Opinión

La Agenda Legislativa

El próximo periodo legislativo estará enfocado a la revisión del Primer Informe de Gobierno y a la aprobación del presupuesto del próximo año. | Marco Adame

  • 28/08/2019
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Está por iniciar el tercer periodo ordinario de sesiones de la LXIV Legislatura. Esta será una nueva oportunidad para construir a través del diálogo los acuerdos necesarios de la agenda nacional. México necesita una agenda legislativa con visión de país, por encima de cualquier fracción o partido, representativa y eficaz ante los grandes retos nacionales. Hasta ahora no ha sido así, no ha habido la voluntad política en el grupo mayoritario, el cual ha preferido imponer una mayoría mecánica por encima del consenso.

En lo que va de la LXIV legislatura ha habido avances y retrocesos. Si bien éste año se rompió el record de iniciativas presentadas para un primer año de legislatura con 1800 en Cámara de Diputados y 936 en la Cámara de Senadores; la taza de aprobación de dichas iniciativas es de tan sólo de 6% en la Cámara de Diputados y de 7% en la Cámara de Senadores, lo cual resulta un porcentaje muy bajo.

Gran parte de este problema se debe a que prevalece la agenda del presidente por encima de las iniciativas de su propio partido y de la oposición. Esto se evidencia al comparar este bajo índice de aprobación frente a la enorme velocidad con la que se han hecho las reformas constitucionales prioritarias del presidente. Tan solo en este primer año se han aprobado 26 reformas constitucionales, lo cual es mucho si se contrasta con las 31 aprobadas durante todo el sexenio de Vicente Fox o las 55 del sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

La falta de apertura a la oposición y al consenso se evidencia en el permanente rechazo a las reservas presentadas por la oposición y al comparar la tasa de aprobación de las iniciativas de Morena con la de los partidos de oposición. Tan sólo como ejemplo en Cámara de Diputados la tasa de aprobación de iniciativas de Morena es del 9% mientras que la de la oposición promedia tan solo un 3.55%[1].

La numeralia del primer año refleja la necesidad de reformar el congreso actualizando la ley orgánica y evidencia la falta de apertura al debate político y a las minorías por parte del partido del gobierno. Otro gran problema de esta legislatura ha sido la aprobación de leyes deficientes, lo cual es culpa en gran parte por esta cerrazón a la crítica por parte del grupo mayoritario.

En su libro “Por qué fracasan los países” los profesores Acemoblu del MIT y James Robinson de Harvard, plantean la tesis de que son las instituciones las que determinan el desarrollo de una nación. En la medida en que haya instituciones políticas fuertes por encima de las personalidades o grupos de interés, éstas determinarán las instituciones económicas las cuales son claves para determinar si un país es rico o pobre[2].

Desafortunadamente hoy la frase de “mandar al diablo las instituciones” pareciera estarse cumpliendo. Especialmente en el asedio que sufren los organismos autónomos como la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la Comisión Reguladora de Energía (CRE) o el Instituto Nacional Electoral (INE). Los cuales han estado bajo el ataque del presidente quien ha afirmado que los podría eliminar, como ya sucedió con el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE).

El Poder Legislativo debe servir como un contrapeso al Ejecutivo frente a iniciativas que atenten contra las instituciones democráticas y al Estado de Derecho. El Congreso es la primera instancia donde debe iniciar la defensa de las instituciones y de ser necesario la defensa debe llegar hasta la corte; como ha sucedido ya con temas tan importantes como las Estancias Infantiles o el Aeropuerto de Texcoco.

El próximo periodo legislativo estará enfocado a la revisión del Primer Informe de Gobierno y a la aprobación del presupuesto del próximo año, tema fundamental de política pública. Será fundamental trabajar sobre las prioridades nacionales y no sólo sobre las del presidente, quien ha anunciado que sus prioridades serán sus programas sociales, Pemex y la Guardia Nacional.

Al país le urge la estabilidad económica y el crecimiento, finanzas sanas y el impulso al empleo productivo. No es posible que el presidente afirme que no le “importa mucho” que no haya crecimiento ya que supuestamente hay “mejor distribución de la riqueza”. Lo que el populismo no entiende es que sin crecimiento económico no habrá riqueza que distribuir y si se lograra la igualdad, ésta sería una igualdad en la pobreza.

Otros temas prioritarios en el próximo periodo de sesiones serán el de la seguridad, las leyes de educación aún pendientes, las de economía social y la política exterior de estado, entre otros. Es indispensable que en el próximo periodo se privilegie el diálogo democrático y los acuerdos en la construcción de la agenda nacional; que haya apertura a la crítica y a las propuestas de la oposición; y que se respeten las instituciones democráticas, el Estado de Derecho y el equilibrio de poder. Sólo así podremos lograr el desarrollo y la seguridad que tanto anhelamos.


[1] Fuente: Elaboración propia con datos del Noveno Reporte Legislativo Integralia, Primer año de la legislatura 2018-2021.

[2] Cfr. Acemoglu, Daron y Robinson, James Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty; Crown Publishers, New York, 2012, pp 63-64.