Opinión

La CDMX a la deriva

Si esta es la ciudad que logró Sheinbaum en tres años con todos los apoyos políticos, ¿qué podrá hacer de bueno en los próximos años?. | Leonardo Martínez

  • 14/07/2021
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No dejan de sorprender la facilidad y la rapidez con las que la sociedad y los medios compraron el mote y la propaganda de "la cuarta transformación". Producto de un desplante de arrogancia ofensivamente pretencioso, sus promoventes quisieron colocarla al mismo nivel de otros acontecimientos históricos del país, como la independencia, la reforma y la revolución. Pero obnubilados por sus delirios de grandeza y ciegos ante los retos que semejante hazaña implicaba, la realidad los ha tomado por sorpresa y de paso nos ha vapuleado a todos sin clemencia: a sólo tres años de haber tomado el poder, la hazaña histórica consiste en haber logrado una regresión sin precedentes para el país y su gente.

Más allá de la responsabilidad atribuible a este gobierno federal y sus aliados estatales sobre las centenas de miles de muertes que pudieron ser evitadas con un buen manejo de la pandemia, los costos económicos, ambientales y sociales provocados por sus decisiones en materia de políticas públicas son, sin exagerar, de dimensiones colosales. 

Tomando sólo algunos temas, de entre muchos otros posibles, hay que tener presente que con el paso de los años iremos descubriendo poco a poco los efectos y los alcances reales del mal manejo de la pandemia; del desabasto de medicamentos; de la inacción y la complacencia frente al crecimiento del poderío económico, territorial y de armamento de la delincuencia organizada; de los incrementos incesantes en los números de pobres, de mujeres violentadas, de asesinatos y de feminicidios; del aumento de la impunidad y de la corrupción; del empoderamiento ilimitado de las fuerzas armadas; de los daños ambientales y en la salud provocados por la contrarreforma energética y la autorización de megaproyectos avalados por estudios espurios y cuchareados con anacronismos y pensamiento mágico; del desperdicio sin ton ni son de los recursos públicos; de la falta de apoyos para las madres trabajadoras, para las personas que están atrapadas en la economía informal y para las pequeñas empresas; de la destrucción de instituciones y contrapesos constitucionales; de los ataques a la democracia y a la libertad de expresión; de la difusión y aplicación de ideas estrambóticas como la soberanía científica, la economía moral, el uso de estampitas religiosas para luchar contra el coronavirus, entre muchas otras ocurrencias; y, por supuesto, del vergonzoso sometimiento de los otros poderes al poder ejecutivo. 

Resulta claro que la extensión del manto de desolación causado por esta transformación de cuarta  no se reparte de manera homogénea, ni entre grupos sociales ni geográficamente. Claro que hay sectores, grupos y territorios más afectados que otros, lo cual es, de hecho, inevitable, pero a lo que voy ahora es que el rol que juegan los gobernantes locales puede ser también determinante en los resultados.

Tomemos algunos ejemplos para comentar lo que ha estado sucediendo en la Ciudad de México bajo la jefatura de Claudia Sheinbaum, fidelísima soldada de López Obrador y abierta suspirante a la candidatura presidencial del partido de su jefe.

Estoy cierto de que si lleváramos a cabo un ejercicio de medición de indicadores objetivos, a tres años de su llegada a la jefatura de gobierno los resultados de Sheinbaum son decepcionantes. De entre todas sus promesas de campaña y sus compromisos de gobierno, resaltaban las de hacer de ésta una ciudad de derechos y aplicar la ciencia para resolver los problemas de la ciudad. Sin embargo, ahora nos queda claro que los derechos aludidos los ha ido escogiendo a conveniencia y que entre ellos nunca estuvieron, por ejemplo, los de las mujeres para vivir en una ciudad segura y libre de violencia, o los de los ciudadanos para tener un medio ambiente sano o para tener acceso a un sistema digno de salud pública. 

Y en lo que a la ciencia se refiere, aspecto tan presumido por Sheinbaum durante toda su campaña, todo volvió a quedarse en promesas incumplidas. Por una lado, porque no se atrevió a hacerle sombra al pensamiento mágico-religioso de su admirado jefe; y por el otro, porque la vehemencia con la que algunos de sus colaboradores presumieron el enfoque científico no llegó a ser sino un efímero desplante de arrogancia (el ejemplo más claro fue sin duda el de Florencia Serranía, hasta ahora protegida por el manto de impunidad tendido por la dupla López Obrador-Sheinbaum).

Durante sus primeros tres años de gobierno, Sheinbaum contó con las mayorías con las que sueña cualquier político que aspira a gobernar esta ciudad: mayoría en el Congreso de la Ciudad de México, mayoría de alcaldes afines y apoyo incondicional del presidente. Y sin embargo, los resultados que ofrece en aspectos cruciales de la vida en la ciudad son decepcionantes.

Destacan por ejemplo su falta de empatía para con las mujeres en lo general, y de manera especial con todas aquellas que son madres trabajadoras y con las que sufren algún tipo de violencia. Su falta de compromiso se refleja en una clara escasez de políticas públicas de apoyo a las mujeres, mimetizando el desgano y la incomodidad con la que López Obrador mira y aborda el tema. De entre todos los puntos que sostienen su visión, recordemos uno de ellos: con el claro propósito de minimizar la importancia de la histórica marcha del 8 de marzo de 2020, Sheinbaum declaró que el número de participantes había rondado las 80,000. Pero otras estimaciones ciudadanas que, a diferencia del gobierno de Sheinbaum sí mostraron sus memorias de cálculo, indicaron que habían marchado alrededor de 480,000 mujeres (en su mayoría indignadas por la visión patriarcal de López Obrador y Sheinbaum sobre la condición de la mujer). 

La falta de espacio no me permite abordar en esta ocasión otros temas en los que Sheinbaum está en números rojos, pero habrá tiempo de sobra para ello. Tendremos que hablar por ejemplo de transporte público, de calidad del aire y de desarrollo urbano, ámbitos en los que no sólo no hay logros que presumir, sino que están peor que antes.

Por lo pronto hay que decir que si esta es la ciudad que logró Sheinbaum en tres años con todos los apoyos políticos a su servicio, ahora que ha perdido las mayorías en el Congreso de la Ciudad de México y en el número de alcaldías afines, ¿qué podrá hacer de bueno en los próximos tres años? Yo creo que la ciudad seguirá como hasta ahora: a la deriva

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