Opinión

Juzgados por la apariencia

Escuchen bien, recuérdenlo bien, sea de mujeres, de jóvenes, de quien sea: las manifestaciones no se juzgan por la apariencia sino por las ideas. | Roberto Remes

  • 04/12/2019
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Hace unas semanas, Laura Zapata dijo en Tuiter “cállate gorda traicionera” a una senadora de Morena, Citlalli Hernández. La postura de todos los senadores fue la correcta, defender a su compañera de un dicho desafortunado que, sin embargo, retrata muy bien la política que se vive hoy día en nuestro país, sin importar la tendencia política.

La Senadora Citlalli Hernández fue juzgada primero por su apariencia que por su dicho “Bienvenido Evo”. Sin embargo, en medio de discusiones, a menudo estériles, hemos estado nublados por perspectivas discriminatorias. Yo simpatizo con la presencia de Evo Morales en nuestro país como asilado político, pero rechazo que se le rindan homenajes: a pesar de su gran trayectoria como líder Boliviano, no es menor lo que hizo, controlar y manipular las elecciones de su país, para reelegirse una y otra vez, lo deja mal parado. Pero no es en su condición de indígena, es porque representa una de las dictaduras neopopulistas de América Latina, con las que no simpatizo.

Parece algo fácil, pero no lo es porque somos una sociedad carente de cultura democrática y eso dará una enorme ventaja al actual grupo en el poder. De hecho estoy convencido de que adolecemos de la oposición que hace falta para enfrentar al poder.

Mi cuestionamiento no es a Laura Zapata, es en realidad a la carencia de cultura democrática. Hace unos días, también en tuiter, Hernán Gómez Bruera se sorprendía de que Mariana Luiselli, esposa de un funcionario de Relaciones Exteriores, Julián Ventura, expresara su rechazo al activismo de Evo en nuestro país. ¿Por qué la esposa de un funcionario tiene que pensar como él o como el gobierno en el que trabaja?

Este mismo personaje, Hernán, entró este domingo en la marcha opositora a realizar entrevistas. Se sorprendió de la intolerancia de quienes le empezaron a gritar “fuera, fuera”, pero que fue más o menos la misma situación que vivió otro periodista, más bien crítico del régimen, Irving Pineda, primero en el Zócalo y luego con la viralización de un hashtag que pretendía ridiculizarlo.

Gómez Bruera entró a provocar, y sin duda logró lo que quería. Idealmente la marcha debía tolerar que realizara entrevistas, pero quienes lo rechazaron sabían que estaba buscando justo esa expresión que con facilidad saldría de la boca de muchos de los manifestantes que serviría para ridiculizar a la marcha. Irving Pineda, por el contrario, sólo estaba dando testimonio de lo que ocurría en el Zócalo, aún así fue insultado y al día siguiente las “granjas de bots” activaron a las redes sociales en su contra.

Esta vez acudí, con mis hijos, a la marcha opositora del 1 de diciembre. Lo hice con la claridad de que el autoritarismo que comenzó hace un año nos abrumará los siguientes lustros y con mis hijos y con esfuerzos de muchos, veremos la reconstrucción de las instituciones democráticas.

Sin embargo la marcha fue juzgada por sus formas, incluso por personas que no simpatizan con López Obrador. El reclamo por un estado de derecho queda oculto: “Reforma parecía el Parque Lincoln” escribió una de las plumas más brillantes de mi timeline. La marcha estaba siendo juzgada por el color de piel de algunos de sus asistentes. Para colmo, uno que otro rico puso a sus empleados a cargar las pancartas, reforzando el discurso de que la marcha era la protesta de quienes están perdiendo privilegios, cuando este gobierno poco se ha interesado en desmantelar sistemas de privilegios.

Alguien en el camellón de Reforma se paró con una pancarta: “La ley del hombre no debe ir en contra de la ley de Dios”. Otra defendió el “echaleganismo” con un decálogo de qué significa ser “fifí” ¿debía estar actualizada en las discusiones sobre el tema para manifestarse contra el gobierno?

Las expresiones individuales de una marcha no siempre representan la opinión mayoritaria de los manifestantes, tampoco tienen por qué ser profundas en sus posturas ideológicas. Sin embargo eso basta para el estereotipo, para la descalificación fácil.

Es absolutamente antidemocrático juzgar las manifestaciones desde la apariencia de quienes participan en ellas o desde expresiones particulares. Lo digo para cualquier manifestación, pero en el fondo reconozco que representa la carencia de una sólida cultura democrática. Aplica para Tirios y Troyanos.

El mensaje de la familia LeBarón queda opacado con el acoso del poder, a través de redes sociales, en los eventos políticos en que participan. Juzgar la marcha del 1 de diciembre desde las formas, desde la apariencia física de los participantes, desde las expresiones individuales sólo sirve al poder que re-victimiza a los LeBarón.

Escuchen bien, recuérdenlo bien, sea de mujeres, de jóvenes, de sindicatos, de ricos, de pobres, de estudiantes, de maestros, de ferrocarrileros, de obreros, de campesinos, de indígenas, de trabajadoras del hogar, de profesionistas, de partidos, de conmemoración o de protesta, de triunfo o de repudio, de quien sea: las manifestaciones no se juzgan por la apariencia sino por las ideas.

Sé que en muchos temas puedo tener más discrepancias que coincidencias con el promedio de los asistentes a las marchas contra el gobierno, pero lo que me mueve es el coraje contra las prácticas antidemocráticas del actual gobierno. Mientras se mantengan volveré a marchar en el futuro y volveré a defender que no se nos ignore, a partir del juicio fácil sobre la apariencia.

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