Opinión

Juan Guaidó: del simbolismo al poder efectivo

El reto de la oposición ahora es tratar de suturar la brecha existente entre el simbolismo y el ejercicio real de poder. | Carlos G. Torrealba M.

  • 27/01/2019
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El miércoles 23 de Enero, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela se juramentó como presidente encargado bajo la declaratoria de usurpación de la Presidencia de la República por parte de Nicolás Maduro y el restablecimiento del orden constitucional vía la aplicación de los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución. Un hecho que detona otro punto clave en la coyuntura política venezolana.

Juan Guaidó es el nombre que ha resonado nacional e internacionalmente y es que es la cara visible de esta incipiente nueva estrategia opositora. El anuncio del 23 por parte de este nuevo líder opositor -proveniente del Frente Amplio (que incluye a chavismo disidente) y del movimiento estudiantil de 2007- genera entusiasmo en los opositores al chavismo y parece apaciguar las diferencias que había entre quienes querían que ya diera ese movimiento y quienes recomendaban esperar.

De hecho, llama la atención la decisión de Guaidó porque días atrás mencionaba que más bien se iniciaba un proceso de “construcción de capacidades” y que no iba a “sucumbir a presiones” para “ejercer” la Presidencia. El punto es que al final sucumbió ante las presiones (que no sólo fueron externas sino que era un clamor en los cabildos abiertos). Sin embargo, el poder no se decreta sino que se ejerce y se construye. Abonar legitimidad desde fuera pero también desde dentro es clave y el éxito de los cabildos abiertos realizados son muestra de esta necesaria vuelta hacia lo local.

En esa línea, en un reciente artículo titulado Venezuela necesita política y diplomacia, no intervención militar, David Smilde y Abraham Lowenthal sostienen que los procesos de transición democrática en otros países “han demostrado que es más probable lograr resultados duraderos con la combinación de presiones internacionales y domésticas sostenidas y coordinadas con una visión estratégica y una apertura al compromiso que con imposición externa”.

Oposición

Esta combinación sintetiza lo que podría llamarse la alternativa Política frente a alternativas rupturistas que suelen basarse en una fantaseosa mayor viabilidad de levantamientos o intervenciones militares. La alternativa Política se basa en la coordinación, articulación y comprensión de que no existe una varita que convierta el “prender la calle” en apoyo de las fuerzas armadas, más aún, su líder, Padrino López, manifestó su apoyo a Maduro el día siguiente a la juramentación. El reto de la oposición ahora es tratar de suturar la brecha existente entre el simbolismo y el ejercicio real de poder; sin los mecanismos de coerción y aplicación de las normas en que te respaldas, no importa cuántos países te reconozcan desde fuera o cuán legítimo seas.

Para no ser ineficaz en los intentos de transición, hay que “ensuciarse” las manos, pero no de sangre (y no por algún criterio moral) sino enfocándose en lo interno, en lo local, reconociendo que hay sectores militares y civiles a los que hay que dar alguna clase de incentivo, de flexibilización de costos de salida, reconociendo que quizás haya que trazar puentes impuros pero que tengan más oportunidad. La propuesta de Ley de Amnistía es un avance al respecto porque el mensaje a los militares no es exigir ni pedir que reaccionen, nos liberen, y acusarlos de traidores si no lo hacen. El mensaje ahora (sí, mensaje, porque ni siquiera se tiene poder para realmente aplicar una ley) es de tener puentes, persuadir, construir alianzas, articular sin abandonar la acción contenciosa y la determinación frente a Maduro. Esto se podía hacer sin declararse Presidente encargado sino con la asunción de competencias que decretó antes la AN el 15 de Enero, espero que lo anterior no sea un obstáculo para seguir avanzando en esas propuestas de amnistía.

Simbolismo

Aunque muchos investigadores diferirían en este punto, en mi opinión, el gobierno chavista se termina de quitar la careta en 2017 con la ANC y la gravedad de la represión de ese año. Que la sociedad venezolana haya demostrado ya en 2019 esa revitalización de la acción contenciosa es destacable. Sin embargo, en realidad las protestas nunca cesaron sino que venían siendo más de corte social, gremial y demanda por mejoras en servicios.

En esta coyuntura los actores externos (EUA, Rusia, China) juegan un papel clave. Para el tiempo de publicación de esta nota ya habrá quizás más luces sobre el conflicto acerca de la embajada de Estados Unidos. Sin embargo, las correlaciones de fuerzas externas tienden al equilibrio, restará saber si el impasse de la embajada tiene las fuerzas para romperlo. En todo caso, centrarse en lo externo sirve para restar responsabilidad al gobierno que clausuró toda posible salida electoral interna al conflicto en 2017 y 2018 y que es el mayor responsable de la crisis económica (no existe, por ahora, bloque alguno como se quiere hacer creer) y deslegitimar el claro descontento generalizado que existe con el chavismo en el país. Más aún, las grandes víctimas de estos juegos de fuerza entre actores externos al final son los venezolanos que cada día ven empeorar su situación ante un gobierno que desde 2014 abandonó incluso la insignia de reivindicaciones sociales y empoderamiento popular que lo caracterizó en algún momento.

Esto no es 2001-2003 (no creo probable que la sutura de la brecha del simbolismo al poder real se haga con un golpe de Estado), ni 2005 o 2014. Son otras circunstancias, es otro chavismo, otra oposición y, sobre todo son otros los que protestan también; sectores de zonas populares que históricamente han apoyado al chavismo que ya no lo hacen y a los cuáles el Estado está reprimiendo ya no con la policía antimotín o guardia nacional, sino con el FAES; las fuerzas especiales de la policía política.

Las etapas más álgidas del conflicto apenas comienzan. México y Uruguay podrían ejercer como mediadores para lograr una salida interna concertada que implique la renovación conjunta de poderes públicos y la apertura a elecciones generales sin partidos de oposición ilegalizados.


Carlos G. Torrealba M. Licenciado en filosofía por la Universidad Central de Venezuela (2013), maestro en sociología política por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2014-2016) y candidato a doctor en Investigación en Ciencias Sociales en FLACSO México (2016-2019).

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