Opinión

La calidad del aire como acicate de políticas públicas

Llevamos estancados más de diez años con niveles similares y persistentes de ozono.

  • 14/07/2016
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La gran cuenca atmosférica del centro del país es como un enorme crisol que recibe continuamente flujos contaminantes que provienen de muchos lugares. Las fuentes de emisiones son principalmente los vehículos de combustión interna que circulan por toda la megalópolis y los establecimientos industriales y de servicios regados sin ton ni son a lo largo y ancho del mismo territorio. Así, el aire sucio que respiramos es un mal común para todos los habitantes de la región pero las fuentes de emisiones y sus procesos de generación de contaminantes se encuentran geográficamente dispersos y son tutelados por distintas entidades político administrativas. Y ese, es un verdadero problema.

 

Esto último se hace más evidente en tiempos preelectorales y electorales, cuando los desacuerdos sobre las causas del problema se intensifican y la implementación de las soluciones se complica.

 

El caso de la megalópolis del centro del país es particularmente complejo, pues son muchas las jurisdicciones que tienen parte de responsabilidad en la realización y supervisión de las acciones dirigidas a mejorar la calidad del aire. Además, el panorama se complica cuando, como es el caso, esas jurisdicciones están ocupadas por varios partidos políticos pues la repartición de culpas se vuelve más intensa.

 

Claro que el problema no es privativo de México. En la práctica se trata de un problema de coordinación entre diferentes actores e instancias públicas y privadas que se observa en todo el mundo, pero con características y resultados muy diferentes. Hay países en donde han logrado llegar a niveles de coordinación aceptables creando marcos jurídicos e institucionales que les permiten tener, por ejemplo, organismos que planean y operan sistemas de transporte metropolitanos o que regulan el desarrollo urbano guardando cierta congruencia entre las necesidades locales y las regionales.

 

Y hay casos como el de México, en el que la atomización anárquica de las facultades de planeación y operación de procesos cruciales como el transporte y el desarrollo urbano genera ciudades desordenadas y altamente ineficientes. El resultado se manifiesta de muchas maneras: castigando severamente la productividad de las personas y de las empresas, reduciendo la competitividad urbana y generando importantes costos sociales, como son los altos niveles de contaminación y una variedad de impactos negativos sobre la salud de la población.

 

El tema es crucial a la luz de la necesidad de crear una estrategia de largo plazo para enfrentar el problema de la mala calidad del aire en la megalópolis del centro del país. Como lo hemos comentado en otras ocasiones, llevamos estancados más de diez años con niveles similares y persistentes de ozono, independientemente de las variaciones propias de las variables meteorológicas. Esto es, después de lograr una mejoría inicial en la reducción del ozono y de otros contaminantes, hemos llegado a un piso de contaminación que no hemos podido romper porque no se han hecho cambios de fondo en las variables estructurales del sistema de generación de emisiones. El problema es que ese piso está todavía muy alto, lo que en términos prácticos significa que millones de personas vivimos padeciendo exposiciones crónicas a contaminantes que merman sistemáticamente nuestra salud y reducen nuestra calidad de vida.

 

Como mencionamos al principio la gran cuenca atmosférica del centro del país (que formalmente es un sistema de varias cuencas) recibe emisiones contaminantes de una enorme cantidad de fuentes geográficamente dispersas y moviéndose por toda la megalópolis. Eso significa que, a escala megalopolitana, la mejor manera de atacar el problema es con medidas que abarquen a todas las entidades involucradas pero que estén alineadas para sumar los efectos positivos en el sentido deseado.

 

Esto necesariamente exige que dichas medidas descansen sobre una plataforma de coordinación que reduzca las contradicciones legales, institucionales y programáticas de los tres órdenes de gobierno.

 

Si hay voluntad política para ir resolviendo el problema de la contaminación atmosférica, el tema de la calidad del aire puede ser entonces el pretexto que necesitamos para avanzar en el largo proceso de construcción de un esquema de coordinación megalopolitano. 

 

@lmf_Aequum 

@OpinionLSR

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