Opinión

La Calientahombres

“No puedes ir por la vida provocando y luego ofenderte”.

  • 30/10/2015
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En este país la justicia funciona a la inversa. Mientras que los culpables quedan impunes, las víctimas son castigadas. Es el caso de la conductora de televisión, Tania Reza. En plena transmisión del programa A Toda Máquina, fue acosada por el co-conductor Enrique Tovar, quien se extrañó de que sus “bromas” y “cortejos” machistas no causaran gracia en su destinataria. Luego de levantones de falda, nalgadas con efectos de sonido de latigazos y manoseo de senos, Tovar pide una disculpa al auditorio, pero no por su comportamiento, sino por el de su compañera, quien, según sus palabras, “anda hormonal”, “se le subieron las ubres”.  La escena finaliza con un acto de dignificación personal: La conductora reclama que no puede trabajar así. Bota el micrófono y abandona el set.

 

Esto fue apenas el comienzo de una larga cadena de agravios. En vez de que Televisa defendiera a quien fue víctima de acoso sexual dentro de sus instalaciones mientras laboraba, fue despedida bajo el pretexto de que se trató de un montaje previamente acordado por ambos conductores con el fin de crear un contenido que se hiciera viral en las redes sociales.

 

Tania denunciaría posteriormente que directivos de esta empresa la obligaron a ocultar el acoso. En realidad, la falta que mereció su despido fue negarse a que calladita (hasta el siguiente corte comercial) se veía más bonita. Al parecer, para sus jefes su trabajo consistía en aguantar —que para eso le pagaban— las desagradables insinuaciones de su compañero y corresponderlas con una sonrisa coqueta. Si bien el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) inició una queja de oficio por acoso y hostigamiento sexual en contra del conductor, queda pendiente una acción pública en contra de Televisa por despido injustificado y por castigar del mismo modo al agresor y a la víctima de la violencia de género.

 

Tratándose de una industria monopólica, posiblemente éste sea el fin de la carrera de Tania Reza en la televisión. Pero más allá de determinar trayectorias profesionales, el verdadero poder monopólico de Televisa reside en el control del flujo de información mediante el cual la abrumadora mayoría de los televidentes mexicanos se forman una percepción.  Este poder no tiene paralelo: implica la capacidad de moldear las mentes y los marcos cognitivos de las personas a través de contenidos audiovisuales. El discurso televisivo influye en la forma en que las audiencias interpretan y procesan la realidad y, por tanto, toman decisiones, asumen preferencias y guían sus acciones.

 

El maltrato laboral a esta conductora está en sintonía con los estereotipos de mujer que este consorcio mediático promueve en sus telenovelas, reality shows, concursos y en programas precisamente como A Toda Máquina. La mujer-madre de las telenovelas, la abnegada que sacrifica sus sueños (y su vigilia) por complacer a su familia y tener preparada la comida para cuando lleguen los varones. La mujer-María, que en su triada Mercedes, Mar o del Barrio asciende en la escala social como una Cenicienta, no en base al trabajo y el mérito dentro de un marco de justicia social, sino seduciendo con sus dotes femeninos a un pudiente que le abre las puertas de la alta sociedad. La mujer-edecán que funge como adorno, como objeto voluptuoso que forma parte de una escenografía, que no habla y no opina, a la que sólo le corresponde sonreír.

 

La pedagogía de los estereotipos posee una eficiencia formidable. En las redes sociales un sector demostró lo bien asimiladas que tiene sus enseñanzas a través del Hashtag #TaniaRezaCalientaHombres. Reproduzco algunos de los tuits: “Deberías estar agradecida de que Kike Tovar te agarró las tetas porque estas bien Jacinta, culera”. “No puedes ir por la vida provocando y luego ofenderte”. “Si un hombre te pide las nalgas, debes dárselas —Mateo 2:24”. Y finalmente un comentario de una mujer joven: “Con esa cara de macho debería dar gracias que calienta a alguno”.

 

Me pregunto si estas personas tendrían el mismo comportamiento si se toparan con esta mujer de frente. Supongo que muchos de ellos, que se refugian en el anonimato de las redes, se retractarían.Haríamos mal en acostumbrarnos a este tipo de tratos y en resignarnos a su inevitabilidad. Congestionando las redes sociales con mensajes de odio, se contribuye a que los discursos habituales de los medios de comunicación las colonicen, con lo cual pierden su potencial disruptivo: la posibilidad democratizadora de que los semejantes que antes se encontraban desconectados se reconozcan entre sí y entablen luchas compartidas.

 

Lo contraproducente es que el desfogue de las frustraciones por medio de insultos, el miedo a los otros y la incapacidad de entender que compartimos incertidumbres sobre un futuro común son, a fin de cuentas, elementos funcionales al orden actual. Mientras se tilda de gata, naco, puta y jodido a quien se nos cruza por delante, se pierde de vista al verdadero enemigo: un sistema económico que permite que la riqueza de cuatro mexicanos represente el 9% del PIB.

 

La inoculación de la violencia, del resentimiento y del odio entre semejantes es, en buena medida, producto del discurso televisivo. Dispositivo de control político de las multitudes, este discurso produce deliberadamente divisiones socialescon base en estereotipos y estigmas. Su mayor eficiencia es que se propagana través de los programas de entretenimiento sin que el espectador esté consciente de que los interioriza mientras los consume.

 

La siembra de encono social se complementa con la promoción mediática del aspiracionismo. Se trata de la construcción de un sentido común para el cual el problema no es la naturaleza del sistema de dominación; el problema es que uno no está entre los que dominan, pero que en un golpe de suerte, como el de María Mercedes, las cosas pueden cambiar de un día para otro. El aspiracionismo es la coartada que cierra el círculo del poder mediático. Legitima y naturaliza un sistema que permite brechas abismales de desigualdad, al tiempo que hace deseable el modo de vida de una reducida élite económica entre quienes jamás podrán alcanzarlo.

 

El paradigma revolucionario de la Modernidad dictaba que la violencia era la partera de la historia, la vía que emanciparía a la humanidad de la explotación. Si bien el dogma fue derruido, la violencia le sobrevivió. Ya sea discursiva o física, en nuestros días se despliega despolitizada, carente de orientación ideológica, sin una clase o enemigo concreto, pero ejerciendo efectos funestos en las sociedades.

 

La lucha de clases ha sido desplazada por la lucha de todos contra todos. Nuestras ciudades amanecen siendo un campo de batalla: los automovilistas contra los peatones, el profesionista clasemediero estresado en el tráfico contra el campesino que viene a la ciudad a protestar; los vendedores ambulantes contra los pequeños comerciantes del sector formal; los franeleros contra el policía que podría ser su vecino, pero está dotado de la autoridad que le confiere un uniforme. Día con día se escenifica una disputa iracunda entre la gente común por la obtención del resto de los despojos, mientras que los más ricos entre los ricos siguen concentrando de manera desmedida los recursos y privatizando el patrimonio que no hace mucho era de todos.

 

En la actualidad se estima que al 1% más rico le corresponde el 21% de los ingresos totales de la nación. Mientras los más afectados no cuestionen lafuente de su malestar social —la extrema desigualdad— la lucha de todos contra todos seguirá intensificándose y el enemigo común escabulléndose.

 

Acabar con la desigualdad pasa por humanizar la convivencia entre quienes desde la diversidad somos iguales. Esto es,  tratar a las personas no como objetos o peor aún, instrumentos sexuales. No podemos reproducir en nuestra cotidianidad el trato que Tania Reza recibió de su compañero y de la empresa en la que trabajaba. No. Ella no se lo buscó por “andar de ofrecida”. Si permitimos que esto pase en las pantallas televisivas y celebrándose en Twitter, ¿qué no estaremos permitiendo por pasividad o aquiescencia que pase en los vagones del metro en hora pico, en una calle oscura o incluso dentro de nuestras casas? Basta recordar que entre 2007 y 2012, en México 1909 mujeres fueron asesinadas, con lo cual se ubica entre los 25 países con mayor tasa de feminicidios.

 

¿En dónde se sembró la semilla de la violencia de género?

 

@EncinasN