Opinión

La aprobación del Convenio 189 de la OIT

La ratificación del Convenio 189 de la OIT es uno de los referentes de la política exterior feminista de México. | Martha Delgado

  • 06/12/2019
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El día de ayer el gobierno de México dio un importante paso en su compromiso con los sectores más invisibilizados y marginados de la población, las trabajadoras domésticas, con el anuncio del presidente Andrés Manuel López Obrador del envío al Senado para su aprobación y posterior ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo

Esta iniciativa del presidente demuestra el gran consenso que existe en todo el Estado Mexicano respecto a la reivindicación de los derechos laborales de las mujeres. Apenas el año pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró como discriminatorio excluir al trabajo doméstico de la seguridad social del Estado. Existen muchos elementos para ser optimistas al pensar que el convenio será aprobado y ratificado a través del Senado. Como lo anunció el Director General del  IMSS, Zoé Robledo, esta institución ya cuenta con un programa piloto con más de 11 mil afiliaciones que establece las bases para que este derecho laboral sea una realidad concreta y vigente en el corto plazo. Apenas horas más tarde al anuncio, el Canciller Marcelo Ebrard ratificó su llamado a definir las acciones concretas que implica su política exterior feminista. 

El convenio 189 de la OIT establece para el trabajo doméstico, entre otros beneficios: la obligatoriedad de los derechos sociales del Estado, la prohibición del trabajo infantil, el salario y condiciones de trabajo dignos y el goce de derechos sindicales y de asociación. Por ello la ratificación del Convenio 189 de la OIT es uno de los referentes de la política exterior feminista de México

El Estado Mexicano hace suyo un convenio que le ayuda a avanzar en su agenda de defensa y expansión de los derechos de las poblaciones más vulnerables. Al mismo tiempo refrenda su apuesta por el multilateralismo y su compromiso con algunas de las mejores causas de la humanidad que tienen su origen en las Naciones Unidas. Este es un gran ejemplo de cómo la agenda de transformación social nacional que ha comprometido el nuestro gobierno encuentra en las entidades multilaterales uno de sus más sólidos anclajes. 

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo el 90% de las personas empleadas en trabajo del hogar son mujeres, y se encuentran en los deciles de menores ingresos de la población. Esta política es un avance en el compromiso de disminuir la brecha salarial entre hombres y mujeres. Las mujeres han sido históricamente -por preceptos de género- conducidas a labores del hogar, como la encuesta indica, y sin contar con  seguridad social lo cual las hace depender de sus cercanos, presumiblemente hombres

Esta política implicará una paulatina pero profunda transformación para nuestro país. El reto es establecer las condiciones de implemetación y de armonización normativa para que los 2.4 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico cuenten con derechos sociales. Se estima que para el 2020 se deberán ejecutar cerca de 47 millones de pesos para la implementación de este programa. En términos normativos se ha estimado que el Estado mexicano ya tiene el andamiaje institucional apropiado y que en todo caso podrían darse ajustes menores a la normatividad para mejorarla. La Comisión Nacional de Salarios Mínimos ha elaborado un estudio técnico que establece que el salario mínimo de las personas trabajadoras del hogar debe ser de 248.72 pesos al día.

El presidente López Obrador ha dado uno de los pasos más firmes en materia de equidad laboral y de género con esta iniciativa. Con toda certeza el Estado mexicano avanzará en su conjunto hacia la consecución de este derecho social. Las trabajadoras del hogar han sido históricamente uno de los sectores más invisibilizados de la población, por incluir a mujeres provenientes de los extractos con mayores desventajas de la sociedad. En este emotivo día no resta más que reivindicar la agenda multilateral como uno de los caminos más eficaces hacia la transformación de nuestro país y hacer eco del llamado de nuestro Canciller a llenar de contenido y significado cotidiano nuestra política exterior feminista.