportunidad de presenciar una exitosa tragicomedia ambiental en la que las autoridades mostraron una sorprendentemente larga lista de carencias y un preocupante retroceso en las tareas de coordinación intra e intergubernamental. Las voces para exigir la modificación del programa de contingencias no se hicieron esperar.  

 

Por eso es importante recordar que la quinta medida del Proaire agrupa a cuatro acciones específicas para actualizar el programa de contingencias atmosféricas:

 

1) Establecer nuevos niveles de activación para contingencias por ozono y PM10

 

2) Establecer criterios de activación de contingencia por PM2.5

 

3) Actualizar las acciones que debe aplicar cada uno de los actores incluidos en el programa, así como los tiempos correspondientes de inicio y terminación

 

4) Diseñar y aplicar un subprograma de exención en diferentes fases del programa por reducción de emisiones de COV (compuestos orgánicos volátiles).

 

Todas las acciones fueron consensuadas y avaladas por los gobiernos que en ese entonces formaban parte de la Comisión Ambiental Metropolitana, que después fue sustituida por la Comisión Ambiental de la Megalópolis, y el acuerdo fue definir y respetar un cronograma para la realización de cada una de ellas. Según el acuerdo todas debieron estar listas para el 2013, al menos dos años antes del día en el que azarosamente el capricho meteorológico retiró los vientos de la ciudad.

 

Como suele suceder en estos casos lo comprometido es una cosa y la historia es otra, lo cual nos dará materia para ir desmenuzando los entretelones de la tragicomedia del momento.

 

@lmf_Aequum

@OpinionLSR

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